Azcuénaga, el pueblo de los diez tenedores: una escapada gastronómica a cien kilómetros de la ciudad
Con apenas 350 habitantes, esta localidad bonaerense reúne una decena de restaurantes, alojamientos en edificios centenarios y caminos rurales que invitan a una jornada con sabor a campo. Sebastián Vukovic recorre su oferta, sus precios y sus horarios para organizar la visita.
A poco más de cien kilómetros del centro porteño, Azcuénaga se presenta como una alternativa distinta dentro del abanico de escapadas de fin de semana que ofrece la provincia de Buenos Aires. El pueblo, que no supera los 350 habitantes según los registros locales, concentra una oferta gastronómica llamativa para su tamaño y conserva edificaciones de principios del siglo XX que le otorgan un perfil particular. Quienes decidan acercarse deben tener presente, antes que nada, la dinámica de los servicios: la mayoría de los restaurantes abre los fines de semana y trabaja con reserva, especialmente los domingos, cuando la demanda se incrementa.
Diez mesas para elegir entre parrilla, pastas y cocina francesa
La oferta se distribuye en diez establecimientos que combinan tradiciones italianas, francesas y criollas. Almacén C&T funciona en la antigua Casa Terren, un edificio de 1912 recuperado por la familia Coarasa, y se especializa en carnes y picadas. La Porteña propone pastas y osobuco con risotto de calabaza, mientras que Lo de Grace sirve parrilla y pastas libres en una construcción rodeada de campo. Cucina de Santo suma opciones de pastas y mariscos, y Le Four mantiene, bajo la conducción de la cocinera Vanesa Plaza, una carta de raíz francesa con preparaciones como cordero con ciruelas. Completan el circuito La Posta y Silvestre, junto al buffet del Club Recreativo Apolo, donde Marcelo Santander y Marcela Ronco elaboran ravioles caseros y milanesas.
Para quienes prefieran una visita sin reserva, el buffet del club abre durante la semana y permite almorzar en el pueblo sin previo. El resto de los locales, en cambio, recomiendaar con anticipación, sobre todo los domingos, cuando se concentran las visitas de turistas y vecinos de localidades vecinas.
Alojarse en una fonda centenaria, una hostería o cabañas con pileta
La propuesta de hospedaje resulta tan variada como la gastronómica. La Piamonte incorporó habitaciones en el edificio que ocupaba la Fonda de Sforzini desde 1903, ubicada frente a la antigua estación ferroviaria, lo que permite dormir en una construcción con más de un siglo de historia. La Magnolia ocupa una casona rural, Rancho Aparte dispone de cabañas con pileta, y El Nido suma otra alternativa dentro del ejido urbano. Algo más alejados, en dirección a San Antonio de Areco, se encuentran Los Vagones de Areco, una propuesta que reutiliza vagones ferroviarios reconvertidos en alojamiento.
Tarifas, horarios y reservas: lo que hay que saber antes de salir
Los restaurantes trabajan mayormente los sábados y domingos, con servicio de almuerzo que en general se extiende desde el mediodía hasta la tarde. Las reservas se gestionan de forma directa con cada establecimiento y resultan indispensables los domingos y en fechas largas. En el caso del buffet del Club Recreativo Apolo, la atención se extiende también a los días de semana, lo que lo convierte en la opción más accesible para visitas improvisadas. Los alojamientos, por su parte, admiten reservas con anticipación variable según la temporada, y conviene consultar disponibilidad directamente con cada propiedad antes de emprender el viaje.
En materia de movilidad interna, el pueblo se recorre a pie sin inconvenientes. En pocas manzanas se transita desde el centro hacia los caminos rurales, donde circulan bicicletas y motos. Las condiciones del terreno dependen del clima: después de lluvias puede haber barro, mientras que en días secos el polvo domina el paisaje. Entre los senderos es posible avistar liebres, vizcachas y lechuzas, especies habituales de la zona.
Panadería con horno a leña y una capilla de 1907
La recorrida incluye dos paradas que funcionan como complemento del circuito gastronómico. La Moderna es una panadería fundada en 1917 donde Laura González y sus hijas elaboran galleta de campo en un horno a leña, una elaboración que mantiene el método tradicional. La capilla Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1907, abre sus puertas los fines de semana gracias a la atención de Ramona Lescano, y forma parte del patrimonio arquitectónico del pueblo.
Para llegar desde Buenos Aires, el camino más utilizado es la ruta nacional 8 hasta el acceso hacia Azcuénaga, con un trayecto aproximado de una hora y media en vehículo particular. Quienes viajen desde Río Gallegos deberán considerar que la distancia ronda los 2.400 kilómetros, por lo que la escapada forma parte de un itinerario mayor hacia la provincia de Buenos Aires. Los viajeros deben atender al estado de las rutas, especialmente en época de lluvias, y contemplar la advertencia habitual sobre los vientos fuertes en la zona pampeana durante los meses de primavera y verano.
La combinación de almuerzo, caminata por el pueblo y pernocte en alguna de las opciones de alojamiento permite armar tanto una visita de día como una estadía más larga. Para reservas y consultas, los interesados pueden comunicarse con la Municipalidad de San Antonio de Areco, partido al que pertenece Azcuénaga, o bienar de manera directa con cada uno de los establecimientos mencionados.
