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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La momia de 1999: la aventura que Steven Spielberg le hubiera firmado a Indiana Jones

A casi un cuarto de siglo de su estreno, la película de Stephen Sommers con Brendan Fraser y Rachel Weisz sigue siendo una de las grandes joyitas del cine de aventuras. Un repaso por la trilogía completa, con sus tres entregas y su deuda con el cine de Harrison Ford.

Por Camila ParedesCultura y espectáculos · · hace 10 d
La momia de 1999: la aventura que Steven Spielberg le hubiera firmado a Indiana Jones

Había que ver la cara de la gente en el video club, allá por 1999, cuando La momia llegó a las carteleras argentinas. El póster era una promesa: Brendan Fraser con un pistolón en una mano y Rachel Weisz con un libro en la otra, los dos corriendo de algo que no se terminaba de ver del todo pero que ya daba miedo. La sala, el día que fui a verla, estaba llena. Y la risa cómplice que se escapó cuando la momia se levantó por primera vez sigue siendo, para mí, el sonido justo de una generación que se crió con esta película.

La historia arranca con una expedición a unas ruinas egipcias que es, también, el inicio de una trilogía. Stephen Sommers, el director, juntó a Fraser como Rick O'Connell, un aventurero con más cara de malo que de héroe, y a Weisz como Evelyn Carnahan, una egiptóloga despistada y los jeroglíficos. Los dos terminan en Hamunaptra, la ciudad de los muertos, donde se topan con la tumba de Imhotep, un sacerdote maldito que vuelve a la vida con muy malas pulgas.

Una deuda enorme con Indiana Jones

La influencia de Spielberg y de Harrison Ford está a la vista. Sommers toma la fórmula del arqueólogo que se mete donde no lo llaman, le suma una historia de amor que funciona como motor del relato y le agrega un villano que da genuino repeluz. La diferencia con Indiana Jones es el tono: La momia se permite ser más liviana, más cómica, más cercana a una aventura de matinée que a una epopeya. Y ahí, justamente, está parte de su encanto.

La egiptóloga es, además, la gran hallazgo de la película. Evelyn no es la damsel in distress de las películas viejas: sabe más que nadie en la sala, se manda macanas, pero también resuelve. Weisz le puso una torpeza adorable que congenia perfecto con el Fraser más físico y rudimentario. Cuando los dos discuten por quién sabe más sobre el Antiguo Egipto, uno se olvida de la momia y se queda mirándolos a ellos.

La trilogía completa, de punta a punta

  • La momia (1999): la entrega original, la que presentó a Rick y Evelyn y los puso cara a cara con Imhotep en Hamunaptra.
  • El regreso de la momia (2001): la secuela directa, con los protagonistas ya en familia y un Imhotep que vuelve a aparecer cuando un grupo de turistas despiertan sin querer lo que no debían.
  • La momia: La tumba del emperador Dragón (2008): el cierre de la trilogía, ya sin Weisz en el rol (fue reemplazada por María Bello por temas de agenda) y con Jet Li como un emperador chino que también vuelve de entre los muertos.

La pregunta que sobrevuela las tres es la misma: ¿qué pasa cuando un muerto se levanta y no tiene la menor intención de volver a acostarse? Sommers y sus guionistas le dieron a esa pregunta una respuesta con acción, con terror pero no demasiado, con romance y, sobre todo, con dos protagonistas que generan química. La mezcla es la que sostiene a la trilogía casi un cuarto de siglo después.

Si te cruzás con ella un domingo a la tarde, con el control remoto en una mano y unas tostadas en la otra, dale play. La momia es de esas películas que, cuando la ves de grande, te devuelve algo de la versión de vos que se asombraba con todo. Y si te enganchó, después seguí con las otras dos: la trilogía entera se disfruta como una maratón de sábado a la noche. La próxima vez que la pasen en cable, agendala: seguro que te vuelve a pasar como la primera vez.

CP
Camila ParedesCultura y espectáculos

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