Cerebro izquierdo, cerebro derecho: por qué la moda de clasificarnos así no se sostiene con evidencia
La idea de que cada persona piensa con una mitad del cerebro es tentadora y se repite en conversaciones, escuelas y test de internet. Un estudio con más de mil voluntarios y la lectura de especialistas dejan en claro que la ciencia cuenta otra historia.
La mañana en la redacción arrancó con esa claridad de agosto que entra por la ventana y se queda en el escritorio: apenas un poco de bruma sobre la avenida y la luz todavía tibia, sin apuro. Mientras el café se calentaba, me llegó un mensaje de Graciela, vecina del barrio de Once, que me escribía casi ofuscada porque en la escuela de su nieto le dijeron que el chico era "de cerebro derecho" y por eso no rendía en matemática. Lo que empezó como una queja doméstica terminó siendo una de las notas más interesantes de la semana, porque detrás de esa etiqueta se esconde un mito que atraviesa aulas, consultorios y conversaciones de café desde hace décadas, y que sin embargo no tiene el sustento científico que muchos le atribuyen.
La idea que se instaló y por qué no se sostiene
Durante años circuló, y todavía circula, una clasificación que resulta muy cómoda: las personas "de cerebro izquierdo" serían racionales, analíticas, metódicas; las "de cerebro derecho", creativas, intuitivas, desordenadas. La propuesta aparece en cuestionarios virales de internet, en propuestas pedagógicas y hasta en dinámicas de trabajo en oficina. El problema es que no hay evidencia sólida que respalde esa división como un rasgo estable de la personalidad.
- El hemisferio izquierdo interviene de modo destacado en el lenguaje y controla los movimientos del lado derecho del cuerpo.
- El hemisferio derecho participa del procesamiento visual y espacial y gobierna el lado izquierdo.
- Esa distribución existe, pero no permite inferir si alguien es más lógico o más creativo por naturaleza.
Lo confirmó en diálogo con este portal la psicóloga Grace Tworek, de la Clínica Cleveland, con una frase que vale la pena repetir: "Las fortalezas individuales de cada uno no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad". Es decir, que a alguien se le den bien los números no significa que su hemisferio izquierdo sea el "jefe", como tampoco pintar bien implica que el derecho lleve la batuta.
Qué encontró la ciencia cuando miró cerebros de verdad
Para separar el mito de los datos, un equipo de investigadores publicó en la revista PLOS ONE un trabajo con 1.011 personas de entre 7 y 29 años, a las que se les estudió la conectividad cerebral en reposo. Detectaron regiones con lateralización, es decir, áreas efectivamente más activas de un lado que del otro: por ejemplo, zonas vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho. Hasta ahí, el mito parece confirmarse. Pero al analizar los patrones de conjunto, no apareció una conexión que favoreciera de manera sistemática a un hemisferio sobre el otro en cada individuo. La especialización es local, de redes puntuales, y no una característica global que permita catalogar a las personas.
A eso se le suma un detalle anatómico que muchas veces se olvida: los dos hemisferios están permanentemente comunicados por el cuerpo calloso, una suerte de autopista de fibras nerviosas que conecta las mitades izquierda y derecha. Esa coordinación es la que hace posible algo tan cotidiano como mantener una conversación, donde al mismo tiempo se procesan palabras, se interpreta el tono de voz, se leen gestos y se maneja el contexto emocional. Si una mitad dominara a la otra, tareas así serían imposibles.
De dónde viene la confusión y qué consecuencias trae
El mito tiene un origen concreto, y conviene contarlo para entender por qué se difundió tanto. En la segunda mitad del siglo XX se estudiaron pacientes a los que se les había seccionado el cuerpo calloso como recurso extremo para controlar crisis epilépticas graves. Esas investigaciones, legendarias en neurociencia, mostraron que cada hemisferio puede responder de manera algo distinta ante ciertos estímulos. Pero se trataba de cerebros con lesiones o intervenciones muy específicas, no de cerebros sanos funcionando en la vida diaria. Extrapolar esos hallazgos a la población general fue un salto que la ciencia nunca autorizó.
“Las fortalezas individuales de cada uno no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic
