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Sony y Warner le declaran la guerra a Claude: la pelea que puede redefinir qué alimenta a la inteligencia artificial

Las editoriales acusan a Anthropic de bajar letras y partituras por torrent para entrenar a su chatbot. La empresa rechaza los cargos y defiende que es uso legítimo. En el medio, The Beatles, Taylor Swift y Michael Jackson.

Por Florencia SotoTecnología · 5 de septiembre de 2026 · hace 6 h

Te confieso algo: la primera vez que le pedí a una inteligencia artificial que me escribiera una letra al estilo de una banda que me gusta, me pareció un truco simpático. Después pensé cuántos músicos reales viven de esas palabras. Y ahí se me pasó el entretenimiento. Algo parecido está pasando ahora en un juzgado de California, donde Sony y Warner le dijeron basta a Anthropic, la empresa detrás del chatbot Claude.

De qué se lo acusa, en cristiano

Las dos editoriales musicales más grandes del mundo presentaron una demanda federal en California. Dicen, textual, que se descargaron cientos de miles de letras y partituras protegidas por torrent, o sea, usando esos programas con los que la gente baja contenidos sin permiso, y que después las usaron para enseñarle a Claude cómo habla el ser humano. Entre las obras mencionadas aparecen temas de The Beatles, Taylor Swift y Michael Jackson, aunque los abogados aclararon que la lista es mucho más larga.

Para que se entienda sin jerga: entrenar una inteligencia artificial es como darle de leer una biblioteca entera a alguien que después tiene que redactar textos. Si esa biblioteca la llenaron a espaldas de los autores, el problema es doble: primero te robaron los libros, y después compiten con vos vendiendo algo parecido en la esquina.

Dos cuestionamientos y una multa que asusta

La demanda apunta a dos frentes. El primero es el método: las editoriales dicen que Anthropic se ahorró negociar licencias y directamente se procuró el material en forma ilegal. El segundo es el resultado: sostienen que Claude puede devolver letras protegidas casi palabra por palabra cuando alguien se lo pide, y que además fue entrenado para generar letras nuevas que funcionan como reemplazo de las originales. Es la diferencia entre tener un libro ajeno en la mesilla o directamente fotocopiarlo y venderlo.

En lo económico, el reclamo pide 150.000 dólares por cada obra supuestamente infringida. Si la Justicia termina sumando cientos de miles de composiciones, la cuenta final puede ser astronómica. Las editoriales también quieren un freno judicial para que Anthropic no siga usando su catálogo.

La respuesta de Anthropic y el antecedente de los 1.500 millones

Anthropic no se quedó callada. Un vocero la definió como la tercera demanda de los mismos abogados, que reciclan acusaciones de casos que ya están en tribunales. La compañía insiste en que entrenar modelos con material publicado es un uso legítimo y promete defenderse con firmeza.

El caso no es el primero. Universal Music Group la demandó en 2023 y volvió a la carga a principios de este año. En 2024, Anthropic firmó un acuerdo de 1.500 millones de dólares para cerrar una demanda colectiva de autores. Sony y Warner citan ese arreglo en su escrito y son durísimas: dicen que la empresa toma eso como un costo más del negocio, y que 1.500 millones no le tiemblan el pulso a una compañía valuada en dos billones. O sea, lo que para un músico es un año de royalties, para una tecnológica es un redondeo.

Por qué importa más allá del guion

Lo que se juega en California excede a las partes. Si la Justicia le da la razón a las editoriales, las empresas de inteligencia artificial van a tener que sentarse a pagar licencias como hace cualquier medio que usa música en un aviso o en una película. Si se lo da a Anthropic, el precedente abre la puerta a que cualquier modelo se entrene con lo que encuentre disponible, con el argumento de que es uso legítimo. En el medio, hay autores que viven de cada palabra que escribieron, y bibliotecas de datos que se construyeron sin pedir permiso.

Mientras tanto, mi consejo práctico para creadores es el de siempre: registrar las obras, llevar un registro claro de dónde se publican y, sobre todo, no firmar nada con plataformas de inteligencia artificial sin leer la letra chica, que para eso son letras. Y nunca mejor aplicada la ironía.

FS
Florencia SotoTecnología

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