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Las aulas viajeras que llevan oficios hasta el último paraje de Neuquén

Siete unidades móviles del Ministerio de Educación provincial y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica recorren la geografía neuquina. Desde 2025, 463 personas se capacitaron en 11 localidades que antes no contaban con formación profesional fija.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · 31 de agosto de 2026 · hace 17 h

Recién asomaba el sol detrás de las lengas y el aire todavía guardaba ese frío húmedo que se siente temprano en la Patagonia, cuando me puse a revisar los papeles que tenía arriba del escritorio. La nota que estaba leyendo me llevaba directo a una de esas historias que uno quisiera contar mucho antes de que el termómetro empiece a marcar números más amables: la de un Estado que se sube a un camión y va a buscar a la gente hasta el rincón más apartado del mapa.

Porque acá abajo, en Neuquén, la provincia se estira como ninguna otra y hay localidades donde la formación profesional simplemente no existía. Para aprender un oficio, la opción solía ser mudarse a una ciudad grande o directamente quedarse con lo que se sabía de toda la vida. Eso, hasta que aparecieron las aulas móviles.

Siete camiones, once pueblos y un solo objetivo

La movida la llevan adelante en conjunto el Ministerio de Educación de Neuquén y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica, con siete unidades equipadas con todo lo necesario: herramientas, maquinaria y hasta el espacio ya acondicionado para trabajar. No hace falta llevar nada de casa, sólo las ganas de sentarse a aprender algo que después sirva para ganarse el pan.

  • Huinganco: mecánica de motores fuera de borda y nafteros.
  • Aluminé: instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos.
  • San Patricio del Chañar: gasista domiciliario y soldadura.
  • Plaza Huincul: tornería.
  • Mariano Moreno: moldería y patronaje de indumentaria.
  • San Martín de los Andes: soldadura y formación de docentes técnicos.
  • También se dictan metalmecánica, mecánica automotriz y de motos, trabajo textil e instalación de sistemas de gas.

Lo que me parece destacar, y lo digo con total seriedad, es que la grilla no se arma de arriba hacia abajo ni en un escritorio de Buenos Aires. El Centro de Formación Profesional N°43 se encarga de coordinar los acuerdos con cada municipio y con el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano provincial, y la oferta se va acomodando según lo que cada pueblo necesita. Si en un lugar sobra sol y falta gasista, la orientación cambia. Así de simple y así de razonable.

Lo comprobé mientras hablaba con Miriam, una vecina de Villa Pehuenia que me contó por teléfono lo que se siente cuando el camión se instala en el playón del pueblo. "Acá antes o te ibas o te arreglabas con lo que había", me dijo, con esa franqueza que sólo aparece cuando uno charlar con alguien que conoce el territorio de memoria. "Ahora vienen, te dan la herramienta y encima te enseñan a usarla bien. Es otra cosa, te cambian la cabeza".

Desde que empezaron a funcionar en 2025, las aulas pasaron por Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar. Hasta ahora, 463 personas completaron alguna capacitación. El número no parece enorme, pero leído en contexto, pueblo por pueblo y alumno por alumno, pesa mucho más que cualquier estadística grande escrita en un pizarrón porteño.

La pregunta que queda dando vueltas, y se la hago a cualquiera que esté leyendo esto en algún paraje del interior neuquino, es bien directa: saben que esta posibilidad existe cerquita de su casa? Porque a veces lo más útil que llega a un pueblo no viene en un sobre ni en una pantalla, sino sobre ruedas, con un motor encendido y una puerta que se abre para empezar a enseñar.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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