Estornudar no siempre es señal de alarma: cómo descifrar lo que el perro dice con la nariz
El adiestrador Tony Silvestre asegura que, en la mayoría de los casos, se trata de un gesto emocional ligado a la alegría o al juego. Cuándo conviene quedarse tranquilo y cuándo sí hay que salir corriendo al veterinario.
La mañana se levanta tibia en esta parte del sur del conurbano, con esa luz lechosa que entra por la ventana de la cocina y se posa sobre las baldosas frías mientras uno todavía está en pantuflas. En la vereda, un perro mestizo de tamaño mediano sale al frente de la casa, olisquea el aire, sacude las orejas y, antes de que su dueña termine de atarse los cordones, le estornuda en la cara como saludo. La escena, que en cualquier otra casa podría disparar una llamada urgente al veterinario, es en realidad la postal más cotidiana del barrio: un animal que está feliz de que el día empiece. Y acá abajo, en la provincia, esa escena se repite en cada manzana con la misma naturalidad con la que se abre la puerta de un kiosco.
Lo sabe bien Miriam, vecina de Lanús oeste, que cada vez que lleva a su labrador al parque de la estación se cruza con otros dueños que le preguntan preocupadas si su perro está engripado porque estornuda mientras juega con la pelota. Miriam, que hace más de veinte años que convive con perros y nunca dejó de aprender de ellos, les repite lo mismo: tranquilos, que el animal no se queja de la salud, les está hablando. Y lo dice con la convicción de quien escuchó la misma explicación, palabra más palabra menos, de un adiestrador con el que consultó hace años y que hoy se hizo conocida gracias a su presencia en redes: Tony Silvestre.
El estornudo como lenguaje y no como síntoma
Para Silvestre, la confusión arranca en la cabeza del dueño y no en la nariz del perro. Muchos asocian cualquier estornudo con un resfrío, con una alergia, con algo que no anda bien, y la respuesta inmediata es buscar el teléfono del veterinario. La realidad fisiológica, según explica el adiestrador, es bastante más simple y bastante más tierna: durante los momentos de alta excitación, el juego brusco, las caricias prolongadas, la expectativa de salir a pasear, el cuerpo del perro acumula presión en las vías respiratorias, y el estornudo es el mecanismo que tiene para liberar esa presión y volver a respirar cómodo. Es, ni más ni menos, una forma de comunicación emocional.
“Cuando un perro estornuda, no está enfermo, está expresando un estado de ánimo. Si no estornuda, significa que no te quiere.”Tony Silvestre, adiestrador canino
Cómo distinguir la alegría de un problema real
- Mirada tranquila y sin opacidad, sin lagañas ni signos de irritación.
- Cola que se mueve con soltura, sin rigidez ni movimiento espasmódico.
- Orejas en posición natural, ni caídas de manera forzada ni demasiado tiesas.
- Postura corporal relajada, con el animal dispuesto a jugar o a recostarse boca arriba para mostrar la panza, señal inequívoca de confianza.
- Curiosidad activa durante el paseo e interacción calmada con otros perros, sin agresividad ni retraimiento.
Ahora bien, también existen causas externas menores que pueden provocar un estornudo aislado y que no tienen por qué preocupar a nadie. Meter la nariz en el agua después de beber apurado, jugar entre pastizales altos donde se mete polvo o tierra en las fosas nasales, o simplemente el cambio brusco de temperatura cuando se sale de un ambiente calefaccionado al frío de la calle, son situaciones en las que el estornudo aparece como un mecanismo de limpieza y desaparece en pocos minutos. La clave está en prestar atención a la frecuencia y al contexto.
El escenario cambia cuando los estornudos se vuelven reiterados, aparecen sin que haya juego ni emoción de por medio y, sobre todo, vienen acompañados de otros indicadores. Falta de apetito que se sostiene durante más de un día, decaimiento general, fatiga al caminar distancias cortas, respiración agitada incluso cuando el perro está echado y en reposo, mocos visibles o fiebre son señales que ya no pertenecen al lenguaje emocional y sí a una consulta veterinaria que no puede esperar. En esos casos, subirse al auto con el animal y llamar antes por teléfono para que lo reciban con turno preferencial suele ser la diferencia entre un susto y un problema serio.
El criterio que propone Silvestre, y que en la práctica termina siendo el más útil para cualquier dueño, es bien directo y se puede resumir en dos preguntas. La primera: el estornudo apareció en medio de una situación de alegría, de juego o de mucha actividad, y el perro muestra todos los indicadores de bienestar que enumeramos más arriba. Si la respuesta es sí, no hay por qué alarmarse, y la mejor respuesta es devolverle la caricia o seguir jugando con él. La segunda: el estornudo aparece de forma aislada, repetida, sin un detonante emocional claro, y se combina con cualquier otro cambio en el apetito, en la energía o en el comportamiento habitual del animal. Si la respuesta es sí, la consulta con el profesional deja de ser opcional.
Conocer el lenguaje corporal del perro no es un capricho de adiestrador ni una moda de redes sociales, sino una herramienta concreta para mejorar la convivencia diaria y evitar diagnósticos equivocados que terminan en gastos innecesarios y en perros medicados sin motivo. Aprender a leer la cola, las orejas, la mirada y la postura es, en definitiva, aprender a escuchar lo que el animal dice cuando todavía no necesita palabras. Y a veces, lo que dice es tan simple y tan bonito como un estornudo a la mañana, en la puerta de casa, con la luz entrando de costado, mientras espera que le ates la correa para ir a dar una vuelta juntos por la cuadra.
