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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una caldera con colores: la caminata que permite meterse dentro del Malacara, el volcán de La Batra

En el sur mendocino, la familia Quezada abrió al turismo un campo con tres cráteres ocultos. Geólogos y guías locales explican cómo se formaron las paredes amarillas y los depósitos negros que hoy se recorren pie a pie.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 27 d
Una caldera con colores: la caminata que permite meterse dentro del Malacara, el volcán de La Batra

La mañana en La Batra arranca con esa luz finita del sur mendocino, baja y un poco gastada, que pinta de gris claro las bardas del camino. Acá abajo, cuando todavía pega el frío y el viento mueve las ramas sin apuro, llegar hasta el pie del volcán Malacara es una pequeña aventura: el ripio se sacude, el polvo se levanta y el campo se abre enorme, con esa sensación de que el mundo se detiene a mirar. En ese paisaje seco y colorido, la familia Quezada administra un predio que en los últimos años dejó de ser sólo un campo de cría para convertirse en un destino curioso: caminar por dentro de un volcán apagado.

El recorrido se mete en el interior del Malacara y atraviesa dos de las tres cárcavas que tiene el macizo en su parte alta. La caminata combina pasillos angostos, paredes onduladas y un ascenso final hasta un mirador natural, desde donde se distingue, a lo lejos, la laguna de Llancanelo como una mancha de plata sobre el llano.

Un terreno con luz, aire frío y colores que cuentan la historia

Lo primero que llama la atención al meterse en las grietas es el clima que se arma adentro. La luz se cuela por las aberturas superiores y dibuja manchas sobre las rocas; el aire, más fresco que afuera, circula entre las paredes como si el volcán todavía respirara. El suelo se va tiñendo de amarillos intensos y, de golpe, aparece un manto negro, brillante, que contrasta con todo lo anterior.

  • Paredes onduladas con tonos amarillos, producto de la alteración de los materiales volcánicos.
  • Depósitos oscuros, casi negros, acumulados en una etapa posterior de la erupción.
  • Pasillos abiertos por la erosión del agua y el viento a lo largo del tiempo.
  • Vista panorámica hacia la Llancanelo desde el mirador en la parte alta.

Para entender por qué el Malacara tiene esa paleta de colores tan marcada, hay que remontarse a cómo se formó. La geóloga Corina Risso, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, explicó que el volcán nació de la interacción del magma con agua, posiblemente de una laguna antigua que ocupaba la zona. Ese contacto fragmentó la lava y disparó la alteración de los minerales, que es lo que dejó las superficies amarillentas. Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se apilaron los materiales oscuros que hoy se ven más arriba.

En una charla con vecinos del paraje, Beto Quezada, de la familia que lleva adelante el lugar, recordó cómo arrancó todo: 'En el 2000 se contactó con nosotros la geóloga Corina Risso, le abrimos las tranqueras del campo, empezamos a recorrer el cerro. Dos años después presentó su trabajo en Malargüe y ahí empezamos a pensar en recibir visitantes con guías locales'. La apertura turística cambió el uso del campo, donde antes criaban animales, y empujó una transformación del acceso: primero a caballo, luego por una huella petrolera en desuso, y desde 2006 con camioneta y maquinaria para mejorar el camino.

Durante la visita se camina con cuidado: los depósitos son frágiles y se desgranan al tacto, así que la observación va de la mano con una cierta mesura. Los tres cráteres que tiene el Malacara en la parte alta quedan prácticamente ocultos para quien lo recorre desde abajo, tapados por la forma del terreno y por la vegetación, lo que vuelve la experiencia más surprising todavía para el visitante desprevenido.

“Lo que más llama la atención es ver los colores: el amarillo que dejó el agua cuando interacted con el magma, y después el material oscuro arriba, cuando ya la erupción seguía sin agua. Esa secuencia se lee caminando.”Corina Risso, geóloga e investigadora de la UBA

La propuesta, en definitiva, es simple pero potente: una salida al aire libre en el sur mendocino que combina trekking liviano, lectura de paisaje y una vista inesperada hacia la Llancanelo. Para quienes busquen una actividad distinta en Malargüe, caminar por dentro del Malacara es de esas experiencias que dejan al visitante callado un rato largo, tratando de procesar que estuvo parado adentro de un volcán.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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