Una noche para juntar cuerpo, memoria y un tarro de leche en la mano
El Baile Infinito se presenta el sábado en el Cine Teatro Español de Neuquén, con entrada a la gorra en su versión más noble: un alimento no perecedero por persona.
Acá abajo, en Neuquén, todavía hay tardes en las que la luz del atardecer se queda colgada entre los edificios del centro y uno puede caminar sin apuro, mirando las caras de la gente que va y viene. Es en una de esas tardes cuando uno se cruza con la novedad de que el sábado que viene el Cine Teatro Español no va a abrir sus puertas como cualquier sala, sino con una modalidad de esas que uno quisiera ver más seguido: la entrada se paga con un alimento no perecedero, uno por persona, y nada más. La cita es el sábado 10 de octubre a las 21, en avenida Argentina 235, donde un elenco muy particular va a subir a escena.
La obra se llama El Baile Infinito y la propuesta tiene una particularidad que a mí, te confieso, me llamó la atención desde el primer momento: los protagonistas son personas mayores de 60 años que construyeron la puesta a partir de sus propios recuerdos y experiencias. No es un grupo de jóvenes interpretando vejetes, ni un cuadro costumbrista para mirar desde lejos. Es, literalmente, un grupo de gente grande que se paró en un escenario para contar, con el cuerpo, cosas que le pasaron en la vida.
Cómo conseguir la entrada y qué llevar
- Retirar la entrada en la boletería del Cine Teatro Español el mismo sábado 10 de octubre, en dos franjas: de 10 a 13 y de 18 a 21.
- Llevar un alimento no perecedero por persona que asista, ya que el aporte es individual.
- Tener en cuenta que la función comienza a las 21 en avenida Argentina 235.
- Agendar la salida con tiempo, porque la entrega de entradas se corta cuando arranca la venta o al comenzar la venta, se corta al comenzar la función.
El proceso de armado de la obra arrancó con una convocatoria abierta a mayores de 60 años que quisieran sumarse a un trabajo de exploración del movimiento. Lo que hicieron, según lo que se conoce, fue pasar por ejercicios corporales e improvisaciones que les permitieron ir dándole forma a algo que, en principio, no tenía forma. De ahí salió una creación colectiva, contemporánea, que respeta lo que cada cuerpo puede dar y lo pone al servicio de una historia común. La danza aparece así no como un virtuosismo técnico sino como una manera de poner en escena la propia biografía.
Yo lo charlé esta semana con Rodolfo, vecino del barrio Sapere, que va a todas las funciones que puede en el Español y me dijo, mientras acomodaba unas bolsas en la puerta de su casa, que hace rato le venía pidiendo al cielo que en Neuquén pasara algo así. Me dijo que hoy ya son muchos los que se animan a ir al teatro pero que todavía cuesta que la gente grande tenga su propio lugar arriba del escenario, y no solo en la butaca. Yo le creo, porque uno ve, cuando uno mira el equipamiento y ve el equipamiento de la sala, ve que está pensada para casi cualquier espectáculo, pero pocas veces se ve a gente grande ocupando el escenario con un proyecto propio.
La presentación es organizada por la Fundación BPN, con el acompañamiento del Gobierno provincial y del Banco Provincia del Neuquén. Es decir, no es un grupo de amigos que se juntaron a bailar un rato: hay instituciones detrás que entendieron que un proyecto así vale la pena y se pusieron. Eso, para mí, es parte de la noticia, porque muestra que cuando aparece algo con sentido, aparecen también los respaldos para que pueda pasar.
Así que ya sabe: si este sábado 10, a las 21, anda por el centro de Neuquén y tiene un paquete de arroz, un tarro de leche o cualquier alimento no perecedero que pueda llevar, el destino puede ser el Cine Teatro Español. Se lleva la entrada en la mano, se sienta en la butaca, y mira cómo un grupo de gente grande, que sabe mucho de la vida, decide poner el cuerpo en movimiento para contar lo que lleva adentro. Y yo, mientras tanto, me quedo con la frase que me regaló Rodolfo al despedirse, mientras se le iba el sol por encima de los cerros: uno va a ver teatro y vuelve con la cabeza llena de cosas que no sabía que tenía.
