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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El ritual de sacarse los zapatos en la puerta y por qué puede cambiar la calidad del aire de adentro

Especialistas de la Clínica Cleveland explican qué partículas pueden arrastrar las suelas desde la calle hasta el living y qué medidas simples ayudan a mantenerlas a raya, sobre todo cuando hay chicos en casa.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 18 d
El ritual de sacarse los zapatos en la puerta y por qué puede cambiar la calidad del aire de adentro

Acá abajo, en esta provincia donde el polvo se mete por cualquier rendija y la humedad de días se pega al piso como si no quisiera irse, hay una costumbre que muchos ya incorporan sin pensar demasiado: llegar a la puerta, bajarse los zapatos y dejarlos en un rincón, como quien firma un pacto silencioso con la limpieza del hogar. Pero lo que parece un gesto casi doméstico, casi Instintivo, tiene detrás un razonamiento bastante más serio que recomiendan desde hace tiempo los especialistas de la Clínica Cleveland, una de las instituciones médicas más reconocidas de Estados Unidos.

La idea es sencilla y a la vez reveladora: las suelas del calzado funcionan como una especie de transporte colectivo para todo lo que pisamos durante el día. Después de caminar por veredas, cruzar baños públicos, subirnos a un colectivo o simplemente atravesar el jardín de la casa, las zapatillas o los zapatos arrastran tierra, restos orgánicos y, lo que es más importante, una cantidad de sustancias químicas que ni siquiera imaginamos que llevamos adentro.

Qué se trae del afuera sin saberlo

  • Polvo con metales pesados como plomo, arsénico, cromo y níquel, algunos de ellos presentes en el suelo de zonas industriales o en pinturas antiguas que se van desprendiendo de las paredes.
  • Residuos de pesticidas, fertilizantes e insecticidas que se usan en parques, plazas o jardines y que quedan adheridos al caucho de las suelas.
  • Polen y otros alérgenos que pueden agravar los cuadros de alergia, sobre todo en primavera.
  • Bacterias de todo tipo, aunque su presencia no signifique automáticamente una infección.
  • Sustancias conocidas como PFAS, esos compuestos químicos que tanto se mencionan últimamente por su persistencia en el ambiente y en el cuerpo humano.

Daniel Sullivan, médico internista de la Clínica Cleveland, lo explica con una frase que a mí me quedó dando vueltas: el polvo con plomo puede dañar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos, sobre todo en los más chicos, que son los que juegan sentados en el piso y se llevan las manos a la boca cada dos por tres. Esa imagen, la de un nene sentado en el suelo mientras aprende a gatear, fue la que más me hizo pensar en la cantidad de casas donde esta costumbre ni siquiera está en discusión.

Un dato que me pareció especialmente interesante es el que aporta el programa DustSafe, que analizó muestras de polvo doméstico recogidas en 35 países. El estudio encontró arsénico, cromo y níquel en proporciones variables, y observó que en las viviendas más antiguas las concentraciones de plomo y arsénico suelen ser más altas. También notaron que tener jardín propio, algo que acá abajo tenemos muchos, se relaciona con niveles más elevados de esos dos elementos, probablemente por el contacto con la tierra y los productos que se usan para mantener el césped.

Cómo armar el espacio en la entrada

La propuesta de los especialistas norteamericanos es bastante práctica y se puede adaptar a cualquier casa, desde un departamento de un ambiente hasta una casa grande con jardín. Lo primero es definir un sector junto a la puerta de ingreso para dejar el calzado, algo que muchos ya hacemos de manera casi Instintiva. Lo segundo es colocar una alfombra de entrada, que actúa como un primer filtro para la suciedad más gruesa. Y lo tercero, que me parece clave, es limpiar los pisos con métodos húmedos, porque el trapo de piso o el balde con agua levantan lo que la escoba seca muchas veces lo único que hace es redistribuirlo por el ambiente.

Para quienes necesitan un apoyo extra para caminar, ya sea por una dolencia, una convalecencia o simplemente por la edad, Sullivan sugiere tener otro par de zapatos reservado exclusively para usar dentro de la casa, una suerte de calzado de interiores que nunca sale al patio ni a la vereda. Es una solución que me contaron que implementan en algunos hogares de personas mayores y que, según el especialista, reduce la cantidad de partículas que ingresan sin resignar estabilidad ni tracción.

Ahora bien, y esto me parece importante aclararlo para no generar alarma innecesaria, encontrar bacterias o restos de metales en las suelas no significa que automáticamente vayamos a terminar enfermos. Como me dijo una vez una vecina de Lanús, mamá de tres chicos y fanática de la limpieza con trapo de piso: yo no vivo obsesionada, pero cuando los nenes eran chiquitos sí me cuidé de que no anduvieran por toda la casa con los zapatos puestos, sobre todo en el verano que se ensucian un montón. Esa es, en el fondo, la medida más razonable: no se trata de entrar en pánico, sino de reducir una vía de ingreso de contaminantes sin volver la casa un laboratorio.

“Retirar el calzado reduce una vía de ingreso de contaminantes; no los elimina por completo, pero cada gesto cuenta cuando hay chicos en casa.”Daniel Sullivan, médico internista de la Clínica Cleveland
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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