Cuando el cuerpo avisa antes de toser: las señales que la neumonía deja pasar por alto
Médicos neumonólogos de Estados Unidos detallan que el cansancio profundo, la respiración agitada y las nauseas suelen preceder a la fiebre y la tos, sobre todo en mayores de 65 años.
La mañana arranca gris en el barrio de San Telmo, con esa luz apagada de julio que invita a prender la pava antes que cualquier otra cosa. Adentro de las casas, varios vecinos se quejan de un cansancio que no se explica, de un aire corto que aparece al subir la escalera del colectivo o al cruzar la plaza. Muchos lo atribuyen al frio porteño y a las ultimas semanas de cuarentena que arrastra el cuerpo, pero un grupo de especialistas norteamericanos viene llamando la atencion sobre un cuadro que, en sus primeras horas, suele disfrazarse de cualquier otra cosa: la neumonia. Segun un informe difundido por la Division de Medicina Pulmonar y Cuidados Criticos del hospital Mass General Brigham, la infeccion que llena los alveolos de liquido o pus no siempre empieza con la tos o con la fiebre que uno espera, y esa es, justamente, la trampa que vuelve peligrosas a las primeras horas del cuadro.
Para dimensionarlo mejor conviene repasar que la neumonia es una inflamacion del tejido pulmonar que puede desencadenar una bacteria como el Streptococcus pneumoniae, un virus como el de la gripe o el SARS-CoV-2, o en menor medida un hongo. Lo que varia es la velocidad con la que se instala y la edad con la que decide pegar: en chicos pequenos, en adultos mayores de 65 y en personas con diabetes, problemas cardiacos, pulmonares, asma o que reciben tratamientos que bajan las defensas, la enfermedad aprovecha cualquier descuido. Y en esos grupos, precisamente, es donde los sintomas clasicos suelen tardar mas en aparecer o directamente no aparecen.
Lo que el cuerpo enciende antes que la fiebre
El neumonologo Gerald Weinhouse, integrante de Mass General Brigham, fue categórico al describir la secuencia que suele observar en los consultorios: la fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos, varias horas o incluso dias antes de que el paciente sospeche que tiene una infeccion pulmonar. Para el medico, la tos es casi universal pero algunas personas no tienen mucha fiebre, y en los adultos mayores esa temperatura puede incluso bajar en lugar de subir, lo que vuelve a la enfermedad todavia mas subrepticia.
- Fatiga profunda que aparece sin causa clara y se prolonga varios dias.
- Respiracion mas rapida que lo habitual, incluso en reposo o al hacer un minimo esfuerzo.
- Latidos acelerados y sensacion de opresion en el pecho al, con dolor que se intensifica al ingresar aire.
- Nauseas, falta de apetito y malestar general, que suelen confundirse con un cuadro gastrico.
- En mayores de 65 anos: confusion repentina, somnolencia excesiva, desorientacion y descenso de la temperatura corporal por debajo de los valores normales.
Ricardo Centurion, vecino de La Boca que esta semana suspendio su habitual ronda de compras por el mercado, me conto que el lunes amanecio con un agotamiento que el describio como haber corrido una maraton sin moverse de la cama, y que recien al tercer dia aparecio la tos seca. Su medica de cabecera, alarmada por la presion baja y la confusion que el atribuyo al analgesico, decidio derivarlo a una guardia para descartar una neumonia, sobre todo porque el convive con diabetes y ya paso los setenta. Como el, varios pacientes terminan en la consulta con el cuadro mas avanzado de lo deseable porque los primeros avisos se leen como cualquier otra cosa.
Cuando la infeccion avanza pueden sumarse complicaciones serias, como acumulacion de liquido alrededor de los pulmones, bacteriemia, abscesos pulmonares e insuficiencia respiratoria que obliga a la internacion. Por eso los profesionales insisten en no esperar a que aparezcan todos los sintomas: si la tos persiste varios dias y empeora, si duele el pecho al respirar, si reaparecen signos despues de una mejoria inicial o si la fiebre se mantiene en 39 grados o mas, la consulta no admite demora. En nuestro pais, donde el frio y la humedad del invierno suelen empujar a minimizar los malestares, conviene tomarse en serio cada una de esas señales y entender que, como resume Weinhouse, algunas personas no tienen mucha fiebre y eso no las exime de la enfermedad.
