Una mañana de octubre sobre el manuscrito de una amiga que ya no está: el regreso de Claudia Piñeiro a la novela
La escritora argentina presenta El canto invisible, una historia sobre la edición, la amistad entre mujeres y el canto de las aves, publicada por Alfaguara.
Acá abajo, en este sur que ya empieza a vestirse de octubre, la mañana cae finita sobre Buenos Aires y a mí me toca contarles que volvió Claudia Piñeiro con una novela que se lee como quien desarma un nido con cuidado, mirando cada rama, cada hilo, cada pequeña señal de algo que estuvo vivo. El libro se llama El canto invisible y lo acaba de poner en la calle Alfaguara, la editorial que la viene acompañando desde hace años y que de nuevo la encuentra en un momento clave de su carrera.
Una editora, una bióloga y un secreto guardado en un manuscrito
La historia pone en el centro a Julia Muntaner, una editora de 64 años que tiene entre manos una tarea que a primera vista parece profesional y termina siendo casi una devoción: ordenar y darle forma al libro que dejó su amiga Marina Martinelli, una de las biólogas más importantes del país, investigadora del canto de las aves, muerta en un choque de tránsito. A partir de ese manuscrito, Julia reconstruye recuerdos, conversa imaginariamente con Marina y se topa con información que modifica lo que creía saber sobre ella, y la novela va entramando el duelo, los vínculos de larga data y un secreto que atraviesa la relación entre las dos protagonistas desde mucho antes de que el accidente las separara.
Lo que se lee, entonces, no es solamente la historia de dos mujeres, sino el retrato de un oficio que suele quedar detrás de la tapa del libro. Piñeiro lo dijo con todas las letras y por eso vale la pena escucharla con atención: Julia Muntaner reúne referencias a editoras que la acompañaron a lo largo de su propio recorrido, y ella misma las nombró una por una, así que acá se las dejo en una lista para que no se pierdan, porque son parte del ADN de esta novela tanto como las protagonistas.
- Julia Saltzmann
- Julieta Obedman
- Ana Laura Pérez
- Gabriela Franco
- Magalí Etchebarne
Y como si eso fuera poco, en el recorrido aparece el mundo de las aves, que a mí me gusta especialmente porque le da a la novela una textura distinta, casi como si el libro tuviera su propio canto de fondo. Piñeiro contó que el interés por ese universo le llegó de una manera bastante curiosa: una noche, en una cena en Madrid, alguien le mostró una herramienta para el celular que identifica especies por sus sonidos, y desde entonces se obsesionó con reconocer los cantos que escucha en su propia casa. Esa aplicación existe y se llama Merlin Bird ID, y la desarrollaron en el Cornell Lab of Ornithology, que depende de la Universidad de Cornell, un dato que a mí, lector frecuente de notas de divulgación, me parece importante porque le da contexto a la precisión con la que la novela trabaja el tema.
“Yo siempre había escuchado que las hembras no cantan, y eso es un prejuicio que arrastramos desde hace siglos. Cuando me puse a investigar encontré a muchas mujeres que estudiaron el canto de las aves y no eran reconocidas, así que decidí incluirlas.”Claudia Piñeiro
Esa pelea chica contra un prejuicio grande es la que empujó a Piñeiro a armar un glosario final con figuras relevantes de la ornitología, en buena parte mujeres, y a sumar a lo largo del libro referencias a investigadoras que la historia fue dejando de lado. Esa decisión me parece de las más bonitas de El canto invisible, porque le da a la novela una segunda lectura: además de contar una historia de amistad y de pérdida, le devuelve nombre y lugar a un montón de científicas que cantaban en una habitación donde nadie las escuchaba.
Un 2025 cargado para la autora
Porque, claro, esto no es lo único que Piñeiro publicó en el año. Apenas unos meses atrás llegó Mi mi título xixi zixi, un libro ilustrado pensado para los más chicos, con lo cual la autora vuelve a mostrarse en dos veredas a la vez, la de la novela para adultos y la de la literatura infantil. Y tampoco se quedó quieta en los escenarios: participó en adaptaciones teatrales de Como bestias, de la francesa Violaine Bérot, y de Maldición eterna a quien lea estas páginas, la novela de Manuel Puig, dos títulos que a mí me gustan especialmente porque muestran que su mirada sigue atenta a lo que se puede contar en otros formatos.
Vuelvo un paso atrás y miro la novela entera como quien mira un mapa: naturaleza, memoria, generaciones, amistad, oficio, secreto. Hay algo de testamentario en El canto invisible, algo de despedida y de inventario al mismo tiempo, y eso es lo que me parece más potente. Cuando lo terminé de leer, me quedé pensando en cuántas veces una amiga conoce un costado nuestro que ni nosotros mismos conocemos, y cuántas veces nos lo llevamos puesto sin avisar. La pregunta que me queda dando vueltas, y que les dejo a ustedes también, es qué historias de amistad guardan en la memoria como las más potentes de la literatura que han leído. Porque, como dice la propia Piñeiro cuando habla de las ornitólogas que la inspiraron, a veces los cantos más importantes son los que durante mucho menos tiempo del que deberían pasaron desapercibidos.
