Viz.ai, la plataforma que Bill Gates puso bajo la lupa: cómo la inteligencia artificial detecta un ACV antes que el médico de guardia
El cofundador de Microsoft destacó en su blog a una herramienta que ya trabaja en casi 2.000 hospitales de Estados Unidos. Qué hace, por qué importa y qué otras aplicaciones tiene la IA en salud, agricultura e investigación científica.
Esta semana se me trabó el teclado de la notebook y me acordé de esa frase que dice Bill Gates: la tecnología no sirve si no resuelve un problema concreto. Y resulta que el fundador de Microsoft viene predicando con el ejemplo. En su blog personal, le puso nombre y apellido a una plataforma de inteligencia artificial que ya funciona en casi 2.000 hospitales de Estados Unidos y que se dedica a algo tan delicado como salvar vidas: detectar accidentes cerebrovasculares y otras urgencias a partir de estudios médicos.
Viz.ai: la herramienta que lee estudios antes que el especialista
Se llama Viz.ai y la idea es bastante directa. El sistema analiza las imágenes de un estudio y, si detecta algo que parece un ACV, le avisa al equipo médico en cuestión de minutos. Traducido al lenguaje de cualquier mortal: es como tener un médico radiólogo mirando la placa las 24 horas, sin cobrar guardias y sin dormirse a las tres de la mañana.
Gates lo puso como ejemplo paradigmático de lo que la IA puede hacer en salud, sobre todo en hospitales chicos donde no siempre hay un neurólogo de guardia. En esos centros, perder tiempo puede significar la diferencia entre que un paciente se vaya caminando a su casa o termine con una secuela permanente.
Adónde más apunta la IA según Gates
El fundador de Microsoft no se quedó en la emergencia cerebrovascular. En su publicación mencionó otros usos que ya están dando vueltas o que podrían llegar pronto:
- Apoyar a los médicos de atención primaria en el diagnóstico y en el seguimiento de pacientes fuera del consultorio.
- Explicar resultados de estudios o indicaciones de medicamentos en lenguaje accesible.
- Acompañar la falta de profesionales en salud mental, un déficit que en Estados Unidos es pronunciado y que también golpea a la Argentina.
- Asesorar a productores agrícolas de países de bajos ingresos sobre semillas, enfermedades y manejo del suelo, algo equivalente a tener un agrónomo en el bolsillo.
- Revisar millones de papers científicos para encontrar patrones y sugerir por dónde vale la pena experimentar, ya sea en tratamientos contra cáncer o en energía nuclear.
Sobre esto último, Gates fue gráfico: dijo que esas capacidades podrían permitir que empresas chicas compitan con organizaciones que hoy tienen presupuestos millonarios. Algo así como nivelar la cancha con una herramienta en la nube, aunque claro, después hay que ver quién la paga.
El costado incómodo: acceso desigual y empleo
Gates no se hizo el distraído. Reconoció que para que estos beneficios lleguen a todo el mundo hay que ocuparse de dos temas espinosos: la desigualdad de acceso y el impacto en el empleo. La inteligencia artificial no sirve de mucho si solo la usan los hospitales de las grandes ciudades mientras el resto sigue esperando. Y, por el otro lado, nadie puede mirar para otro lado cuando una herramienta empieza a hacer tareas que hoy hacen personas.
Mi consejo práctico de hoy: la próxima vez que leas sobre IA en salud, no te quedes con la palabra "revolución" y preguntate dos cosas. Una, si la herramienta ya se usa en algún lugar real y con resultados medibles. Dos, quién la paga y quién se queda afuera. Si las dos respuestas son convincentes, recién ahí empezá a entusiasmarte. Y si no, archivala en la carpeta de promesas hasta nuevo aviso.
