The Good Place: cuatro temporadas para preguntarse cómo vivir después de muerto
La serie de Michael Schur llega a su desenlace en una plataforma de streaming con 53 episodios que mezclan ética kantiana, criaturas imposibles y un elenco encabezado por Ted Danson y Kristen Bell. Un repaso por la comedia que puso a la filosofía a discutir en la sala de estar.
Tengo que confesar algo: cuando empecé a ver The Good Place me reía sola en el sillón, y al capítulo siguiente estaba anotando en un cuaderno qué era el utilitarismo. La serie de Michael Schur tiene esa extraña virtud, la de colarte una clase de ética sin que te des cuenta, mientras Ted Danson aparece con cara de no haber roto un plato en su vida. Son cuatro temporadas y 53 episodios que, en pleno 2026, ya se pueden recorrer de punta a punta en una plataforma de streaming para entender por qué se convirtió en una de las comedias más comentadas de los últimos años.
Una mala persona en el paraíso
La historia arranca con Eleanor Shellstrop, interpretada por Kristen Bell, una mujer que muere y despierta en un barrio residencial idílico, atendida por un tipo llamado Michael (Ted Danson), que le asegura que ese es el lugar reservado para las buenas personas. Eleanor, que sabe perfectamente cómo fue su vida en la Tierra, hecha egoísmo y una larga lista de maldades cotidianas, entiende rápido que hubo un error con su nombre. En lugar de confesar, decide quedarse y aprende filosofía a las apuradas con Chidi Anagonye (William Jackson Harper), un profesor senegalés obsesionado con actuar de manera moralmente correcta.
A ese cóctel se suman Tahani Al-Jamil (Jameela Jamil), una mujer de sociedad cuya aparente perfección esconde un pozo de inseguridades, y Jason Mendoza (Manny Jacinto), un tipo que apenas terminó la secundaria y que llegó al mismo barrio por un error parecido al de Eleanor. El elenco completo funciona como una pequeña comunidad donde conviven las dudas existenciales con los chistes más absurdos: Eleanor escondiendo revistas de famosos en el living celestial, o Jason intentando explicar qué es la obligación moral mientras sostiene una cerveza.
Filosofía con patas y criaturas fantásticas
- El utilitarismo, que evalúa las acciones por sus consecuencias para la mayor cantidad de personas.
- El consecuencialismo, centrado en los resultados de cada decisión más que en la intención.
- La ética deontológica, que sostiene que hay actos correctos o incorrectos independientemente de sus efectos.
- Las referencias a Kant y a la idea de obrar de manera que tu conducta pueda convertirse en ley universal.
- Los debates sobre el libre albedrío y hasta dónde una persona puede cambiar a lo largo de su vida.
Lo interesante es que esos temas no aparecen en clases magistrales interminables. Aparecen mezclados con demonios de tres cabezas, bufones que interrumpen los juicios finales y situaciones imposibles que obligan a los protagonistas a tomar decisiones que importan de verdad. La serie se permite cambiar de formato y de reglas a medida que avanza, algo que los fans suelen agradecer y que los críticos de afuera suelen mirar con asombro, porque una comedia que se reinventa cada temporada no es algo que se vea seguido.
Un final que cierra el recorrido
Después de cuatro temporadas, la ficción llega a un desenlace que cierra el arco de Eleanor, Chidi, Tahani, Jason y Michael. No voy a spoilear acá: el que no la vio puede recorrerla entera y el que la vio sabe que las preguntas sobre la moral se mezclan, sobre el final, con otras más íntimas, las que tienen que ver con el paso del tiempo, la pérdida y la gente que uno elige para compartir la vida.
The Good Place se puede maratonear en cualquier momento, porque sus 53 episodios están ordenados por temporada y porque, cuando se entra, lo más probable es que al terminar el primer capítulo ya estés pensando a quién le podés pasar el link. ¿Qué dilema de la serie te gustaría debatir? Esa es la pregunta que la ficción le deja a cada espectador que se anime a verla, y que en mi caso todavía sigue dando tema en sobremesas con amigas y alumnos de la facultad.
