"The Gentlemen" vuelve a la carga con un Eddie Horniman más filoso y menos aristocrático
La segunda temporada de la serie de Guy Ritchie corre la línea tres meses hacia atrás y muestra cómo el Duque de Halstead se va despojando de los buenos modales para sostener un imperio que ya no le cabe en Inglaterra.
Imaginate la escena: un tipo trajeado, con la corbata floja y la camisa empapada, arrastrándose por un campo embarrado, malherido, con la mirada perdida. Esa imagen, que abre la segunda temporada de The Gentlemen, funciona como una pregunta: ¿cómo llegó hasta ahí Eddie Horniman, el Duque de Halstead? La respuesta, según los nuevos capítulos que ya están en Netflix, hay que buscarla tres meses antes, cuando el aristócrata todavía se sentaba a negociar como si estuviera tomando el té con la reina.
Teo James vuelve a ponerse la piel de Eddie, pero el personaje que aparece en esta entrega poco tiene que ver con el inglés torpe que aterrizó por accidente en el negocio del cannabis familiar. La primera temporada lo dejó integrado al imperio de los Glass y cada vez más cerca de Susie, la hija del patriarca Bobby. Esta segunda temporada muestra a un Eddie decidido a expandirse: quiere recuperar tierras alrededor de la finca, sacar las operaciones del Reino Unido y meterse de lleno en el cannabis legal, la política y los acuerdos con el crimen internacional.
El choque con Bobby y la mafia italiana
Uno de los ejes de la temporada es la pulseada con Bobby Glass. El patriarca, más preocupado por su despertar espiritual que por modernizar el negocio, frena las ambiciones del Duque y de Susie. Eddie empieza a entender, casi a la fuerza, que sus buenos modales pueden leerse como debilidad y que acumular poder implica dejar de permitir que otros decidan por él. Esa transformación, dicen los que vieron la serie completa, recuerda a la de esos personajes clásicos del género que, cuanto más control ganan, más difícil se vuelve la salida.
- Eddie Horniman (Teo James) ya no es el aristócrata ingenuo de la primera temporada: ahora piensa como un capo.
- Bobby Glass, el patriarca, está más enfocado en su despertar espiritual que en adaptar el negocio al nuevo mapa del crimen.
- La temporada incorpora al mafioso italiano Marco Moretti, interpretado por Sergio Castellitto, y a su colaboradora Cico Maldini, a cargo de Michele Morrone, que le dan una vuelta de rosca europea al relato.
- Guy Ritchie mantiene su marca: espectáculo visual, violencia estilizada y humor negro, pero al servicio de una historia sobre el costo personal del poder.
Con las nuevas incorporaciones, la serie se corrió del mapa estrictamente británico y empezó a mirar hacia el continente. La mafia italiana que traen Castellitto y Morrone le suma una cuota de imprevisibilidad al universo criminal de los Glass y le permite a Eddie medirse con códigos que no son los de la aristocracia inglesa. Ritchie, mientras tanto, no reniega de su fórmula: sigue fiel al montaje vertiginoso, los diálogos filosos y la violencia con onda de videoclip, pero los pone al servicio de algo más adulto: la pregunta de hasta dónde se puede llegar antes de que el camino se vuelva irreversible.
¿Hasta dónde puede llegar Eddie Horniman antes de que el costo de ese ascenso resulte imposible de pagar? Esa es, a mi entender, la pregunta que deja picando esta segunda temporada. Y, si te enganchó la primera, te aviso: ya está disponible en Netflix, con los ocho episodios de una sentada, ideal para el finde largo.
