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Sábado, 17 de octubre de 2026
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«Sunny Dancer», la historia de Bella Ramsey que se anima a hablar de la vida después del cáncer

George Jaques dirige una película ambientada en un campamento escocés donde un grupo de adolescentes intenta volver a la normalidad tras sobrevivir a la enfermedad. Con Ruby Stokes, Daniel Quinn-Toye y Earl Cave, la propuesta combina amistad, romance y el peso emocional de la recuperación.

Por Camila ParedesCultura y espectáculos · · hace 15 d
«Sunny Dancer», la historia de Bella Ramsey que se anima a hablar de la vida después del cáncer

A veces el cine se hace fuerte cuando decide mirar de frente algo que muchos prefieren esquivar. Eso es lo que pasa con Sunny Dancer, la segunda película de George Jaques como director, que llega a la cartelera con una premisa directa y, a la vez, muy sensible: contar cómo es la adolescencia cuando ya tuviste cáncer y la vida te pide que sigas adelante como si nada hubiera pasado.

La protagonista es Bella Ramsey, a quien muchos conocen por The Last of Us, y le pone el cuerpo a Ivy, una chica de 17 años que lleva diez meses en remisión después de una leucemia. Sus padres la empujan a sumarse a un campamento de cuatro semanas pensado para pibes que atravesaron lo mismo que ella. Ivy llega con la guardia alta, sin muchas ganas de participar y con cero interés en hacer nuevas amistades. Es de esos personajes que transmiten a los pocos minutos que la están peleando por dentro.

Un campamento, un bosque y un elenco que se luce

El campamento está rodado en un entorno rural de Escocia, con colores cálidos y mucha música. Ahí conoce a Ella, el personaje de Ruby Stokes, con quien comparte habitación, y a Jake, al que da vida Daniel Quinn-Toye, un chico con ataques de pánico que le suma una cuota de vulnerabilidad a la historia. Más tarde aparece Ralph, interpretado por Earl Cave, que elige reírse de todo con un humor negro que funciona como escudo.

Entre actividades grupales, escapadas nocturnas al bosque y momentos musicales al ritmo de Este Haim, Zachary Dawes, Scissor Sisters y Goldfrapp, la convivencia empieza a romper esa coraza inicial. Aparecen los amores, las discusiones y esa sensación de pertenencia que cualquier adolescente busca, solo que acá pesa el antecedente de la enfermedad, los miedos a que vuelva y la dificultad de explicar lo que se siente cuando la gente a tu alrededor todavía no sabe cómo reaccionar.

“No la veo como una película sobre el cáncer. La enfermedad atraviesa a los personajes, pero sus deseos y sus relaciones también organizan el relato.”George Jaques, director

Una historia con ADN personal

Lo que vuelve a Sunny Dancer un proyecto especialmente cuidadoso es su costado más humano. Jaques es embajador de Teenage Cancer Trust y transitó el cáncer de cerca: su madre tuvo cáncer de mama durante la adolescencia del director. En el rodaje participaron jóvenes que habían atravesado la enfermedad y hubo terapeutas disponibles para acompañar al elenco, un detalle que dice mucho del respeto con el que se encaró cada escena.

El resultado es una película que no busca golpes bajos ni moralejas forzadas, sino mostrar que la vida después del cáncer también es la vida misma, con sus fiestas, sus enredos amorosos, sus bajones y sus ganas de comerse el mundo. Una invitación a mirar de frente lo que muchos prefieren evitar y, sobre todo, a darle lugar a un montón de pibes que se la bancan en silencio.

CP
Camila ParedesCultura y espectáculos

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