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Los cinco pueblos del mundo donde la gente vive más y un solo dato que lo cambia todo

El cardiólogo Jorge Tartaglione recorre Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa en busca de la fórmula compartida: fe, movimiento cotidiano, comida sin y una razón para levantarse cada mañana.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Acá abajo, en esta provincia donde a veces la mañana arranca con una neblina que parece no querer irse nunca, uno se pregunta qué estarán haciendo distinto esos pueblos que figuran en todos los rankings de longevidad. La respuesta no está en un laboratorio ni en una pastilla milagrosa, según me lo cuenta el doctor Jorge Tartaglione, cardiólogo de toda la vida que se tomó el trabajo de ir a buscar las claves a cinco lugares del planeta donde la gente vive más y, sobre todo, vive mejor. Lo primero que me dice, casi de entrada, es un número que a mí, pasados los cincuenta, me dejó pensando un buen rato: la genética explica apenas el 25 por ciento de cuánto vivimos. "Definimos nosotros el 75 por ciento", me suelta, con esa tranquilidad que tienen los médicos cuando ya lo vieron muchas veces.

Tartaglione arrancó por Loma Linda, en California, una comunidad donde la mayoría de la gente es religiosa, profundamente religiosa. Y ahí aparece un dato que no es menor: esa fe, esa pertenencia, parece sumar hasta diez años de vida por encima del promedio. No es magia, me aclara, es contención, es comunidad, es saber que alguien te espera y que vos tenés un lugar en el mundo.

Las cinco claves que se repiten en los cinco lugares

  • Loma Linda, Estados Unidos: la fe y la pertenencia a una comunidad religiosa sostienen el ánimo y alargan la vida hasta diez años respecto de la media.
  • Costa Rica: frutas tropicales a cualquier hora y un ritmo de vida tranquilo que parece sacado de otra época, con gente que supera los 80 años sin esfuerzo.
  • Icaria, Grecia: la geografía hace el trabajo. Subidas y bajadas constantes obligan a caminar todo el día, sin que nadie lo note.
  • Cerdeña, Italia: lo que sale de la tierra y lo que da el sol, sin, sin conservantes, sin, solo comida de verdad.
  • Okinawa, Japón: un propósito diario, por chico que sea, es lo que mueve a personas de 90 años a levantarse a bailar, cantar o tocar música.
“Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre. Eso es lo que tenemos que volver a poner en la mesa.”Jorge Tartaglione, cardiólogo

Cuando le pregunto por Okinawa, Tartaglione se ilumina. Me cuenta de viejos y viejas de noventa años que se levantan a bailar, a cantar, a tocar música. Y aclara, casi como al pasar, que no hace falta nada enorme. "No significa que tenés que hacer algo enorme. Sino tomarte un mate con una amiga, salir a caminar, salir a pasar el perro, pero todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo", me dice, con esa cadencia que tienen los que saben lo que dicen.

A mí, la verdad, lo de Icaria me suena bastante familiar. Acá abajo, en cualquier barrio de la provincia, si uno se pone a mirar, todavía hay gente que sube lomas, que camina hasta la parada del colectivo, que se mueve sin gimnasio ni app en el teléfono. Lo de Costa Rica me hace pensar en esas mesas familiares de domingo, donde todavía hay ensalada de fruta y un mate cocido esperando. Lo de Cerdeña me recuerda a mi vieja, que repetía hasta el cansancio eso de que la comida de verdad es la que se pudre, la que se hecha a perder si la dejás mucho tiempo. Y lo de Okinawa, bueno, lo de Okinawa me parece la clave de todas las claves: tener una razón para levantarse, aunque esa razón sea tan simple como cruzar la calle a charlar con el vecino.

Tartaglione es categórico con los números: quien hoy tiene entre 55 y 56 años tiene una probabilidad alta de sumar entre 20 y 25 años más de vida sin enfermedad, siempre y cuando adopte algunos de estos hábitos. No hace falta mudarse a una isla griega ni hacerse adventista en California. El patrón que cruza las cinco comunidades es bien terrenal: movimiento cotidiano, comida poco procesada, vínculos sociales vivos y alguna motivación que organice el día. Ninguno de esos hábitos requiere recursos extraordinarios ni condiciones excepcionales. Y eso, en un país donde muchas veces parece que todo se vuelve cuesta arriba, es una buena noticia.

Antes de despedirnos, le tiro la pregunta del millón, esa que uno se hace cuando termina de leer notas como esta: por dónde empezar. Tartaglione se queda callado un segundo, como si estuviera eligiendo la palabra justa, y después me regala una frase que se me quedó grabada. "Hay que tener un propósito, aunque sea chiquito, todos los días. Lo demás viene solo."

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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