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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Un año en el fin del mundo: Natalia López reconstruye la infancia que le cambió la vida en la Base Esperanza

La periodista y locutora presentó su primer libro, donde repasa la invernada de 1996 junto a su familia en la Antártida, el accidente en el hielo que casi termina en tragedia y el descubrimiento de la radio como oficio. Un relato sobre la austeridad, el compañerismo y la huella imborrable que deja un paraiso blanco.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 7 d
Un año en el fin del mundo: Natalia López reconstruye la infancia que le cambió la vida en la Base Esperanza

La mañana se presenta gris y fresca acá en Buenos Aires, de esas en las que cuesta arrancar el dia y uno agradece un cafe bien cargado para entrar en tema. Y el tema, claro, no puede ser mas lejano ni mas magnetico al mismo tiempo: la Antartida, ese continente blanco que parece de ciencia ficcion y que sin embargo, para varias familias argentinas, fue casa durante algunos meses. A eso se dedico Natalia Lopez, periodista y locutora, en su primer libro, Una casa en el fin del mundo, donde reconstruye con detalle la invernada de 1996 en la Base Esperanza, cuando ella tenia 12 anos y compartio la cotidianidad con sus padres, sus hermanos y otros chicos de la dotacion.

La autora, que hoy se desenvuelve con naturalidad en los medios, dialogo sobre aquellos meses en los que el termometro y el aislamiento marcaban cada jornada. Lo que se cuenta en el libro no es una aventura romantica ni una postal turistica: es la vida real de ninos y ninas que iban a la escuela, jugaban en el casino de la base con pool, metegol y equipos de musica, y aprendian a moverse por un terreno donde un paso en falso podia terminar, literalmente, en agua helada.

Un accidente que marco a fuego

Uno de los episodios mas fuertes del libro y de la charla es el accidente que sufrio Natalia durante una salida con otros chicos. Segun relataron fuentes cercanas a la publicacion y la propia protagonista, el hielo cedio bajo sus pies y cayo al agua de deshielo. Quedo suspendida con las manos y los brazos hasta que su hermana se agacho y la ayudo a salir. La escena, reconstruida con precision, muestra el equilibrio fragile entre la libertad de movimientos y los riesgos concretos del continente.

Carlos Mendez, vecino del barrio de Belgrano y fanatico de los relatos antarticos, sigue el tema de cerca y lo resume con una imagen que se repite en las sobremesas: "A veces uno cree que lo mas peligroso en la vida es quedarse quieto, y resulta que el peligro estaba en dar un paso mas". Tras el episodio, un adolescente dio aviso a la base y el grupo camino unos tres kilometros para regresar, mientras los adultos salian a buscarlos. Al llegar, la asistieron con una ducha caliente para que recuperara temperatura, y despues del susto sus padres tambien la retaron por lo ocurrido.

La radio como semilla y el oficio como destino

El libro no se queda en la anecdota dramatico. Hay un capitulo entero dedicado al descubrimiento de la radio, que para Natalia fue casi una profesion revelada. Su madre trabajaba como locutora en la filial de Radio Nacional de la Base Esperanza, y ese contacto cotidiano con el microfono y la palabra le desperto el interes por el oficio. Mas adelante, la autora estudio periodismo y locucion, realizo una tesis documental sobre la Antartida y volvio al continente en cuatro oportunidades, cada vez con la mirada afinada por la experiencia infantile.

  • La Base Esperanza funciona como una pequena aldea argentina en el fin del mundo, con familias que conviven durante toda una invernada.
  • El casino de la base era el punto de encuentro de los chicos, con pool, metegol y musica para sobrellevar el aislamiento.
  • El clima y el hielo imponian cuidados especificos: desde la llegada se daban indicaciones para reconocer los riesgos del terreno.
  • El accidente de Natalia fue un punto de inflexion: la ducha caliente y la reto de sus padres quedaron como recuerdo familiar.
  • La madre, locutora en Radio Nacional Base Esperanza, fue la semilla del oficio que Natalia eligio despues.
  • La experiencia de austeridad se tradujo en gestos simples, como intercambiar cucharitas argentinas por manzanas con pasajeros de un buque aleman.

Tres decadas despues, la autora retomo aquellos recuerdos con una mirada adulta y a la vez enternecida. El libro recorre la convivencia familiar, la escuela, los juegos, las caminatas con radio handy para no perder contacto y la cercania con una naturaleza que no perdona descuidos. La austeridad, aprendida a fuerza de llevarse solo lo indispensable, se instalo como una brújula que, segun ella misma reconoce, sigue marcando decisiones cotidianas. Es la misma austeridad que despues se traduce en valorar una manzana obtenida a cambio de una cucharita, o en entender que un objeto compartido vale mucho mas que uno nuevo.

A la pregunta sobre que aprendizaje de la infancia sigue presente en su vida, la respuesta deja entreabierta una puerta y cierra el libro con la misma sensacion con la que se cierra un capitulo de la propia historia: que en el fin del mundo, como en cualquier barrio porteño, lo que termina salvando a la gente no es el equipamiento ni el clima, sino la mano que se estira para ayudar a salir. En palabras de la propia Natalia, elijo dejarla a ella como ultima voz de esta nota, porque es la que mejor puede explicar lo que significa haber crecido entre hielo y haber encontrado, en ese hielo, la razon para contar historias.

“Cuando uno vive con lo justo, aprende a darle valor a las cosas pequenas, y eso te queda para siempre, en cualquier lugar del mundo.”Natalia Lopez
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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