Saltar al contenido
Lunes, 19 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Roblox, el patio de los pibes digitales: veinte años después, lo que los padres todavía no terminan de entender

La plataforma cumplió dos décadas y sigue atrapando a chicos y adolescentes. Una investigación reciente advierte que prohibir sin entender empuja a los jóvenes a otros rincones de la web y propone mirar de cerca cómo funciona su economía y sus vínculos.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 2 h
Roblox, el patio de los pibes digitales: veinte años después, lo que los padres todavía no terminan de entender

La mañana arrancó fresca en Buenos Aires, con esa luz pálida de junio que entra recién pasado el mediodía y deja las veredas todavía húmedas. En la redacción, entre mates y pantallas, el tema del día fue Roblox, que acaba de cumplir veinte años y se mantiene como uno de los espacios digitales más visitados por chicos y adolescentes. No es un dato menor: detrás de cada criatura pixelada que corre por una pantalla hay un pibe o una piba que, muchas veces, reemplaza la esquina por un servidor.

Roblox no es un juego. Es una plataforma que aloja más de seis millones de experiencias creadas por usuarios y empresas, y los chicos no llegan solo a jugar: también van a encontrarse, a pasar el rato y, en muchos casos, a ocupar el lugar del barrio o de la plaza. Esa distinción cambia la mirada de los padres, según la periodista y divulgadora Julieta Schulkin, que dedicó una investigación entera a desarmar cómo funciona el ecosistema por dentro.

Prohibir sin entender: la advertencia de Schulkin

Schulkin contó que, tras varias notas de prensa internacionales sobre casos de grooming dentro de la plataforma, muchas familias argentinas reaccionaron con la prohibición directa. En lugar de resolver el problema, esa decisión termina empujando a los chicos a otros rincones digitales de diseño parecido. "Hubo una ola de familias que empezaron a prohibir Roblox y la sensación era que estábamos prohibiendo algo que no entendíamos bien", resumió la divulgadora en diálogo con este portal.

Mi experiencia, como técnica en crianza y educación, me dice que la mayoría de los adultos toma decisiones desde el miedo y no desde la información, y eso siempre trae consecuencias. Schulkin lo dice en otro tono, pero apunta a lo mismo: si un chico no puede usar Roblox, lo más probable es que migre a otra plataforma similar.

La economía interna que los adultos no ven

Uno de los puntos más opacos para los padres es la moneda interna. Roblox tiene su propia divisa, los Robux, que se compran con dinero real. Con ellos se accede a elementos visuales para el avatar, mascotas virtuales y servidores privados. Se puede jugar sin gastar un peso, pero quienes tienen Robux o acumulan muchas horas dentro de la plataforma acceden a beneficios que el resto no tiene. Schulkin lo describe como una reproducción de la estructura de clases sociales: igual que en la vida física, adentro del juego se nota quién invirtió plata y quién no.

  • Los Robux se compran con dinero real y se canjean por objetos virtuales, mascotas y servidores privados.
  • La plataforma permite seguir a otros usuarios, tener seguidores y armar grupos de amigos.
  • El sistema recomienda juegos según lo que juegan los contactos de cada chico, igual que una red social.
  • Los controles parentales permiten restringir el chat y los contactos con desconocidos.

Esa lógica de "quien tiene, puede" se replica adentro de Roblox y termina configurando jerarquías que los chicos perciben con mucha claridad. No es un detalle menor: en la plaza o en el aula, las diferencias de ropa o de zapatillas marcan pertenencia, y en Roblox pasa algo parecido con los avatares y los accesorios.

Grooming y configuración: el llamado a no apagar sino a ajustar

Entre los riesgos más serios está el grooming, es decir, la posibilidad de que un adulto contacte a un menor dentro de la plataforma. El caso es real y está documentado en distintos países. Schulkin no propone el rechazo automático, sino la configuración activa: revisar quién puede chatear con el menor, ajustar los controles de privacidad y habilitar las restricciones de contacto.

El mecanismo es parecido al de cualquier red social: se entra a la sección de configuración de privacidad y se limita quiénes pueden escribirle al chico, quiénes pueden ver su actividad y qué tipo de contenido aparece en el feed de recomendaciones. Es un paso chico que, según la investigadora, marca una diferencia real.

En la plaza del barrio, cuando un pibe se acerca a un desconocido, los padres miramos, preguntamos y, si hace falta, intervenimos. En el mundo digital suele pasar lo contrario: dejamos que el chico navegue solo y confiamos en que la plataforma lo protege. Por eso, antes de abrir Roblox, vale la pena sentarse juntos, configurar la cuenta y hablar de qué hacer si alguien desconocido escribe.

“Una buena configuración no reemplaza al diálogo, pero cambia mucho el punto de partida para que el chico pueda moverse adentro de la plataforma con más cuidado.”Julieta Schulkin, periodista y divulgadora
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

Te puede interesar