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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La felicidad que se fue y la que todavía no llega: la advertencia de Gabriel Rolón sobre quedar atrapado entre el pasado y el futuro

El psicólogo y escritor repasó en una entrevista cómo la idealización de los recuerdos y la postergación permanente de los proyectos pueden dejar al presente sin espacio para el bienestar. Sus frases más resonantes, los ejemplos que eligió y una invitación a no bajarse de la vida antes de tiempo.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 22 d
La felicidad que se fue y la que todavía no llega: la advertencia de Gabriel Rolón sobre quedar atrapado entre el pasado y el futuro

La mañana en esta parte del mundo arranca con una luz tibia que todavía no termina de decidir si va a calentar de verdad o si se va a quedar en esa medianía gris que invita más al café que a la caminata. En ese clima de cosas a medio hacer me quedo pensando en una idea que viene dando vueltas hace rato y que un psicólogo y escritor como Gabriel Rolón supo poner en palabras con una claridad que desarma: la felicidad que uno persigue, muchas veces, ni siquiera está en el presente. Está en un pasado que ya no vuelve, o en un futuro que todavía no llega, y mientras tanto el hoy se nos pasa de largo.

Rolón no vino a tirar abajo la idea de tener sueños ni la de valorar lo vivido. Todo lo contrario. Lo que planteó, con ese tono sereno que le conozco de sus libros y de tantas charlas, es que las dos cosas pueden acompañar la búsqueda de bienestar, pero también pueden convertirse en un obstáculo cuando funcionan como excusa para no sentirse bien acá, ahora, en esta vida concreta. La diferencia, según su mirada, está en cuánto espacio les dejamos ocupar.

Recordar, sí. Quedarse pegado al recuerdo, no

Sobre los recuerdos, el especialista fue bien claro: reconocer que hubo momentos felices es válido y hasta necesario, porque permite entender el recorrido personal, los esfuerzos que uno hizo y los vínculos que construyó. Esa experiencia conserva su valor aunque ya no pueda recuperarse tal como fue. El problema aparece cuando la memoria empieza a funcionar como un filtro que embellece todo lo que pasó, porque ahí el pasado deja de ser historia y pasa a competir con el presente.

Rolón usó una imagen muy gráfica para describir lo que hacemos sin darnos cuenta. Habló de un “photoshopeo” de los recuerdos:/editamos lo vivido, le sacamos las aristas, dejamos nada más que la parte luminosa. Puso como ejemplo algo que cualquiera de nosotros puede reconocer: la imagen que conservamos de los padres que ya no están suele ser más noble, más sensible, más grande de lo que fueron en vida, y la infancia, en general, tiende a quedarse guardada como una etapa más bella de lo que efectivamente fue. No es un invento deliberado, es un modo en que la cabeza procesa lo que perdimos.

“Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices.”Gabriel Rolón

Proyectos para adelante, pero sin postergar la vida

La misma lógica corre con los proyectos. Rolón no discutió que haya que tener sueños ni que la expectativa de encontrar felicidad más adelante tenga sentido. Lo que señaló es el riesgo de postergar de manera permanente la posibilidad de sentirse bien. Si la vida buena siempre queda para después, para cuando se cumplan ciertas condiciones, para cuando los hijos crezcan, para cuando llegue el viaje, para cuando uno sea alguien distinto, el hoy se va vaciando de contenido propio y queda reducido a un ensayo del futuro.

“Intentemos algo aquí, ahora.”Gabriel Rolón
  • Reconocer los recuerdos felices como parte de la historia personal, sin convertirlos en la única medida del bienestar.
  • Distinguir entre valorar lo vivido y quedar detenido en una versión idealizada que ya no se puede actualizar.
  • Cuidar que los proyectos a futuro no funcionen como excusa para postergar de manera indefinida la búsqueda de felicidad presente.
  • Evitar editar el pasado hasta dejarlo irreconocible, un proceso que el propio Rolón comparó con un “photoshopeo” de la memoria.
  • No bajarse de la vida antes de tiempo: el presente sigue ofreciendo chances de sentirse bien, incluso en medio de la incertidumbre.

Una invitación a quedarse en el presente

A esta altura de la nota uno se queda con la sensación de que la propuesta de Rolón no es ni más ni menos que volver a habitar el día que nos toca. Los recuerdos y los proyectos son herramientas valiosas, claro que sí. Sirven para entender quiénes somos y hacia dónde queremos ir. Pero cuando ocupan todo el lugar, cuando se vuelven más importantes la nostalgia o la promesa que la vida concreta, lo que queda afuera es justamente eso que andamos buscando: el bienestar que, según parece, necesita un poco de aire presente para poder existir.

Hay algo que Rolón dijo y que me parece la mejor manera de cerrar esta charla, porque condensa todo lo que vino después y deja la pelota picando en nuestra propia cancha, en la de cada uno que está leyendo y pensando en sus propios recuerdos y proyectos. Una frase que, en vez de cerrar, abre una pregunta para llevar a casa: cuánto espacio real le estamos dejando hoy al hoy en nuestra búsqueda de ser felices.

“No nos bajemos de la vida antes de tiempo.”Gabriel Rolón
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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