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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Te roban la cuenta de la inteligencia artificial mientras duermes: cómo evitar que entren sin pedirte la contraseña

Un informe de ESET y un análisis de SOCRadar muestran cómo los infostealers se llevan las cookies y los tokens que mantienen abiertas las sesiones en plataformas de IA. El problema ya toca a 482 empresas y expone desde código hasta historiales completos de chat.

Por Florencia SotoTecnología · · hace 16 d
Te roban la cuenta de la inteligencia artificial mientras duermes: cómo evitar que entren sin pedirte la contraseña

La semana pasada me quedó la notebook encendida toda la noche porque se colgó una actualización de Windows. A la mañana, cuando la desperté, tenía tres pestañas de ChatGPT abiertas con conversaciones que ni recordaba. Eso, multiplicado por miles de empleados apurados, es exactamente lo que aprovechan los atacantes para entrar a cuentas de inteligencia artificial sin tipear una sola contraseña. La idea es simple y un poco inquietante: si dejás la puerta entreabierta, alguien la cruza.

Un informe reciente de ESET, la firma de seguridad checa conocida por su antivirus del mismo nombre, advierte sobre ataques que roban sesiones activas en servicios de IA. Para entender la dimensión, hace falta una comparación casera: imaginá que el inicio de sesión es la cerradura de tu casa, la contraseña es la llave, y la cookie o token es una copia de esa llave que el sistema guarda en el navegador para no pedírtela cada vez. Los programas maliciosos llamados infostealers (literalmente, “robadatos”) están diseñados para sacar esas copias directamente de tu computadora, ya sea Windows o Mac.

Una vez que tienen la cookie, el servicio los deja pasar

El truco está en que la plataforma, al recibir ese identificador robado, reconoce al visitante como alguien ya autenticado. Por eso no vuelve a pedir la verificación en dos pasos, ese segundo código que suele llegar al celular. El atacante entra como si fueras vos. Y lo peor: cambiar la contraseña no siempre sirve, porque el intruso puede conservar una sesión válida que no dependa de ella. Es como cambiar la cerradura pero dejar una copia de la llave bajo el felpudo.

La radiografía del problema según SOCRadar

La empresa SOCRadar, que se dedica a monitorear superficies de ataque en internet, revisó registros de 90 días y encontró 5.435 entradas vinculadas a 1.500 direcciones de correo corporativo y 482 empresas distintas. El dato importa porque no estamos hablando de cuentas personales perdidas en el limbo: hay áreas de tecnología, marketing y recursos humanos que cargan código fuente, contratos y hasta datos de clientes en sus chats con la IA. Toda esa información queda al alcance del ladrón de turno.

  • Acortar la duración de las sesiones para que la cookie robada caduque más rápido, igual que un pase de visita con vencimiento corto.
  • Renovar periódicamente los tokens de acceso, esas llaves digitales que las aplicaciones usan para comunicarse entre sí.
  • Revisar los ingresos desde lugares o horarios insólitos, sobre todo si aparecen conexiones a las tres de la mañana desde ciudades a diez mil kilómetros de Buenos Aires.
  • Adoptar un inicio de sesión único corporativo, conocido como SSO por sus siglas en inglés, para tener un solo punto de control y no veinte cuentas dispersas.
  • Rotar las claves API, esos códigos que permiten conectar programas con servicios de inteligencia artificial, y limitar quién puede generarlas.
  • Inventariar qué cuentas de IA circulan por la organización sin que los responsables de seguridad lo sepan, un clásico agujero que se descubre cuando ya es tarde.

Qué hacer si el correo de un empleado aparece en la lista

El informe sugiere tratarlo como un incidente de seguridad del dispositivo, no como un simple cambio de clave. Hay que revisar la máquina en busca del infostealer, dar de baja todas las sesiones activas y verificar si el atacante llegó a otras plataformas conectadas, como Zapier, un servicio que enlaza aplicaciones para automatizar tareas. Desde ahí se puede saltar al correo electrónico, a la nube o a sistemas internos, lo que multiplica el daño original. La cadena es tan larga como el propio árbol de integraciones que la empresa fue tejiendo sin preguntarle a nadie.

Mi consejo, ya en tono de cierre práctico: si usás herramientas de IA en el trabajo, cerrá la sesión cuando termines, activá la verificación en dos pasos y, sobre todo, no las dejes abiertas en equipos compartidos. Para las empresas, la tarea pendiente es mapear qué cuentas existen más allá del radar de los equipos de seguridad. En temas de hacking, el viento siempre sopla a favor del que llega primero. Y en este caso, el que llega primero es el que ya tiene la cookie en el bolsillo.

FS
Florencia SotoTecnología

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