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Magnesio para dormir: el boom que la ciencia todavía no termina de certificar

Las ventas de suplementos de magnesio subieron 17% en 2025 y superaron a las de melatonina. Qué dice la evidencia disponible y por qué los especialistas piden tomar el tema con calma antes de ir a la farmacia.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · 3 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Arrancamos la mañana con una de esas tardes de octubre en Buenos Aires en las que el cielo se pone plomizo y la luz entra tibia por la ventana, casi perezosa, como si la ciudad no terminara de decidirse a arrancar. En la redacción ya hay café servido, las pantallas encendidas y un tema que en las últimas semanas no deja de aparecer en conversaciones de whatsapp, en consultorios y en las góndolas de las farmacias: el magnesio como suplemento para dormir. Yo, Esteban Alvarado, me senté a escribir esta nota con la misma pregunta que se hace bastante gente de mi barrio y del tuyo: si todo el mundo lo está tomando para descansar mejor, algo serio tendrá que haber, ¿no? Bueno, spoiler: la respuesta corta es "no necesariamente".

Resulta que, según la empresa de investigación de mercado NBJ, las ventas de suplementos de magnesio vinculados al sueño crecieron cerca de un 17% en 2025, un salto muy por encima del 5% que treparon los suplementos de melatonina, que rozaron los 800 millones de dólares. La diferencia no es menor: por primera vez, un nutriente clásico, de los que conocimos toda la vida asociados al corazón y los calambres, se está vendiendo más como pastilla para dormir que como complemento mineral clásico. Y lo curioso es que buena parte de ese furor se cocina en las redes sociales, donde miles de usuarios cuentan que, después de empezar a tomar magnesio, duermen más profundo y se levantan sin esa modorra que suele dejar la melatonina. Las historias se multiplican, los reels se viralizan, y el boca a boca digital hace el resto.

Qué es el magnesio y por qué, en teoría, podría ayudar a dormir

Antes de seguir, vale la pena poner las cartas sobre la mesa. El magnesio es un nutriente esencial: el cuerpo lo necesita para regular la presión arterial, manejar el azúcar en sangre y mantener en orden la función nerviosa y muscular. Una de las hipótesis que circulan en la literatura científica es que este mineral participa en la regulación de ciertos neurotransmisores vinculados al descanso, esos mensajeros químicos que ayudan a bajar el nivel de activación del cerebro y promueven una sensación de calma. También se dice que ayuda a relajar la musculatura, algo que, para cualquiera que se haya acostado alguna vez con la espalda hecha un nudo, suena atractivo. Hasta acá, todo plausible. El problema empieza cuando uno se pone a mirar con lupa qué dice la investigación específica sobre magnesio como inductor del sueño.

Porque la evidencia, hay que decirlo con todas las letras, es escasa y de calidad despareja. Hay trabajos que muestran mejoras, hay trabajos que no muestran nada, y hay trabajos directamente contradictorios entre sí. Veamos algunos ejemplos para que se entienda la confusión.

  • Un estudio publicado en 2025 dividió a 155 adultos con problemas de insomnio en dos grupos: uno tomó 250 miligramos de glicinato de magnesio entre 30 y 60 minutos antes de irse a la cama, y el otro recibió un placebo. El grupo con magnesio mostró mejoras en sus síntomas, aunque los propios investigadores las calificaron como modestas.
  • Una investigación de 2021 siguió a cerca de 4.000 personas durante 20 años y encontró que quienes consumían más magnesio, ya sea a través de alimentos o de suplementos, dormían más horas y con mejor calidad. Ahora bien, cuando los autores aislaron a las personas que padecían depresión, el beneficio se evaporó. Además, el estudio no pudo probar que el magnesio fuera la causa del mejor descanso y no solo una compañía estadística.
  • Una revisión de nueve estudios publicada en 2022 concluyó que, si bien algunos trabajos muestran asociación entre magnesio y mejor sueño, los ensayos clínicos aleatorios, los más rigurosos, dieron resultados dispares. La frase textual del paper es casi un suspiro científico: la asociación existe, la confirmación, todavía no.
“La exageración está mucho, muchísimo más avanzada que la ciencia objetiva.”Dr. Sujay Kansagra, especialista en sueño de Duke Health

Esa frase del Dr. Kansagra resume bastante el clima que se vive en los consultorios. Acá abajo, en cualquier barrio de provincia, basta con pasar por una farmacia y preguntar para que te confirmen lo que muestran los números: cada vez más gente compra magnesio para dormir, muchas veces por consejo de un familiar, de un vecino o de un video de TikTok. Y acá aparece otra cuestión que los especialistas remarcan con insistencia: una parte del efecto que la gente reporta podría explicarse nada más ni nada menos que por placebo. Es decir, por el poder de la expectativa. Si uno se toma una pastilla convencido de que va a dormir mejor, es bastante probable que, al menos durante un tiempo, efectivamente duerma mejor, sin que la pastilla tenga nada que ver.

Y entonces, ¿qué hacer con la melatonina, que era la reina del sector hasta hace un rato? El propio Kansagra aclara que, en el caso puntual de los trastornos del ritmo circadiano y del desfase horario que produce un vuelo largo, la evidencia que respalda a la melatonina es más sólida. Aun así, la mayoría de los expertos en sueño no la recomiendan de manera sistemática para el insomnio común. Es decir: ni la vieja melatonina es la bala de plata que muchos creen, ni el nuevo boom del magnesio viene con un sello de aprobación científica firme. Las dos cosas, magdalenas y placebo, conviven en la misma góndola.

Qué tener en cuenta antes de empezar a tomar magnesio

Antes de lanzarse a comprar el primer frasco que se cruce en el camino, conviene tener en cuenta algunos puntos que los especialistas repiten hasta el cansancio. Primero, que la mayor parte de la gente obtiene suficiente magnesio a través de una dieta variada que incluya hojas verdes, legumbres, frutos secos y cereales integrales. Segundo, que los suplementos pueden tener efectos secundarios, sobre todo a nivel gastrointestinal, y que en dosis altas o combinados con ciertos medicamentos pueden generar interacciones indeseadas. Tercero, y quizás lo más importante, que si alguien tiene problemas de sueño persistentes, lo más razonable es consultar a un profesional, porque detrás de un mal descanso puede haber desde estrés y ansiedad hasta apnea del sueño o problemas de tiroides, ninguno de los cuales se resuelve con una pastilla de moda. Yo, mientras tanto, voy a cerrar la ventana porque afuera ya está cayendo esa llovizna fina y persistente que tanto conoce la gente de mi barrio, y voy a dejar la nota acá, con la sensación de que el magnesio, como tantas otras cosas que aparecen todos los años en nuestras vidas, promete más de lo que todavía puede probar.

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Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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