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Un número para saber cómo envejece el cuerpo entero, no una sola parte

La capacidad intrínseca combina cinco dimensiones -cognición, movimiento, sentidos, ánimo y energía- y empieza a ganar lugar en los consultorios como una forma de anticiparse a los problemas de salud antes de que se vuelvan enfermedades instaladas.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · 28 de agosto de 2026 · hace 1 h

El primer sol de la mañana entra tibio por la ventana del consultorio y uno se queda mirando cómo la luz se posa sobre las manos de los pacientes, esas manos que a veces ya no aprietan con la misma fuerza que veinte años atrás y que, sin embargo, todavía sirven para mil cosas. Esa escena, tan simple y tan cotidiana, es la que intentaron atrapar durante años los investigadores que se dedican a estudiar cómo envejecemos: no la enfermedad puntual, no el análisis aislado, sino el conjunto. Y de ese esfuerzo nació una idea que suena ambiciosa y hasta un poco futurista: medir la salud de una persona mayor con un solo número, un puntaje que junte lo que el cuerpo y la mente pueden hacer al mismo tiempo.

Qué es la capacidad intrínseca

El concepto tiene un nombre técnico, capacidad intrínseca, y fue formalizado en 2015 por la Organización Mundial de la Salud dentro de su programa de envejecimiento saludable. La propuesta es concreta: en lugar de esperar a que aparezca una patología para actuar, se busca observar cómo funciona el organismo en su conjunto a partir de cinco dimensiones. Esas cinco dimensiones, que los especialistas llaman subdominios, son la cognición, la locomoción -es decir, la fuerza y la movilidad-, la capacidad sensorial -visión y audición-, el bienestar psicológico y la vitalidad, que se entiende como la energía general que tiene una persona y la tolerancia que presenta frente al esfuerzo físico. Juntas, dibujan un retrato bastante fiel de la vida diaria de cualquier adulto mayor.

Lo interesante es que muchas de las pruebas que alimentan ese puntaje ya se usan en la consulta geriátrica. La velocidad con la que alguien camina unos metros, la fuerza con la que aprieta un dinamómetro y los tests para detectar deterioro cognitivo son herramientas conocidas. Lo que cambia con la capacidad intrínseca es la voluntad de combinarlas en un índice único y, sobre todo, la decisión de seguirlo a lo largo del tiempo, como se sigue la presión arterial o el colesterol. John Beard, profesor de envejecimiento productivo en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia y uno de los impulsores del concepto, lo resumió con una frase que vale la pena repetir: "Incluso cuando las personas son bastante robustas y no tienen ninguna enfermedad, aún podemos detectar cambios en su capacidad." Eso permite, según el propio Beard, pensar en intervenciones mucho antes de que aparezcan problemas serios.

  • Cognición: memoria, atención y velocidad de procesamiento.
  • Locomoción: fuerza muscular, equilibrio y velocidad al caminar.
  • Capacidad sensorial: agudeza visual y auditiva.
  • Bienestar psicológico: estado de ánimo y ausencia de depresión.
  • Vitalidad: nivel de energía y tolerancia al esfuerzo físico.

En Francia, por ejemplo, se está llevando adelante un ensayo con adultos mayores que completan cuestionarios periódicos sobre su capacidad intrínseca y, a partir de los resultados, reciben recomendaciones personalizadas. Cuando el puntaje baja, los organizadores los derivan a un médico clínico o a un especialista en geriatría para hacer pruebas adicionales. Los resultados todavía no son definitivos, pero la lógica es la misma que se aplica acá abajo, en cualquier provincia argentina, donde muchas veces el primer aviso de que algo no anda bien llega demasiado tarde.

Hacia un seguimiento de rutina

En paralelo, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Salud de Estados Unidos financia un programa que apunta a demostrar algo clave: que la capacidad intrínseca refleja de verdad cómo se siente y cómo funciona una persona, y que puede mejorar con intervenciones concretas, desde ejercicio físico adaptado hasta fármacos que ya existen en el mercado. La gran apuesta, mirando hacia adelante, es que ese número termine integrándose a los controles médicos de rutina y sirva también como criterio para aprobar medicamentos dirigidos específicamente al envejecimiento. No se trata de reemplazar al médico ni de suplantar los análisis de siempre, sino de sumar una mirada más amplia, capaz de detectar deterioros cuando todavía hay tiempo de hacer algo. Como me dijo un vecino de Boedo mientras esperaba el colectivo, con esa mezcla de ironía y sabiduría que tienen los porteños: "Uno no viene al mundo para quedarse quieto, así que mejor saber cómo viene uno antes de quejarse de cómo viene todo."

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Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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