Treinta kilómetros de pozos sobre la 40: el tramo que complica la salida hacia el sur neuquino
Viajeros que conocen el corredor entre Junín de los Andes y Zapala describen un deterioro que se extiende, profundiza con cada lluvia y ya dejó roturas y cubiertas destrozadas a más de uno.
La mañana en Junín de los Andes arrancó con ese frío seco que se mete en la cara apenas uno sale del hospedaje. El cielo estaba limpio, de un celeste que acá abajo, en la provincia, ya casi es una rareza en esta parte del año, y la luz de las primeras horas caía pareja sobre la ruta. Pero antes de cargar el mate y acomodar las valijas en el auto, vale la pena saber que la Ruta 40, en el tramo que une Junín de los Andes con Zapala, viene acumulando un deterioro que complica cualquier viaje, por más corto que sea.
El dato lo repiten los que conocen el corredor: hay unos treinta kilómetros de calzada con pozos de dimensiones considerables, varios de ellos imposibles de esquivar aunque uno baje la velocidad. Lo más delicado es que las lluvias de las últimas semanas los llenaron de agua, así que cuando el conductor los ve ya está encima y no puede calcular la profundidad real del hueco. El golpe, cuentan, es seco y llega sin aviso a la suspensión y a las cubiertas.
Un problema que viene de lejos y se agrava con el agua
Lo que se ve hoy no es novedad. Quienes transitan la zona sostienen que la ruta viene así desde hace tiempo y que cada temporal profundiza los hundimientos en lugar de alisarlos. El agua acumulada dentro de los pozos se vuelve un enemigo silencioso: tapa el borde real del cráter y multiplica la posibilidad de que un neumático reviente o de que una rueda se trabe en seco.
Jorge, vecino del barrio Centro de Junín de los Andes y que cada tanto baja hacia Zapala por trámites familiares, me lo dijo sin rodeos la semana pasada, mientras tomábamos un café en la plaza: "Viajé tres veces en los últimos dos meses y las tres veces volví con algo roto. La última se me pinó una cubierta y casi me llevo puesto el guardarraíl. Uno termina aprendiendo a ir a paso de hombre". Su testimonio no es aislado: en las conversaciones que mantuve con vecinos y viajeros habituales aparecen cubiertas reventadas, alineaciones hechas a las apuradas y, en algunos casos, roturas mecánicas que obligaron a dejar el auto en algún taller del camino.
El reclamo no se limita a la 40. Varios consultados mencionan también la Ruta Nacional 52 y la Ruta Nacional 51 como corredores con problemas parecidos, lo que empieza a configurar un mapa de malestar en la conectividad neuquina que pesa a la hora de decidir un viaje.
Antes de salir: qué tener en cuenta para no llevarse un disgusto
- Circular de día y a velocidad moderada, para ver los pozos con anticipación y reaccionar a tiempo.
- Llevar una cubierta de repuesto en buen estado, y verificar la presión antes de salir.
- Tener a mano el número de auxilio mecánico y el de la aseguradora, porque en varios sectores la señal de celular es mala o directamente no hay.
- Evitar frenar dentro del pozo: si no se puede esquivar, conviene pasar despacio y de forma pareja, sin volantazos.
- Repostar siempre que se pueda, porque un trayecto más largo de lo previsto puede dejar a uno sin nafta en medio del tramo más complicado.
La Ruta 40 en Neuquén es un paso obligado para llegar a varios destinos turísticos de la región, sobre todo de cara a la temporada estival, cuando el caudal de vehículos crece de manera marcada. La preocupación que queda flotando es qué pasará cuando ese caudal se incremente sobre una calzada que ya viene pidiendo arreglos desde hace rato. Mientras tanto, quienes tengan el viaje planeado lo mejor es armarse de paciencia, reducir las expectativas de tiempo y salir con el auto revisado, porque como me decía Jorge antes de despedirse en la vereda: "Más vale llegar media hora más tarde que no llegar".
