Volver a Facebook y caer en la propia trampa: lo que falla en la nueva película de Sorkin
La secuela de "La red social" llega con un Sorkin que dirige su propio guión y repite los mismos vicios de siempre: soliloquios eternos, interiores mal iluminados y unaismo que nadie le discute.
Te voy a ser sincera: cuando me senté a ver "El precio de la red", todavía estaba con el ruido del paquete de pochoclos y con la expectativa de quien creció mirando "La red social" como si fuera un manual sobre cómo se destruye una amistad a fuerza de likes. La sala estaba bastante llena, con un público de treintaipocos y mil para arriba, bastante mezclado, y la verdad es que el ánimo arrancó enchufado. Terminé la función con esa sensación agridulce que te queda cuando algo te promete mucho y te termina dando un abrazo a medias.
Un guionista que se queda solo frente al volante
La película vuelve a poner a Aaron Sorkin en el universo de Mark Zuckerberg, y otra vez el problema central no está en lo que escribe, sino en cómo lo filma. Es que el pibe tiene un talento bárbaro para los diálogos filosos, pero cuando nadie lo frena, esa virtud se convierte en un defecto: se estira, se estira y se estira. Hay secuencias enteras que existen, básicamente, porque suenan lindo cuando las decís en voz alta en el living de tu casa. Quedan lindas en off, pero en la pantalla no llevan a ningún lado.
Y mirá, no soy de las que repite el verso fácil, pero los números le pican. Ahí están los antecedentes: David Fincher en "La red social", Danny Boyle en "Steve Jobs", Rob Reiner en "Algunos hombres buenos". Todos ellos le pusieron un coto al Sorkin más desatado. "Molly's Game", su debut como director, fue mirada con cierta benevolencia por la crítica, pero los siguientes trabajos confirmaron la sospecha: los mejores resultados de sus textos llegaron cuando otro se sentó en la silla caliente. Acá, otra vez, Sorkin tiene control total, y se nota.
- Diálogos extensos que funcionan más en audio que en imagen.
- Interiores con problemas de iluminación notorios, llamativo porque repite director de fotografía de "La red social".
- Un montaje sin urgencia, donde las escenas pasan sin que nada termine de empujarte al borde de la butaca.
- Una mirada idealista de Zuckerberg que nadie se ocupa de cuestionar en off.
“Sorkin es, según esa línea, un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Bill Burr, en uno de los diálogos del filme
La frase que resume todo y la pregunta que queda flotando
Es raro ver a una película incluir en su propio guión la lectura más filosa que se le puede hacer. El personaje que interpreta Bill Burr suelta esa idea del guardia de tránsito mirando el choque, y la sala se rió, claro, pero también se hizo un silencio del estilo "uh, le pegó". El filme lo sabe, lo dice, y aun así no hace nada por cambiar el rumbo. Es un poco como reconocer la herida y seguir rascando.
¿Coincidís con la lectura de que Sorkin funciona mejor cuando otro dirige sus guiones, o creés que hay algo valioso en su control total sobre el material? Te leo en los comentarios, porque esta vuelta de Facebook dejó más preguntas que respuestas, y la próxima función es una buena excusa para volver a revisarla con ojos frescos. Por ahora, la entrada general en la mayoría de las cadenas ronda los 4.500 pesos, y sigue en cartel en varias salas del centro y de los shoppings de la zona norte.
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