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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La música como aliada del aula: lo que dice un nuevo estudio sobre chicos que tocan un instrumento

Una investigación de la Universidad Northeastern reunió a 76 niños de entre 7 y 9 años y encontró mejores puntajes en memoria, razonamiento y evaluaciones escolares entre quienes practicaban música. Los autores aclaran que el hallazgo abre interrogantes, no respuestas definitivas, y advierten sobre el costo de acceder a una formación.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 14 d
La música como aliada del aula: lo que dice un nuevo estudio sobre chicos que tocan un instrumento

Amanece húmedo en esta Buenos Aires que ya se despierta entre sirenas de recolección y olor a medialunas, y mientras la luz del invierno se filtra por las ventanas de los departamentos de clase media, uno se topa con una noticia que a muchos padres les va a resonar: un estudio de la Universidad Northeastern, en Estados Unidos, vuelve a poner sobre el tapete el viejo debate sobre qué aporta aprender un instrumento en la infancia, y lo hace con números concretos, con grupos comparados y, sobre todo, con prudencia a la hora de sacar conclusiones, porque a veces la ciencia se encarga de aclararnos que las cosas no son tan simples como quisiéramos.

El trabajo reunió a 76 chicos de entre 7 y 9 años, organizados en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad tocaba un instrumento y le dedicaba a la práctica un mínimo de 30 minutos por semana; la otra mitad no tenía formación musical. Entre los instrumentos predominaban el piano y los de cuerda, esos que tantas veces se escuchan en las tardes de los conservatorios de acá abajo, en la provincia, donde las familias hacen malabares con el presupuesto para sostener las clases.

Qué habilidades se midieron y por qué importan

Lo que se puso bajo la lupa no fue el oído musical, sino capacidades que también se usan en el aula. Los participantes que tocaban un instrumento obtuvieron mejores resultados en memoria de trabajo, esa que nos permite retener una consigna mientras la resolvemos; en razonamiento, en vocabulario y en aprendizaje visual y auditivo. Cuando los investigadores bajaron a las evaluaciones escolares propiamente dichas, las diferencias también aparecieron en lectura, escritura y matemáticas: comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras fueron algunos de los puntos donde los chicos con formación musical rindieron mejor.

La explicación que ofrecen los especialistas resulta intuitiva. Como me dijo Marcela, maestra de tercer grado en San Telmo y vecina del barrio desde hace veinte años, "cuando un chico toca, está haciendo cinco cosas a la vez: mira la partitura, escucha el ritmo, mueve las manos, memoriza y se autocorrige". Esa simultaneidad es la que Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, vincula con las llamadas funciones ejecutivas, el conjunto de procesos que nos dejan sostener el foco, planificar, controlar los impulsos y adaptarnos a lo inesperado. Anita Collins, investigadora y educadora musical, sumó algo que en las casas suele pasar desapercibido: aprender un instrumento ejercita la escucha, la planificación y la autorregulación, tres habilidades que después se traducen en cómo un chico se sienta a hacer la tarea.

Qué dice el cerebro y qué no dice el estudio

Para sumar una mirada más fina, los autores incluyeron resonancias magnéticas a 50 de los participantes y allí apareció una diferencia en una vía cerebral que conecta regiones relacionadas con audición, lenguaje y movimiento. Es un dato que abre preguntas más que cerrarlas: ¿esa conexión es producto de años de práctica o ya estaba allí y facilitó que esos chicos se engancharan con la música? El propio equipo lo aclara con un cuidado que vale la pena repetir: no se trató de un experimento donde a unos se los asignó al azar a clases de música y a otros no, con lo cual no se puede afirmar que aprender a tocar sea la causa de las ventajas observadas. Las familias que pueden pagar un instrumento suelen ofrecer, además, otras experiencias educativas, libros, viajes, conversaciones, y eso también pesa, aunque los investigadores hayan comparado grupos de nivel similar.

Otro punto sensible es el económico. Loui reconoció que el costo de la formación musical puede limitar el acceso y que eso vuelve indispensable pensar políticas que democraticen la posibilidad de aprender. En un país como el nuestro, donde una cuota de conservatorio puede superar el alquiler de un monoambiente en muchas ciudades, la advertencia pega de lleno: si la música ayuda, pero no llega a todos, la diferencia se convierte en una nueva brecha.

  • Memoria de trabajo: permite retener información breve mientras se usa, como recordar una consigna al resolver un ejercicio.
  • Razonamiento y vocabulario: los chicos con formación musical rindieron mejor en pruebas cognitivas generales.
  • Aprendizaje visual y auditivo: diferencias significativas en la integración de lo que se ve y se escucha.
  • Rendimiento escolar: ventajas en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.

Para las familias, una pista con los pies en la tierra

¿Entonces conviene anotar al chico en un conservatorio? El estudio no responde eso, y sería deshonesto venderlo como una receta. Lo que sí hace es aportar evidencia consistente, reunida con método y con cautela, a favor de una idea que muchas madres y padres intuyen: que la música no es un adorno, sino un entrenamiento para la atención y la memoria, con efectos que se notan en otras áreas de la vida escolar. Si el bolsillo lo permite, sumar una actividad musical puede ser tan formativo como cualquier otra, sin prometer milagros. Y si no lo permite, vale la pena reclamar que el Estado y los municipios acerquen propuestas gratuitas, porque los datos empiezan a mostrar que lo que se gana en una clase de instrumento puede terminar rindiendo en la carpeta de matemáticas.

“El costo de la formación musical puede limitar el acceso, y eso vuelve indispensable pensar políticas que democraticen la posibilidad de aprender.”Psyche Loui, profesora de música de Northeastern
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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