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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Saltar sin ser atleta: tres movimientos de pliometría para empezar de cero, según Harvard

El Dr. Howard LeWine, de Harvard Medical School, propone una puerta de entrada concreta para quienes nunca hicieron este tipo de entrenamiento: saltos laterales, soga y saltos frontales, con progresión gradual y especial cuidado en el aterrizaje.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 39 d
Saltar sin ser atleta: tres movimientos de pliometría para empezar de cero, según Harvard

La mañana se presenta tibia y luminosa acá abajo, con esa claridad limpia que invita a mover el cuerpo sin apuro. Y es justamente de movimiento de lo que quiero hablarles, porque durante mucho tiempo la pliometría fue un terreno reservado a deportistas entrenados, y sin embargo un especialista de Harvard Medical School, el Dr. Howard LeWine, salió a desmentir esa idea de la manera más simple: cualquiera puede empezar, siempre y cuando respete los tiempos del propio cuerpo y preste atención a cómo cae después de cada salto.

Antes de meternos en los ejercicios conviene entender de qué hablamos cuando decimos pliometría. Se trata de un tipo de entrenamiento que trabaja sobre esfuerzos breves y de alta intensidad, orientados principalmente a las fibras musculares de contracción rápida que tenemos en las piernas. Sus beneficios son varios y están bastante documentados: mejoras en la fuerza, en la potencia, en la velocidad de desplazamiento y en la capacidad de salto, además de una ganancia concreta en coordinación y en rendimiento cardiovascular. O sea, no es un invento nuevo ni una moda pasajera, sino una herramienta con base fisiológica seria.

Tres movimientos para arrancar sin experiencia previa

Lo más interesante de la propuesta de LeWine es que no propone empezar por lo más complejo, sino justo al revés. Su lógica es clara: familiarizarse primero con la mecánica básica de saltar y caer, y solo después subir la exigencia. Los tres ejercicios que recomienda son accesibles, requieren poco equipamiento y, sobre todo, permiten construir una base sólida antes de animarse a variantes más intensas.

  • Saltos laterales: se parte con los pies juntos, se salta hacia un costado llevando el pie derecho lo más lejos posible y se aterriza sobre el pie izquierdo; después se repite hacia el lado contrario. La clave es ir aumentando progresivamente la velocidad de ejecución. Como requiere poca técnica, funciona como punto de entrada concreto para quienes nunca hicieron pliometría.
  • Soga: la actividad clásica de los boxeadores, con una recomendación muy práctica: arrancar con alrededor de cinco minutos diarios e ir incrementando el tiempo a medida que mejora el nivel. Para quienes les cuesta coordinarse con la cuerda, hay un truco útil: practicar primero sin ella, saltando y dándose palmadas sobre las caderas con cada movimiento, lo que entrena la sincronización entre brazos y piernas antes de sumar el implemento.
  • Saltos frontales: se salta hacia adelante con los pies juntos, se controla el aterrizaje y se vuelve a la posición inicial con otro salto. Los brazos pueden usarse como impulso. El punto crítico acá es la recepción: aterrizar con suavidad reduce el impacto sobre las rodillas.

El aterrizaje, el detalle que no es un detalle

En los tres casos LeWine insistió en lo mismo: entrenar sobre superficies acolchadas que amortigüen el impacto, y mantener las rodillas ligeramente flexionadas al caer. Es la forma de cuidar las articulaciones mientras el cuerpo se adapta a un esfuerzo al que probablemente no estaba acostumbrado. Con la práctica constante, señaló, aumentan tanto la distancia como la altura que se logran en cada salto, pero eso llega solo si antes se dominó la técnica y se respetó la progresión.

La progresión gradual es, en definitiva, el principio que atraviesa toda la propuesta. Empezar con intensidad moderada, dominar la mecánica, y subir la exigencia únicamente cuando el cuerpo lo permite. Como me decía esta semana Marta, una vecina del barrio de Belgrano con la que me cruzo cada mañana en la plaza: «uno a los sesenta no va a entrenar para las Olimpíadas, pero saltar la soga cinco minutos te cambia la cabeza y te ordena el día». Tiene razón, y vaya si la tiene.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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