Resident Evil vuelve a la pantalla grande con una historia nueva y muchas trampas conocidas
Zach Cregger se mete en el universo de la saga de Capcom con un protagonista que debe abrirse paso entre criaturas, municiones escasas y pasillos a oscuras. Todo lo que se sabe hasta ahora de la película.
Imaginen la fila del cine un jueves a la noche, esa en la que uno se acomoda en la butaca con el pochoclo a medio comer y todavía no termina de decidir si se sienta adelante o atrás. Bueno, esa sensación de incertidumbre es exactamente la que propone la nueva película de Resident Evil que llega a la pantalla grande, escrita y dirigida por Zach Cregger, el mismo realizador de Barbarian.
Lo primero que hay que decir es que no se trata de otra adaptación calcada del juego. La propuesta cuenta una historia original e independiente, ambientada en el universo que Capcom viene construyendo desde 1996, cuando Chris Redfield y Jill Valentine quedaron atrapados en una mansión llena de zombis. El nuevo protagonista se llama Bryan y su recorrido por Raccoon City ordena la trama: criaturas mutadas, lugares oscuros, armas escasas y la sensación permanente de que algo va a salir mal en cualquier esquina.
Raccoon City y la sombra de Umbrella
La acción se despliega en escenarios muy reconocibles para los fans: las calles de Raccoon City, una alcantarilla, una granja y un hospital. En esa ciudad funciona el laboratorio de Umbrella, la farmacéutica detrás de los experimentos biológicos que desataron el brote y que atraviesa toda la saga. Dentro del reparto, Paul Walter Hauser y Zach Cherry se ponen en la piel de dos científicos de la compañía que intentan frenar el desastre que ellos mismos ayudaron a provocar. Es un detalle que me parece clave: la película no se olvida de dónde viene el horror.
Los obstáculos que ya conocemos los jugadores
Y acá es donde Cregger hace un guiño constante a quienes pasamos horas frente a la pantalla. Bryan se topa con accesos bloqueados y cerraduras difíciles de abrir, ese recurso clásico de la saga para obligarte a buscar objetos antes de avanzar. El equipamiento se consigue de a poco: primero una pistola, después una escopeta y más tarde un rifle de asalto. Pero tener el arma no alcanza. En la granja, por ejemplo, tiene que salir a buscar cartuchos para poder usar la escopeta. La munición, justamente, es uno de los bienes más preciados en cualquier Resident Evil que se precie.
- Linterna en mano: el protagonista se ilumina en la nieve, las alcantarillas y las calles, igual que en los juegos, donde el haz de luz puede delatarlo ante ciertos enemigos.
- Perro mutado en el granero: persigue a Bryan y su cabeza se abre para mostrar tentáculos, una imagen que promete ser de las más recordadas.
- Vómito ácido en el ascensor del hospital: otra criatura lo ataca en un espacio cerrado, sin margen para esquivar.
- Monstruo que crece: un ser hecho de fragmentos de cuerpos que incorpora nuevos restos con sus tentáculos y aumenta de tamaño a medida que avanza la historia.
La segunda entrega de la franquicia, la de 1998, había sumado a Claire Redfield y a Leon S. Kennedy y había trasladado la acción a Raccoon City. Cregger vuelve a poner esa ciudad en el centro, pero con un protagonista propio y con la libertad de tomar lo que le sirve del material original sin quedar atado a una trama ya contada. Ahí está, a mi entender, la apuesta más interesante de esta película: respetar la mitología sin repetirla.
Todavía no hay fecha confirmada de estreno en la Argentina ni precio de entradas para reservar, algo que vamos a estar siguiendo de cerca desde acá. Lo que sí se confirma es que el retorno de Resident Evil al cine llega con una historia nueva, criaturas conocidas y esa sensación de caminar por un pasillo oscuro sin saber qué hay del otro lado. A los que peinamos canas y crecimos con la saga, la promesa nos alcanza de lleno: es volver a jugar, pero esta vez desde la butaca.
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