Jueves, 3 de septiembre de 2026
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Manzana, pera y la pelea que importa menos de lo que parece: qué mirar antes de elegir la fruta de todos los días

Ambas tienen índice glucémico bajo, comparten fibra soluble y se recomiendan con piel. Especialistas y organismos internacionales coinciden en que la clave no es buscar una ganadora, sino cómo, cuándo y con qué se come.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Esta mañana amaneció fresca acá abajo, con esa luz tenue de junio que se cuela entre los jacarandíes y deja la vereda todavía húmeda del rocío nocturno, así que aproveché para acercarme a la verdulería del barrio y escuchar de primera mano qué le preocupa a la gente cuando pasa por la balanza y tiene que decidir entre una manzana y una pera. Roberto, vecino de Villa del Parque, me dijo sin vueltas que él siempre se lleva la pera porque alguien le juró que era mejor para el azúcar en sangre, y la frase me quedó dando vueltas porque, si uno se pone a mirar la evidencia con cierto detenimiento, la respuesta es bastante menos heroica de lo que parece y bastante más interesante de lo que el mostrador de la verdulería puede sugerir.

Dos frutas con más coincidencias que diferencias

Manzanas y peras comparten un perfil nutricional que las vuelve aliadas cuando se piensa en el control de la glucemia: las dos tienen índice glucémico bajo, aportan fibra soluble, una buena proporción de agua y una variedad de micronutrientes y compuestos vegetales que las recomiendan por sí solos. En las manzanas, el componente más citado es la pectina, una fibra que forma un gel en el intestino y enlentece la absorción de glucosa, junto con polifenoles que vienen siendo estudiados por su papel en el metabolismo de los hidratos de carbono. La Asociación Americana de la Diabetes es clara al respecto: los alimentos ricos en fibra pueden favorecer un manejo más estable de la glucemia cuando se enmarcan en un plan alimentario equilibrado, y eso vale para ambas frutas por igual.

La pera, apenas un escalón arriba en fibra

Donde la pera saca una pequeña ventaja es en un número concreto: una unidad mediana ronda los seis gramos de fibra total, una cifra levemente superior a la de una manzana de tamaño equivalente, y buena parte de esa fibra se concentra en la piel y en la zona inmediata por debajo de ella. La dietista Whitney Stuart suele remarcar que la pera está entre las frutas con mayor densidad de fibra que se pueden incorporar con facilidad al día a día, y es un dato cierto, pero conviene leerlo con cuidado porque la diferencia es marginal y no alcanza, por sí sola, para coronar a una sobre la otra.

“Dedicar demasiada energía a jerarquizar frutas individuales puede desviar la atención de lo que realmente pesa en la dieta, que es la variedad y la constancia.”Toby Amidor, nutricionista

Lo que sí cambia el resultado: cómo se come

Acá es donde aparece lo que más mueve la aguja, y donde varias guías coinciden en tres recomendaciones concretas que cualquier verdulería de barrio puede acompañar sin complicarse demasiado.

  • Lavarla bien y comerla con piel siempre que sea comestible, porque allí se concentra una parte importante de la fibra y de los compuestos bioactivos.
  • Combinarla con una fuente de proteína o grasa saludable, como yogur natural, queso fresco o un puñado de frutos secos, para enlentecer la digestión de los carbohidratos.
  • Incorporarla dentro de un patrón alimentario regular y diverso, sin reemplazar otros alimentos ricos en fibra y sin convertirla en el único eje de la alimentación.

La Organización Mundial de la Salud y la FAO vienen insistiendo en lo mismo desde hace años: lo que recomiendan es una dieta diversa, con presencia regular de frutas y verduras, sin señalar a ninguna como superior a las demás, y esa es, me parece, la lectura más justa para cualquiera que esté mirando el mostrador sin saber bien qué llevarse. La pelea entre la manzana y la pera, en el fondo, es una pelea que sirve más para conversar en la cola de la verdulería que para tomar decisiones fuertes sobre la salud.

Antes de irme, Roberto se quedó pensando un rato, miró la bandeja de frutas como quien revisa un resultado de laboratorio y, ya en la puerta, me dejó una frase que me pareció cerrar mejor que cualquier título esta nota: mientras sean frescas, las coma con piel y no me pase comiendo solo eso, me da lo mismo cuál agarro, me dijo, y la verdad es que, escuchado así, suena bastante a consejo de alguien que leyó bastante más de lo que cualquiera le reconoce.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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