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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando la grasa corporal cae demasiado: el cuerpo empieza a protestar en silencio

Especialistas en metabolismo y medicina deportiva advierten que reducir al mínimo las reservas de grasa puede pasar factura a los músculos, a los huesos y al equilibrio hormonal. Tampoco existe un número mágico válido para todos: la edad, el sexo y dónde se acumula el tejido adiposo cambian la película por completo.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 9 d
Cuando la grasa corporal cae demasiado: el cuerpo empieza a protestar en silencio

La mañana en este portal arrancó gris, con esa luz de invierno que se pega a las persianas y no termina de decidirse. Enseguida me crucé con un mensaje de Marta, de San Telmo, que me escribió para sacarse una duda que la viene rondando desde que arrancó a entrenar: "Estoy haciendo todo bien, pero no sé si me estoy pasando de rosca con la grasa". La pregunta de Marta no es menor, porque en la conversación cotidiana circulan muchos números y pocas explicaciones, y detrás de esos números hay funciones del cuerpo que conviene no desordenar a la ligera.

La grasa corporal no es un adorno ni un enemigo a exterminar: es un tejido que almacena energía, aísla al organismo del frío y participa de manera activa en la regulación hormonal. Cuando sus reservas caen por debajo de cierto umbral, aunque la persona entrene con regularidad, el organismo empieza a ajustar cuentas de una manera que conviene conocer, según trabajos citados por investigadores de la Universidad Estatal de Wayne, la Universidad de Míchigan y la Universidad de Oxford.

Por qué un solo número no alcanza

El porcentaje de grasa, leído en una balanza o en un estudio, no cuenta toda la historia por sí solo. Influyen la edad, el sexo y sobre todo la distribución del tejido adiposo, es decir, dónde se acumula esa grasa. Las herramientas disponibles tampoco se parecen entre sí: una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según cuán hidratada esté la persona, mientras que los pliegues cutáneos no permiten conocer la grasa que rodea los órganos, esa que se esconde entre las vísceras y suele pasar desapercibida en el espejo.

  • La bioimpedancia es accesible, pero muy sensible al estado de hidratación del momento.
  • Los pliegues cutáneos sirven como aproximación, aunque dejan afuera la grasa visceral.
  • La densitometría DEXA distingue entre grasa, masa magra y masa ósea, pero requiere equipamiento específico y suele ser costosa.

En un estudio con más de setecientos deportistas se utilizó precisamente la densitometría DEXA para mapear la composición corporal. Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, participó de ese trabajo y comentó que los mínimos registrados fueron del diez por ciento en hombres y del dieciséis por ciento en mujeres, muy lejos del uno o dos por ciento que suele escucharse cuando se habla de definición muscular al límite. Es decir, esos cuerpos extraordinariamente marcados de las revistas rara vez reflejan una composición real, y cuando la reflejan, suelen arrastrar consigo un precio fisiológico considerable.

Lo que el cuerpo empieza a dejar de hacer

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, explicó que una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción calórica muy fuerte reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y, al mismo tiempo, perjudicar tanto la generación como la reparación del tejido óseo, una combinación que a largo plazo preocupa especialmente a quienes entrenan pensando en fortalecerse y no en debilitarse sin notarlo.

Los cambios hormonales también forman parte del cuadro. En hombres con una alimentación insuficiente, los niveles de testosterona pueden bajar, y con ellos la energía y el rendimiento. En algunas deportistas, las reservas demasiado bajas de grasa se relacionan con irregularidades en el ciclo menstrual o directamente con la ausencia de menstruación, una señal de alarma que el cuerpo envía cuando percibe que no le sobra energía. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, agregó además que disponer de pocas reservas dificulta la respuesta del organismo ante infecciones graves, un dato que a mí, la verdad, me dejó pensando más de un rato.

La explicación está en lo que hace el tejido adiposo a diario, más allá de guardar combustible. Produce leptina, una hormona que le comunica al cerebro cuánta energía hay disponible. Cuando esa señal cae por falta de reservas, el organismo empieza a relegar funciones para ahorrar recursos, y lo hace en silencio, sin avisar, hasta que un análisis, una lesión o un agotamiento persistente pone el tema sobre la mesa.

Y vale la pena recordarlo acá abajo, en la provincia, donde muchas veces se sostiene la idea de que estar más flaco es siempre estar más sano: el exceso también importa, sobre todo cuando la grasa se concentra alrededor de los órganos. La acumulación de grasa visceral favorece la liberación de sustancias inflamatorias y se asocia con riesgos metabólicos que un cuerpo delgado por fuera puede estar pagando por dentro. Por eso la composición corporal, la distribución y el contexto clínico siempre cuentan más que el número que aparece en una planilla o en una pantalla de celular.

“Cuando la grasa cae demasiado, el cuerpo deja de invertir en funciones que no son urgentes: la reproducción, la reparación ósea, la defensa ante infecciones. Es una forma de priorizar, no un capricho.”Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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