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Un museo de adobe y silencio en el corazón de la Quebrada de Huichaira

En la ruta 9 frente a Tilcara, sin un solo cartel que lo anuncie, funciona un museo de fotografía argentino y latinoamericano que el fotógrafo Lucio Boschi fue levantando con sus propias manos y con cartas a colegas. Hoy tiene biblioteca, residencias y una escuela gratuita para pibes de las provincias.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · 27 de agosto de 2026 · hace 23 h

La mañana acá arriba se abre con una luz que no se parece a nada: es blanca, seca, y entra como pidiendo permiso por las rendijas de las paredes de adobe. Son las nueve y algo en la Quebrada de Huichaira, al frente de Tilcara, y todavía no se escuchan los motores de los primeros colectivos sobre la ruta 9. En ese silencio trabaja, desde hace más de una década, un museo que la mayoría de los turistas pasa de largo sin saber que existe. No hay un solo cartel que lo anuncie desde el camino, y esa ausencia, lejos de ser un descuido, es la primera decisión fuerte del lugar.

El lugar se llama Museo Entre los Cerros, MEC para los que ya lo conocen, y está plantado a 2.700 metros de altura en un terreno que su fundador, el fotógrafo Lucio Boschi, eligió hace años siguiendo el cauce del río Huichaira, como quien sigue una corazonada. Boschi tiene 60, nació en la provincia de Buenos Aires y se radicó en el norte después de años de subir y bajar cerros con la cámara al hombro. La casa de barro que construyó primero se fue transformando, ladrillo por ladrillo, en salas de exposición que hoy guardan obra de algunos de los nombres más potentes de la fotografía argentina y latinoamericana.

Una colección armada a fuerza de cartas y de paciencia

La colección permanente del museo no se armó con plata ni con gestores culturales: se armó con cartas. Boschi, que durante años tejió contactos en galerías y bienales internacionales, se sentó una temporada entera a escribirles a colegas pidiéndoles una foto para un museo que todavía no existía como tal. Le dijeron que sí Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, entre otros. La selección es un mapa del género en el continente y, al mismo tiempo, el currículum afectivo de un tipo que durante décadas estuvo del otro lado de la cámara.

El edificio es de adobe y la luz natural entra como si la hubieran invitado: ilumina las paredes, se posa sobre los marcos y se mezcla con el paisaje que se cuela por las ventanas. Esa decisión arquitectónica no es un detalle estético, es una manera de pensar el museo. Acá adentro la montaña no queda afuera: forma parte de la visita, igual que los bancos de madera donde uno se sienta a mirar una foto durante cinco minutos sin que nadie apure a nadie.

Sin publicidad, pero con público de todo el país

La gran apuesta de Boschi fue no promocionar el museo. Ni redes sociales pagadas, ni folletos en la terminal de Tilcara, ni gigantografías sobre la ruta. La idea, me cuenta, era que el lugar se llenara de a poco, con visitantes que llegaran recomendados o de pura curiosidad. Y funcionó. Los primeros fueron los chicos de la escuela de Huichaira, en su mayoría pibes del pueblo y de comunidades cercanas. Después cayeron guías locales, grupos de fotógrafos y, con el correr de los años, curadores y directores de museos internacionales de primer nivel, que se hospedan en la zona y bajan al MEC como quien va a una cita importante.

Mariana, vecina del barrio de Huichaira y cocinera de un comedor de la zona, me atiende con un mate en la mano mientras le pregunto qué sabe del museo. 'Al principio mirábamos raro, no entendíamos bien qué era, hasta que un día nos invitaron a entrar. Ahora los chicos del secundario van a hacer talleres, y cuando viene gente de afuera siempre cae algo: se queda, pregunta, compra pan en la panadería de acá abajo. Nos acostumbramos a que esté.' Esa frase, la de 'acá abajo', me la voy a repetir varias veces durante la jornada: define una geografía y una forma de habitar el territorio que desde Buenos Aires cuesta traducir.

Una escuela gratuita para fotógrafos de las provincias

El Museo Entre los Cerros no se quedó en la idea de coleccionar y exhibir. Con los años sumó una biblioteca abierta, un programa de residencias artísticas para fotógrafos que llegan de otras provincias y, sobre todo, una escuela de formación gratuita pensada para jóvenes de las provincias, muchos de ellos de contextos donde acceder a un taller de fotografía es casi un lujo. El programa combina clases teóricas, prácticas en el terreno y edición, y se complementa con las visitas de artistas que pasan por las residencias. Es, en los hechos, una cantera de nombres nuevos para un mapa fotográfico que siempre miró más a Buenos Aires que al interior.

  • Colección permanente de fotografía argentina y latinoamericana reunida por donaciones de los propios autores.
  • Arquitectura de adobe que integra la luz natural y el paisaje de la Quebrada como parte de la exhibición.
  • Programa gratuito de formación para jóvenes fotógrafos de distintas provincias, con biblioteca y residencias artísticas.
  • Acceso por la ruta 9 desde Tilcara; se recomienda llevar tiempo, calzado cómodo y paciencia para los caminos de ripio del cerro.
  • Sin señalización en la ruta ni campaña de promoción: el museo se descubre de boca en boca o por recomendación.

Para llegar, lo más práctico es tomar la ruta 9 desde Tilcara y preguntar por la Quebrada de Huichaira: el GPS suele quedar corto en los tramos finales. Conviene ir con tiempo, sentarse en los bancos del museo, y dejarse llevar por la lentitud que propone el edificio. A veces, en este país de apuro permanente, un museo sin cartel termina siendo un acto de resistencia: obliga a buscarlo, a preguntar, a perderle el rastro al celular un rato.

Antes de irme, Boschi me acompaña hasta la puerta y me dice, con esa calma de quien lleva veinte años viviendo entre cerros: 'Cuando nadie te dice adónde ir, terminás encontrando cosas que no estabas buscando.' Esa frase me queda dando vueltas mientras bajo por el camino de tierra, con el sol ya pegando fuerte sobre las paredes coloradas de la quebrada. Es, acaso, la mejor manera de definir lo que pasa acá arriba, en este museo sin cartel que insiste, en silencio, en abrir sus puertas.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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