Mirtha volvió a casa: la diva de los almuerzos dejó el sanatorio y ya descansa en la suya
La conductora, de 99 años, recibió el alta este martes a las 17 después de casi tres semanas de internación. Terminó el tratamiento con antibióticos, hizo rehabilitación kinesiológica y seguirá recuperándose en su domicilio mientras Juana Viale sigue al frente de sus clásicas mesas.
Confieso que cuando me llegó la noticia, largué un suspiro que no sabía que tenía guardado. Mirtha Legrand volvió a su casa. Sí, la diva, la señora de los domingos, la que durante décadas nos recibió con una sonrisa y una pregunta filosa en la mesa más famosa de la Argentina, este martes a las 17 dejó el Sanatorio Mater Dei con el alta bajo el brazo y la promesa de seguir reponiéndose en la intimidad de su hogar, rodeada de los suyos.
Fueron casi tres semanas durísimas. La conductora, que el año que viene cumplirá un siglo de vida, había ingresado el 18 de septiembre por una descompensación respiratoria que encendió todas las alarmas. Lo que empezó como un cuadro gripal en septiembre, que derivó en una bronquitis y por el que hasta recibió el alta el domingo 13, se complicó pocos días después y la trajo de vuelta al sanatorio. Esta vez la internación fue más larga, con tratamiento antibiótico completo, controles clínicos y nutricionales, y muchas horas de rehabilitación kinesiológica.
Los partes médicos que fueron tranquilizando a todos
- El 25 de septiembre, el director médico Enrique Echagüe contó que Legrand venía aumentando su actividad física dentro del sanatorio.
- El 30 de septiembre confirmó una mejoría de la neumopatía que la había complicado.
- El 2 de octubre, el parte todavía no se animaba a ponerle fecha de salida, aunque ya estaba en una habitación común.
- El lunes, el sanatorio informó que la paciente progresaba en la rehabilitación. Estaba prevista otra actualización para el miércoles, pero el alta se anticipó y se hizo efectiva este martes a las 17.
Mientras tanto, la pantalla no quedó huérfana. Juana Viale, su nieta y heredera televisiva, tomó el mando con esa solvencia que ya le conocemos y se sentó tanto en las cenas de los sábados como en los almuerzos del domingo. El 3 de octubre, en pleno programa, Juana contó que Mirtha estaba en una habitación común y que seguía las emisiones desde el sanatorio, como buena espectadora de su propio ciclo. Bien, mejorando momento a momento, día a día, le resumió a la audiencia, y también reveló que su abuela le hacía llegar comentarios después de cada emisión, como si no pudiera desenchufarse del todo de la mesa que durante más de medio siglo fue su segundo living.
La última vez que Mirtha se sentó al frente de La noche de Mirtha fue el 29 de agosto. Después de esa emisión, la pantalla se quedó esperando. El regreso a su casa, a sus sillones, a su rutina, abre la puerta para que en las próximas semanas la incertidumbre se transforme en fecha. Todavía no hay confirmación oficial de cuándo volverá a sentarse en la cabecera de la histórica mesa, pero la sola idea de que ya está en su casa, descansando, alimentándose bien y haciendo kinesiología, alcanza para respirar un poco más tranquilos. Mirtha, mientras tanto, sigue escribiendo su propia leyenda, ahora capítulo a capítulo, y desde el living de siempre.
Por ahora, los tickets de los próximos programas siguen siendo los de siempre: los almuerzos y las cenas se pueden ver por la pantalla de El Trece, con Juana Viale como anfitriona hasta que su abuela esté lista para volver. La entrada al set, claro está, sigue siendo la misma de siempre: afilar el oído, aceitar la memoria y sentarse a la mesa con un plato vacío y muchas ganas de escuchar historias.
