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La oveja negra que se volvió arte: la lana patagónica descartada por la industria encontró su lugar en una muestra porteña

Laura Ferro expone en Fundación Larivière una investigación de diez años que rescata la fibra que el circuito merino rechaza, cruza memoria familiar y paisaje del sur, y la cuelga como una nube en el centro de la sala

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · 4 de septiembre de 2026 · hace 1 h

La mañana porteña arranca con una luz corrida, medio gris, de esas que se filtran por los ventanales de la calle Caboto sin terminar de decidirse, y uno camina unas cuadras con el abrigo puesto pensando todavía en la estepa. Acá abajo, en la Patagonia, esa misma luz cae de otra manera sobre el lomo de las ovejas y sobre las manos de quienes las crían desde hace generaciones. De eso, justamente, se nutre la muestra que la fotógrafa Laura Ferro presenta en Fundación Larivière, en el corazón del barrio de La Boca, a pasos del Riachuelo y de los galpones que también fueron, alguna vez, tierra de oficios.

Una fibra que el mercado no quiere

En la industria lanera patagónica, la lana merino vale por su blancura. Cuando aparece una oveja negra en el rebaño, se la separa de inmediato: una sola fibra oscura en un lote blanco lo hace perder su valor comercial. Esa lana descartada, sin precio en el circuito industrial, es el material central del trabajo que Ferro viene desarrollando desde hace diez años y que ahora se puede ver en la sala de Caboto 564.

La historia empieza en la propia familia de la fotógrafa, con al menos tres generaciones dedicadas a la cría de ovinos al sur del país. Su padre juntaba la lana negra que no podía vender y se la encargaba a tejedoras artesanales de la zona, que con ella armaban sweaters para el trabajo en el campo. Después de la muerte de su padre, Ferro se topó con una de esas prendas guardadas en un ropero, y ese hallazgo, dice ella, fue el punto de partida de toda una investigación.

“Son las manos de mi padre abriéndolo, como abre un mundo también”Laura Ferro, sobre la imagen de su padre abriendo la lana sin esquilar

Memoria, paisaje y una nube colgada del techo

La exposición reúne fotografías de los últimos diez años con imágenes rescatadas del álbum familiar, algunas tan integradas al conjunto que el visitante tiene que pararse un rato frente al cuadro para darse cuenta de si son antiguas o actuales trabajadas en blanco y negro. Entre las piezas más llamativas hay una foto de 1924 donde aparece una oveja negra de raza karakul, pequeña y de perfil, mezclada entre las blancas. También se ven retratos de las ovejas descartadas, paisajes de la estepa patagónica sin animales y la imagen de los residuos que quedan después del lavado industrial de la lana merino, esa espuma sucia que nadie quiere mirar.

La figura del padre aparece en la muestra de manera fragmentada, casi como un rompecabezas: sus botas junto a las patas de una oveja, su pelo canoso confundiéndose con el vellón, sus manos abriendo la lana sin esquilar. En el centro de la sala cuelga una nube negra hecha de lana sin ningún tratamiento, y alrededor, una proyección audiovisual acompaña el recorrido. Esa nube, según contó la fotógrafa, nació del duelo por la muerte de su padre: al oler unas muestras de lana que él guardaba en su mesita de luz, sintió que había algo en esa materia que tenía que explorar desde otro lugar.

  • Una exposición de Laura Ferro en Fundación Larivière (Caboto 564), en el barrio de La Boca, en la Ciudad de Buenos Aires.
  • La muestra se llama Lana negra y reúne fotografías de los últimos diez años más imágenes del álbum familiar, una proyección audiovisual y una instalación de lana sin tratamiento colgada en el centro de la sala.
  • El punto de partida fue la tradición ovina de la familia de Ferro, con al menos tres generaciones dedicadas a la cría de ovejas en la Patagonia.
  • En la industria merino, la lana negra se descarta porque una sola fibra oscura contamina un lote blanco y le hace perder valor de mercado.
  • El padre de la fotógrafa juntaba esa lana y la llevaba a tejedoras de la zona, que la usaban para hacer sweaters de campo; Ferro encontró una de esas prendas tras su muerte.
  • Entre las piezas hay una fotografía de 1924 con una oveja karakul negra, pequeña y de perfil, mezclada entre las blancas.
  • La muestra también propone una relectura del color: la llamada lana negra no es un solo tono, sino una escala de marrones, grises y otras variantes que el ojo avezado empieza a distinguir.
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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