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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una remera puede contar la historia de un país entero: la muestra del Moderno que lee la ropa como un documento

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires presenta una exhibición que recorre más de dos décadas de diseño argentino, desde los talleres que reinventaron el guardapolvo blanco hasta los experimentos con biotecnología y lana de llama.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 35 d
Una remera puede contar la historia de un país entero: la muestra del Moderno que lee la ropa como un documento

La mañana del viernes abrió con ese cielo limpio de septiembre que tanto le gusta a Buenos Aires, una luz seca y pareja que se cuela por los ventanales del Museo de Arte Moderno y que a mí siempre me da ganas de caminar lento. Fui a ver Vestir mundos, la muestra que el Moderno armó junto a la Fundación IDA y que va a estar colgada hasta julio del 2027, o sea, un año y medio entero para que uno pueda ir, volver y mirar con tiempo. Y lo que uno encuentra adentro es una idea que a mí me parece hermosa, casi obvia una vez que la escuchás: que una remera, un tapado o un guardapolvo también cuentan lo que le pasa a un país. La ropa, acá, funciona como documento de época.

Seis núcleos para leer la crisis con tijera y tela

La curaduría la firman Franco Chimento y Raúl Flores, y armaron el recorrido en seis núcleos temáticos que funcionan como capítulos. La idea de fondo, me la cuenta Chimento cuando lo cruzo en la sala, es que los diseñadores argentinos de las últimas décadas no le escaparon a la crisis, sino que la usaron como materia prima. Una frase de él me queda dando vueltas: que son diseños que transforman la carencia o la dificultad en potencia.

El primer tramo recorre los años más duros, los de fines de los noventa y principios de los dos mil, cuando la crisis económica se sentía hasta en la percha del ropero. Ahí aparecen firmas como Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, que metieron mano en fusiones textiles, quemado de plásticos y materiales descartados para volver a pensar qué era eso de la sofisticación cuando no había un mango. Y está también la colección Pongamos el trabajo de moda para siempre, del 2004, hecha junto a la Cooperativa La Juanita, que resignificó el guardapolvo blanco y lo convirtió en bandera del trabajo autogestionado. Guardapolvo, la prenda más humble de la Argentina, tratada como objeto de diseño.

Sostenibilidad, norte argentino y oficios vivos

El segundo gran eje de la muestra es la sostenibilidad, que acá no queda en el plano declamativo sino que se ve en las perchas. El colectivo 12NA, de Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano. Juliana García Bello trabaja con ropa heredada y manteles donados, o sea, con la historia familiar cosida en la tela. Y la firma Therapy Recycle and Exorcise, que tiene base en Córdoba y en Berlín, lleva el suprarreciclaje a las pistas de baile y a las subculturas nocturnas, sin distinción de género ni de temporada.

Otro capítulo que a mí me enganchó especialmente es el que pone el foco en las tradiciones regionales. MANTO, el proyecto que Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug vienen sosteniendo desde 1996, trabaja con hilanderas del norte argentino para sacar prendas en lana de oveja y pelo de llama, pero combinadas con sastrería contemporánea. Y la salteña Roxana Liendro hace algo que me pareció único: traslada técnicas de orfebrería, como el repujado y el cincelado, a textiles andinos como el barracán y el aguayo. O sea, joyería sobre tela, o textil tratado como joya. Para mí, una de las cosas más potentes que tiene la muestra.

“La indumentaria argentina de las últimas décadas no escapa a las crisis ni a los debates de su tiempo, los absorbe y los traduce a tela, a costura, a silueta. Vestir mundos propone leer esa traducción como quien lee un archivo.”Franco Chimento, curador

Lo que viene: biotecnología y producción circular

La parte final del recorrido mira hacia adelante y se mete con las búsquedas más recientes. Ahí aparecen los experimentos con biotecnología y con producción circular, líneas de trabajo que están cambiando la forma en que se piensa un vestido o una campera. Son búsquedas que acá abajo, en la provincia, todavía suenan a futuro, pero que en las aulas de Buenos Aires ya se están probando en los talleres.

Salgo del museo y me cruzo con María, de San Telmo, que estaba saliendo de la muestra. Me dice, mientras se sube el cierre de su tapado, que nunca había pensado que una remera podía contar la historia de un país. Y me parece que esa frase resume todo.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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