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Despedidas que honran la vida, comparten el dolor y mantienen vivo el recuerdo

Rituales funerarios de distintas partes del mundo muestran que el duelo también puede transcurrir con música, comida, color, movimiento y comunidad.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · 27 de agosto de 2026 · hace 20 h

Una mañana serena ilumina las calles de Nueva Orleans cuando una banda comienza a tocar detrás del féretro. La música avanza lenta al principio y se vuelve festiva durante el trayecto desde la iglesia hasta el cementerio. Familia, amigos y vecinos bailan alrededor del cortejo, en una despedida que no busca negar la muerte sino acompañar a quienes quedan y celebrar la vida de la persona fallecida.

El Día de Muertos en México parte de la idea de que las almas regresan temporalmente al mundo de los vivos. Las familias preparan altares con sus comidas favoritas, flores, velas y objetos personales, mientras los cementerios se llenan de colores y de personas que pasan la noche junto a las tumbas. En esa tradición, la muerte se vive como una presencia breve, no solamente como una ausencia.

Formas de procesar una pérdida

En Bolivia, cada 8 de noviembre se celebra la festividad de las Ñatitas. Los creyentes llevan cráneos humanos al Cementerio General de La Paz para recibir bendiciones y los homenajean con flores, coca, cigarrillos y velas. Según la tradición, esos cráneos cuidan el hogar y pueden interceder por quienes los veneran.

En Ghana, la creatividad aparece en el ataúd. Las familias pueden encargar un féretro con la forma del oficio o la pasión del difunto, como un pescado para un pescador o un avión para un piloto. La ceremonia puede durar tres días e incluir coreografías durante el traslado del féretro.

Entre los surfistas del Pacífico, la despedida ocurre en el agua. Los deudos forman un círculo sobre sus tablas, arrojan flores al centro y cada uno comparte algo sobre la persona fallecida. Si hubo cremación, las cenizas se dispersan en ese mismo lugar.

Estos rituales, más allá de sus diferencias, cumplen una función concreta: dan un marco colectivo a una experiencia que puede resultar abrumadora. Compartir el dolor, disponer de un momento y de un lugar para expresarlo y acercarse a otras personas ayuda a transitar la pérdida. Por eso, en muchas comunidades, la despedida también puede convertirse en una manera de mantener vivo el recuerdo.

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Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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