Una tesis oral para quebrar el silencio: Esteban Fontana hizo historia en los tribunales de Neuquén
El primer abogado hipoacúsico de la Patagonia recibió el reconocimiento de la Legislatura neuquina. A los 41 años, repasó una vida de lucha contra la discriminación, el bullying escolar y las barreras de comunicación que sorteó con lectura labial, esfuerzo fonoaudiológico y la ayuda de su hermana Noelia.
La mañana en Neuquén amaneció con esa luz finita del invierno patagónico, esa que se cuela entre los edificios del centro y deja todo con un tono gris plata, casi de fotografía vieja. Acá abajo, en la provincia, las noticias grandes suelen ser las de siempre: la Vaca Muerta, la política, el clima. Pero esta vez el telediario se detuvo en una historia distinta, de esas que conmueven sin hacer ruido. La Legislatura neuquina declaró de interés legislativo el logro de un vecino del barrio Copol, un abogado de 41 años que se recibió con calificación sobresaliente y que, según los fundamentos del reconocimiento, es el primer profesional con hipoacusia en obtener ese título en toda la Patagonia. Se llama Esteban Fontana y su historia, créanme, vale la pena ser contada despacio, como él le pide al mundo que hable.
Una infancia entre burlas y la promesa de su hermana
Esteban nació con sordera profunda y recibió el diagnóstico siendo apenas un bebé. No había antecedentes en la familia, así que sus padres se largaron a buscar respuestas, a golpear puertas, a recorrer consultorios hasta encontrar a un fonoaudiólogo que lo acompañó durante casi veinte años. Fue a través de ese vínculo larguísimo, paciente, de todos los días, como aprendió a leer, a modular, a pronunciar palabra por palabra, y a desarrollar la lectura labial, esa herramienta que se volvió indispensable para moverse en un mundo hecho para los que oyen.
Pero la infancia, claro, no fue fácil. Desde los cinco años cargó con burlas, empujones, golpes y el aislamiento cruel del patio de la escuela. Yo lo escuché reconstruir esa parte con una calma que duele, y entendí que detrás de cada abogado que hoy se para frente a un tribunal hay un nene que peleó mucho más que los libros. A los ocho años llegó a un punto de quiebre, un momento oscuro que él prefiere no detallar demasiado, pero que cambió todo. Fue entonces cuando su hermana Noelia lo agarró de la mano, lo miró fijo y le soltó una frase que él repite casi como un mantra: Esperá, porque en el futuro te esperan cosas muy lindas.
“Me prometí que no importara cuánto sufriera, iba a superar las barreras y demostrar que podía ser alguien valioso.”Esteban Fontana
Seis años de facultad y una defensa a pedido de silencio
La primaria la cursó en el barrio Copol, la secundaria la completó en dos escuelas distintas, y en cada paso tuvo que reinventarse, aprender a leer los labios de los profesores, a pedirles que no hablaran de espaldas, a estudiar de forma autodidacta cuando el ritmo de la clase lo dejaba afuera. Cuando llegó a la Universidad Siglo 21 y eligió Derecho, sabía que se metía en una carrera hecha de oralidad, de palabras dichas en tiempo real, de matices que un oyente capta sin pensar. Por eso trabajó el doble, se apoyó en sus compañeros y, llegado el momento de la defensa de tesis, sobre maternidad en el servicio penitenciario, les pidió a los profesores algo simple y enorme al mismo tiempo: que hablaran despacio. La calificación fue sobresaliente.
- Nació con sordera profunda y fue diagnosticado de bebé en Neuquén.
- Recibió acompañamiento fonoaudiológico durante casi veinte años.
- A los cinco años comenzó a sufrir bullying, golpes y aislamiento escolar.
- Su hermana Noelia lo contuvo a los ocho años con la frase Esperá, porque en el futuro te esperan cosas muy lindas.
- Cursó seis años de Derecho en la Universidad Siglo 21.
- Se recibió con calificación sobresaliente con una tesis sobre maternidad en el servicio penitenciario.
- La Legislatura neuquina declaró su logro de interés legislativo y lo reconoció como el primer abogado hipoacúsico de la Patagonia.
La Legislatura neuquina, en los fundamentos del reconocimiento, marcó un punto clave que a mí me parece central y que va más allá del caso de Esteban: el mérito académico de una persona con discapacidad no debería depender de su capacidad para compensar por sí misma las barreras institucionales. Es decir, que el esfuerzo de Esteban es enorme, admirable, pero el Estado también tiene que hacer su parte, porque si todo depende de la voluntad individual, la inclusión queda en manos de la suerte. Acá abajo, en la provincia, hay muchos Estebanes dando pelea, y ojalá esta historia les abra un poquito más el camino.
