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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una promesa, un viaje y una mano tendida: la cruzada solidaria de un voluntario neuquino que cruzó el continente

Juan Diego Lorente, titular de la filial de Cruz Roja en Neuquén, cumplió el último deseo de un venezolano internado durante 416 días y luego siguió hasta el país caribeño para colaborar como voluntario tras el terremoto, todo costeado de su propio bolsillo.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 31 d
Una promesa, un viaje y una mano tendida: la cruzada solidaria de un voluntario neuquino que cruzó el continente

La mañana en Neuquén se levanta todavía con esa luz cruda del invierno patagónico, esa que se cuela entre los cerros y deja todo con un tono gris azulado que, viste, a uno lo obliga a levantarse con algo más de abrigo del que uno pensaba. Acá abajo, en esta provincia donde las distancias se miden en horas y las solidaridades se cruzan en las esquinas más inesperadas, uno escucha historias que, de tan grandes, cuesta meterlas en un párrafo. Y la que me tocó contar en estos días tiene esa forma particular que solo adoptan los relatos cuando la voluntad de alguien se pone por encima de cualquier razonamiento lógico: la de un hombre que recibió las cenizas de otro hombre y, en lugar de volverse, siguió viaje hasta un país devastado por un terremoto, con plata de su propio bolsillo, para tender una mano.

El último deseo de Néstor

La historia empieza, como tantas otras que conmueven al sur argentino, en una cama de hospital. Néstor Tovar Ibarra era un ciudadano venezolano que había elegido a Neuquén como lugar para armar su vida, pero una caída le cambió el destino: una lesión medular lo dejó paralítico y pasó 416 días internado en el Hospital Provincial Neuquén, primero atendido por el equipo de Traumatología, después acompañado por integrantes de la comunidad venezolana local y por voluntarios de Cruz Roja. Ya durante esa internación le diagnosticaron cáncer de próstata y murió sin haber podido regresar a su tierra. Antes de irse, dejó un pedido concreto, de esos que a uno le quedan dando vueltas en la cabeza durante días: que sus cenizas llegaran hasta su hermano Adrián, que vivía en Perú.

Ahí aparece Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, un tipo al que le sobran ganas y le faltan excusas. Lorente asumió el compromiso como propio y se puso a coordinar el traslado con el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Las cenizas llegaron a destino, fueron entregadas a la familia y, podríamos pensar, ahí terminaba la historia. Pero no: Lorente no volvió. Decidió, por iniciativa propia y con el respaldo de su familia, seguir viaje hasta Venezuela para ponerse a disposición de la Cruz Roja Venezolana como voluntario frente a los efectos del terremoto que había sacudido al país.

  • Néstor Tovar Ibarra estuvo 416 días internado en el Hospital Provincial Neuquén tras una caída que le provocó una lesión medular.
  • Durante la internación le diagnosticaron cáncer de próstata y murió sin haber podido regresar a su país.
  • Su último deseo fue que sus cenizas fueran entregadas a su hermano Adrián, que vive en Perú.
  • Juan Diego Lorente, titular de la filial neuquina de Cruz Roja, coordinó el traslado de las cenizas a través del Movimiento Internacional de la Cruz Roja.
  • Concluida esa misión, Lorente viajó por cuenta propia a Venezuela para colaborar como voluntario tras el terremoto.
  • Cruz Roja Argentina aclaró que no hay una misión operativa oficial de su personal en Venezuela, aunque sí se brindaron apoyo material y económico.

Una misión que no es operativa

Conviene aclararlo, porque en estos tiempos uno no quiere prestarse a confusiones: Cruz Roja Argentina salió a remarcar que no existe una misión operativa oficial de su personal en Venezuela. Sí hay apoyo material y económico de la organización, y existen mecanismos previstos para activar un eventual despliegue si la situación lo requiere. El viaje de Lorente fue, entonces, una decisión estrictamente personal, financiada con recursos propios y con el aval afectivo de su familia, que es, me parece a mí, lo que vuelve a esta historia todavía más significativa.

La plaza, el profesor y una herida abierta

Ya en Venezuela, Lorente recorrió las zonas que el terremoto dejó marcadas: edificios dañados, estructuras colapsadas, sectores enteros golpeados por el sismo. Y fue en uno de esos recorridos, cerca de su alojamiento en Caracas, donde la historia dio otro giro inesperado. En una plaza, abierto hasta la medianoche, gratuito, con un profesor presente, funciona un gimnasio al aire libre. Lorente, ligado desde hace años al culturismo, se detuvo y empezó a charlar con ese profesor, como uno hace acá abajo cuando se cruza con alguien que comparte una pasión.

La charla se fue corriendo de lo deportivo y se metió en el terreno de lo humano, que es donde se cruzan las historias que realmente valen la pena. El hombre le contó de pérdidas familiares que el terremoto le dejó, de un distanciamiento largo con su madre, de 73 años, y de un lugar concreto, vinculado al sismo, al que había intentado acercarse sin poder hacerlo por el peso emocional que le generaba. Lorente no se quedó en el consuelo verbal: le ofreció algo más concreto. Le dijo que quiere estar a su lado cuando intente el reencuentro con su madre y cuando se acerque a ese sitio al que no pudo llegar solo. Es, si uno lo piensa, la misma lógica que lo llevó a cargar las cenizas de un desconocido hasta Perú: estar, simplemente estar, cuando hace falta.

“Yo quiero estar al lado de él cuando intente reencontrarse con su madre y cuando vaya a ese lugar al que no pudo acercarse solo.”Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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