Seis décadas de masa al molde y familia: la pizzería más antigua de Neuquén cumple 60 años y suma un salón nuevo
Horacito, en Félix San Martín 544, festeja seis décadas con la receta original que Jorge Hernández le pasó palabra por palabra a su hijo Claudio en una clínica. Hoy la conducen Horacio y Claudio, que crecieron entre el mostrador y la calle, y se preparan para abrir un salón para 70 personas.
La mañana en Neuquén arrancó fresca y con esa luz blanca que suele colarse entre las bardas y dibujarlo todo con nitidez. En el barrio, cerca del Bajo, el vapor de las cocinas tempranas ya se huele desde la vereda, y en una esquina de Félix San Martín, casi sin carteles a la vista, sigue abierto un local que vio pasar más presidentes que muchos vecinos del lugar. A las pocas horas, cuando el sol cae sobre la calle y el movimiento se vuelve denso, adentro se escucha ese rumor constante de bandejas, masa al molde y conversaciones cruzadas que lleva seis décadas sin apagarse. Es el sonido de Horacito, la pizzería más antigua de la ciudad, que esta semana llega a los 60 años con la misma receta con la que Jorge Hernández y Delia Alcaraz la abrieron en 1966.
Aquel primer local estaba en la calle Perito Moreno 446, en pleno Bajo neuquino. Jorge había empezado a trabajar a los nueve años, aprendió el oficio en una panadería y ya tenía recorrido por varios negocios de comida antes de arriesgar con lo propio. “Era ir a manotear alguna factura y cuernitos para comer. Teníamos todo al alcance”, cuenta Claudio, uno de sus hijos, sobre cómo fueron creciendo entre el mostrador y la calle. Porque para Horacio y Claudio, hoy al frente del lugar, la pizzería nunca fue una herencia a futuro sino una realidad diaria desde chicos: a los 10 y 13 años ya cargaban heladeras, armaban cajas y atendían a los clientes, no por obligación formal sino porque era parte de la vida familiar.
Tres direcciones, una sola receta
El negocio pasó por tres ubicaciones antes de instalarse donde funciona hoy. Primero en Perito Moreno, después en Chile y Don Bosco, una etapa en la que llegaron a vender alrededor de 120 pizzas por día, y finalmente desde 1981 en Félix San Martín 544, donde sigue funcionando. En esa última mudanza, recuerda la familia, el local era chico, las calles todavía eran de tierra y había un canal de desagüe justo enfrente. Con el tiempo se fue ampliando y hoy atiende con un equipo de siete trabajadores a un ritmo que, según cuentan, no decayó.
La carta, además, nunca fue extensa por decisión expresa de Jorge. Durante cuatro décadas giró alrededor de seis variedades: jamón y queso, fugazeta, muzzarella, especial con morrón, fugaza y anchoas. Recién cuando Horacio y Claudio tomaron las riendas, después de la muerte de su madre en 2005, la oferta se amplió hasta llegar a las 18 variedades actuales, empujados por los pedidos de los propios clientes.
El día que la receta pasó de boca en boca
El momento más delicado del traspaso fue, justamente, el de la receta. Jorge manejaba los tiempos y las cantidades de la masa sin que nadie más interviniera. Cuando su salud ya no le permitió seguir amasando, Claudio se acercó a la clínica y le pidió los datos exactos. “Me dio las cantidades de todo para comenzar a amasar. Me dio hasta el peso que debe llevar cada bollo”, relata. Alcanzar el punto justo les llevó entre dos y tres meses de prueba, hasta lograr esa masa al molde que sigue siendo el corazón del negocio.
Lo que se viene: un salón nuevo y un festejo a varias generaciones
A esta vuelta, lo que sigue intacto no son los pisos ni las paredes —esas se fueron agrandando con los años—, sino una idea de trabajo que se transmite en una cocina y en una cuadra del Bajo neuquino. Como me decía un vecino del barrio mientras miraba la fachada todavía sin cartel grande, Horacio, con la calma que le dan los años vividos adentro, “mientras la masa siga saliendo así, este lugar va a seguir abierto, y eso lo sabe cualquiera que haya pisado acá abajo.”
