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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Desayunar o no desayunar: la pelea de cada mañana que se juega en el aula

Una revisión de investigaciones marca que saltarse la primera comida aparece asociada a peores notas y a mayor distracción en chicos y adolescentes. Especialistas insisten en que la organización de la noche anterior es la llave para sostener el hábito sin que las prisas lo derrumben.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 28 d
Desayunar o no desayunar: la pelea de cada mañana que se juega en el aula

La mañana en Buenos Aires amaneció con esa luz lechosa de junio, esa que entra por la cocina y parece no decidirse entre el frío y la promesa de un sol que tarda en aparecer. Mientras el termo empieza a hervir y las mochilas se cierran a los apurones, en muchas casas de acá abajo se repite la misma pulseada: ¿hay tiempo para desayunar o el colectivo gana la carrera? La pregunta, que parece doméstica, termina teniendo consecuencias que exceden la cocina y se meten de lleno en el aula.

Porque lo que varios estudios vienen señalando hace rato es que saltarse el desayuno no es un dato menor cuando se habla de cómo les va a los chicos y a los adolescentes en la escuela. Una revisión reciente agrupó 45 investigaciones y encontró que comer por la mañana puede mejorar la atención, la memoria y lo que los especialistas llaman función ejecutiva, es decir, esa capacidad de organizarse, planificar y resolver problemas. Ahora bien, los resultados no son iguales para todos: los beneficios aparecen con más claridad cuando hay una alimentación insuficiente o desnutrición de fondo, y varían según el tipo de prueba y las características de cada estudiante.

Lo que muestra la evidencia y lo que no

En paralelo, otro análisis que reunió 24 estudios observacionales detectó que saltearse el desayuno se asocia con un mayor riesgo de desempeño académico bajo. Acá va un dato clave que no hay que perder de vista: asociación no es lo mismo que causalidad. También pueden estar metiéndose en esa mezcla el sueño, la situación económica de la familia, la alimentación general y las rutinas de estudio. O sea, no desayunar puede ser una señal de alerta, pero no es, por sí solo, el verdugo de las calificaciones.

La noche anterior como aliada

  • Avena remojada lista para servir apenas se abra la heladera.
  • Huevos ya hervidos, duros y pelados, esperando en un recipiente.
  • Fruta lavada y cortada, lista para llevar en la mano o en un taper.
  • Sándwiches de huevo que se pueden freezar y calentar a la mañana siguiente.
  • Yogur griego con granola de bajo azúcar, una combinación rápida y rendidora.

Yo lo conversé con Marta, vecina de Lanús y madre de tres, que me lo resumió con una claridad que muchos papers envidiarían: en casa la pelea era todos los días, hasta que empezamos a dejar todo listo de la noche anterior. La dietista Jennifer Hyland, de Cleveland Clinic Children’s, explica algo parecido desde lo técnico: después del ayuno nocturno prolongado aparecen cansancio, menor claridad mental y hasta una lentitud física que se nota en los primeros minutos de clase. Desayunar, dice, es cargar nafta para las primeras horas de actividad.

Para armar esa primera comida, Hyland propone una regla simple: juntar proteínas y fibra, dos aliadas que ayudan a mantener la saciedad hasta el recreo. Esa combinación se consigue con un huevo más una tostada integral, con un cereal integral servido con leche y fruta, o con yogur griego mezclado con granola de bajo azúcar. La elección, aclara la especialista, depende de los gustos, la edad y el tiempo disponible, y no hay una cantidad única de proteína que sirva para todos los chicos.

“Reducir las opciones con mucho azúcar es clave, porque dejan hambre al rato y generan un descenso de energía que se paga a media mañana.”Jennifer Hyland, dietista de Cleveland Clinic Children’s

La evidencia todavía no termina de definir un desayuno ideal ni permite asegurar que los programas escolares que promueven esta comida mejoren las notas de manera sostenida. Lo que sí queda claro es que la organización empieza la noche anterior, que la proteína y la fibra son las amigas de la saciedad y que, en definitiva, la pelea de cada mañana termina ganándose en la cocina, antes de que suene el timbre del colegio. Como me dijo Marta mientras acomodaba los taperes en la mochila de su hijo menor: si lo dejás listo de ayer, hoy no hay excusa.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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