Un estudio con más de 157 mil muestras pone la lupa sobre un parásito intestinal que cruza la frontera entre gatos y personas
Un relevatorio publicado en PLOS One revisó registros de Estados Unidos y Canadá y volvió a encender la pregunta de siempre en los hogares con felinos: qué tan cerca estamos de un bicho que no entiende de especies.
Amaneció con esa neblina finita que se pega a los vidrios y uno sale a comprar el pan sin apuro, mirando cómo la luz se hace pedazos contra el pasto mojado. Por esas casualidades de la mañana, mientras esperaba el colectivo en la esquina de siempre, me crucé con Adrián, el vecino del barrio La Comercial que tiene dos gatos y la costumbre de hablar sin que nadie le pregunte. Venía con el diario abierto y me soltó la pregunta que muchos dueños de felinos se hacen cuando chusmean las páginas de ciencia: ¿es cierto que los gatos pueden pasarnos un parásito y uno ni se entera? Le dije que volviera a las seis de la tarde, que ahora tenía que escribir y que la respuesta la íbamos a leer juntos.
Lo que se publicó esta semana en la revista PLOS One le da la derecha a la preocupación de Adrián y de cualquier persona que conviva con un minino. Un equipo de investigadores revisó 157.616 muestras de materia fecal de gatos domésticos enviadas a un laboratorio comercial de referencia, con datos recabados entre marzo de 2022 y agosto de 2023, y encontró que el 6,3 por ciento de los animales -es decir, 9.962 gatos- dieron positivo para Giardia duodenalis, un protozoo intestinal conocido por provocar diarreas y malestares digestivos.
Las variantes que miran de cerca a los humanos
Pero el dato que más resonó no es el global, sino el detalle. Dentro del grupo de gatos infectados, el 18,5 por ciento -1.840 animales- portaba los ensamblajes genéticos A y B, que son los que pueden transmitirse también a personas y a otros mamíferos. La mayoría de los positivos, en cambio, llevaba el ensamblaje F, más asociado a la especie felina. La diferencia no es menor: a la hora de tomar precauciones en la casa, importa saber qué tipo de Giardia está en juego.
- El 6,3 por ciento de los 157.616 gatos analizados dio positivo para Giardia duodenalis.
- El 18,5 por ciento de los infectados portaba las variantes A o B, potencialmente transmisibles a humanos.
- Los gatos menores de un año concentraron la mayor prevalencia, con el 10,7 por ciento de positivos, frente al 1,3 por ciento en adultos.
- Entre los jóvenes infectados, el 19,7 por ciento tenía las variantes A o B.
- El parásito se transmite por quistes presentes en materia fecal, que pueden contaminar agua, alimentos y superficies.
Los más chicos, los más expuestos
El estudio puso la lupa sobre la edad y lo que vio fue un salto enorme. En los gatos menores de un año, la tasa de infección trepó al 10,7 por ciento; en los adultos, en cambio, se quedó en el 1,3 por ciento. La explicación más repetida por los investigadores pasa por dos carriles: por un lado, los cachorros suelen criarse en ambientes con más contacto entre camadas, donde la higiene se vuelve una quimera; por el otro, su sistema inmune todavía está madurando, y eso los deja más expuestos a cualquier bicho que ande rondando.
Cómo se transmite y por qué no alcanza con mirar
El mecanismo de contagio es clásico de los parásitos intestinales. El animal infectado libera quistes al ambiente con sus deposiciones, y esos quistes pueden sobrevivir en el agua, en la comida, en los pisos o en cualquier superficie húmeda hasta que otro hospedador los ingiere sin darse cuenta. Tener un gato con diagnóstico positivo no significa automáticamente que vaya a contagiar a nadie en la casa, pero sí es una señal de que el animal necesita una revisión veterinaria y, eventualmente, un tratamiento.
La giardiasis puede provocar diarrea, dolor abdominal, vómitos y pérdida de peso, aunque tanto gatos como personas pueden ser portadores asintomáticos. Los veterinarios recomiendan prestar atención a señales como heces blandas o líquidas, panza hinchada, cambios en el apetito o menor vitalidad, siempre entendiendo que ninguno de esos signos por sí solo confirma la presencia de Giardia. Para llegar al diagnóstico certero hay que recurrir a estudios coproparasitarios o a técnicas moleculares como la PCR, que detecta el material genético del parásito incluso en animales sin síntomas.
A las seis de la tarde volví a la esquina de siempre. Adrián me miró con esa mezcla de curiosidad y preocupación que tienen los que viven con animales y leen estas cosas, y me preguntó qué tenía que hacer con sus gatos. Le dije lo que decía el trabajo: observar, consultar al veterinario y, sobre todo, no entrar en pánico, porque tener un gato con Giardia no es lo mismo que tener un gato que contagia. Me miró como pidiendo una frase final, y entonces me repitió algo que había escuchado en un programa de radio y que, según él, lo dejaba más tranquilo que cualquier estadística.
“Si vivís con un gato, lo que tenés que hacer es estar atento, no asustado.”Adrián, vecino del barrio La Comercial
