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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando la cabeza nos juega una mala pasada: las señales que piden consulta y no un autodiagnóstico

Un repaso por las experiencias perceptivas y los pensamientos que se imponen con tanta fuerza que alteran la rutina, y por qué la evaluación médica sigue siendo el único punto de partida sensato para entender qué está pasando.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 11 d
Cuando la cabeza nos juega una mala pasada: las señales que piden consulta y no un autodiagnóstico

Arrancamos la mañana con ese sol de invierno que se cuela por la ventana y que, en esta ciudad, ya es casi una declaración de principios. Pero hoy la nota no va del clima, aunque uno siempre termina hablándole al tiempo como si fuera un vecino más del barrio. Hoy la nota va de lo que nos pasa por dentro y que, muchas veces, no sabemos ni por dónde empezar a contar. Les quiero dejar un punteo de cosas que, en mi experiencia de lector y de alguien que habla seguido con profesionales, aparecen una y otra vez cuando se habla de la salud mental: las señales que justifican una consulta médica, las que no conviene subestimar y, sobre todo, por qué nunca está bueno quedarse en casa tratando de sacarse las dudas solo, mirando páginas de internet como quien busca la respuesta en una bola de cristal.

Ver cosas que otros no ven: no es, por sí solo, un problema psiquiátrico

Acá abajo, cuando un vecino del barrio de Belgrano me cuenta que vio una figura en el pasillo y enseguida se asustó porque piensa que es un síntoma grave, lo primero que uno tiene que entender es que la sola presencia de una percepción visual sin estímulo externo no alcanza para un diagnóstico. Existe, por ejemplo, lo que se conoce como síndrome de Charles Bonnet, donde personas con pérdida importante de visión pueden llegar a ver imágenes complejas, a veces, y al mismo tiempo reconocer que eso no está ahí afuera. No es locura, es el cerebro compensando con imágenes la falta de información visual. La evaluación en estos casos contempla exámenes neurológicos, pruebas cognitivas y, si la presentación es atípica, hasta estudios de neuroimagen para descartar otras causas que sí pueden ser preocupantes.

Distorsiones de tamaño, del cuerpo y del tiempo

Otra de las cosas que escucho seguido, casi en cualquier charla distendida, es la gente que siente que las paredes se le vienen encima o que su propia mano parece un mapa raro, desproporcionado. Eso tiene nombre clínico y se llama síndrome de Alicia en el País de las Maravillas, y puede modificar la percepción no solo visual sino también la corporal y hasta la noción del tiempo. Una revisión de 169 casos publicada en la literatura médica encontró que, en adultos, lo más frecuente era que apareciera asociado a migrañas, mientras que en menores de 18 años predominaban las encefalitis como causa. Lo que quiero decir con esto, y lo subrayo porque me parece importante, es que no es un capricho ni una exageración: es una alteración perceptual que necesita contexto clínico para entenderse, y ese contexto lo tiene que armar un profesional que vea al paciente, no Google a las tres de la mañana.

Creencias que se imponen y que cambian la vida cotidiana

Hay un tercer grupo de señales que me parece el más delicado de conversar, porque toca la fibra íntima de lo que uno cree ser y de cómo se vincula con los seres queridos. Son esas creencias fijas, sostenidas con una convicción que no se mueve ni con pruebas en contra: la sensación de no existir, de haberse transformado en un animal, de que una persona cercana fue reemplazada por un impostor. Son experiencias que requieren atención profesional y que, por favor, no deben leerse como una conducta voluntaria ni como un capricho ni como una falta de carácter. También entran en esta categoría los celos delirantes, que no son lo mismo que las discusiones de pareja de toda la vida, aunque a veces se parezcan desde afuera. Cuando algo así se instala y empieza a afectar los vínculos y la rutina, la consulta médica no es optativa, es el camino.

Hay un último punto que me parece clave y que quiero dejar por escrito porque lo escuché más de una vez en la boca de profesionales consultados para este tipo de notas. Cuando alguien siente que tiene organismos caminando sobre la piel o debajo de ella, la evaluación médica tiene que empezar por descartar una infestación real, y después seguir por otras posibles causas como déficits vitamínicos, problemas de tiroides, infecciones o el consumo de sustancias, antes de pensar en un diagnóstico psiquiátrico primario. Lo dijo una médica del equipo de salud mental con la que hablé esta semana, y lo cito porque me parece que resume todo lo que vengo contando: “No hace falta tener un diagnóstico en la cabeza para pedir una evaluación, y muchas veces el alivio llega justo cuando uno deja de adivinar y se sienta a contarle a alguien que sabe lo que le pasa, sin vergüenza y sin apuro.”

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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