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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuerpo con cuenta regresiva: por qué moverse un poco cada día rinde más de lo que parece

La Organización Mundial de la Salud propone una meta concreta, 150 a 300 minutos semanales de actividad moderada, y hay tres prácticas accesibles que ayudan a cumplirla sin llevar al cuerpo al borde del colapso. Una guía para empezar de a poco y sostener en el tiempo.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 31 d
Cuerpo con cuenta regresiva: por qué moverse un poco cada día rinde más de lo que parece

Esta mañana el sol entró bastante temprano por la ventana del comedor y la luz dibujó una raya larga sobre la mesa, de esas que invitan a salir a la calle antes de que el calor se haga pesado. En el barrio, mientras se levantaban las persianas, había algo de esa energía de lunes que mezcla la vuelta al trabajo con la promesa de hacer algo distinto con el cuerpo después de un fin de semana largo. Yo había quedado con Jorge, un vecino de toda la vida del barrio de Belgrano, que hace años trota por la avenida y siempre cuenta que arrancó de a poco, casi sin darse cuenta. Mientras caminábamos hacia el parque, me dijo una frase que me quedó dando vueltas: 'Yo no entreno para romper récords, entreno para poder subir las escaleras sin quedar tirado'. Esa idea, la de moverse sin perseguir el agotamiento, es justamente la que respalda la recomendación central de la Organización Mundial de la Salud para los adultos: acumular entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio moderado, una meta que está al alcance de cualquiera, sin necesidad de una base atlética previa ni de equipamiento costoso.

El trote suave: correr como quien conversa

El primer recurso es el trote suave, conocido en el mundo como slow jogging. Lo sistematizó Hiroaki Tanaka, fisiólogo del ejercicio de la Universidad de Fukuoka, en Japón, y lo bautizó con una expresión muy gráfica: 'niko-niko pace', algo así como ritmo sonriente. La idea central es correr a una velocidad que permita mantener una conversación sin agitarse, algo que suena modesto pero que encierr un criterio fisiológico concreto: mantenerse por debajo del umbral en el que el cuerpo empieza a producir ácido láctico en cantidad. La práctica se popularizó primero en Corea del Sur y después se expandió por Europa y América, en gran parte empujada por las redes sociales. Stephen Garland, profesor de Fisiología del Deporte en la Universidad de Malmö, suele remarcar que un ritmo que parece accesible para un corredor con experiencia puede representar un desafío moderado para alguien que viene de años de sedentarismo, y asocia ese inicio gradual con mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria y con el control de la presión arterial y la glucosa en sangre, siempre que se sostenga en el tiempo.

Zona 2: la intensidad medida por la propia respiración

La segunda herramienta no es un ejercicio puntual sino una forma de calibrar cuánto nos exigimos. Se la conoce como zona 2 y se puede alcanzar caminando rápido, yendo en bicicleta, nadando o usando la elíptica del gimnasio: la referencia práctica es poder hablar con frases completas sin quedarse sin aire. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte ubica ese umbral entre el 65 y el 75 por ciento de la frecuencia cardíaca máxima, aunque aclara que ese porcentaje no es universal: la edad, ciertos medicamentos y la condición física de cada uno modifican la relación entre las pulsaciones y el esfuerzo real. Un trabajo de Benedikt Meixner y colaboradores, publicado en Translational Sports Medicine, confirmó que no existe una definición universal de zona 2 basada exclusivamente en la frecuencia cardíaca, mientras que un metaanálisis aparecido en Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports encontró mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria y en indicadores cardiometabólicos en adultos que incorporaron actividad aeróbica de baja intensidad en su rutina semanal.

Caminata nórdica: bastones, postura y paso firme

La tercera práctica es la caminata nórdica, una modalidad que utiliza bastones especialmente diseñados para involucrar también la parte superior del cuerpo y no solo las piernas. A simple vista parece un paseo, pero al sumar el empuje de los brazos y un trabajo postural sostenido termina elevando el gasto cardíaco por encima de la caminata convencional. Para los adultos mayores, en particular, suele ser una puerta de entrada amigable al movimiento aeróbico porque reduce la carga sobre las articulaciones y, a la vez, entrena el equilibrio, algo clave para prevenir caídas. Como en los otros casos, la intensidad se regula con la misma prueba de la conversación: si podemos hablar con frases enteras, estamos en la franja moderada que recomienda la OMS.

Cómo armar una semana razonable

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Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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