Miedo a volar: la mirada de un neurólogo para dejar de sufrir antes de subir al avión
Conrado Estol repasó qué hay detrás de la ansiedad que aparece mucho antes del despegue, qué pasa con las turbulencias en cielo despejado y por qué el alcohol no es un buen aliado para sobrellevar el viaje.
La mañana arrancó fresca en esta Buenos Aires que ya empieza a estirar los días de octubre, con esa luz tibia que se cuela por los ventanales y que, sin pedir permiso, invita a pensar en las vacaciones que se vienen. Y acá abajo, en la provincia, mucho ya empezaron a comprar pasajes para el verano, mientras una pregunta sobrevuela cualquier grupo de WhatsApp: cómo se hace para subirse a un avión sin que el cuerpo entero se descontrole. Sobre eso conversó el neurólogo Conrado Estol, que se tomó un rato para explicar, con la calma de quien sabe mucho y apura poco, qué es lo que pasa cuando el miedo a volar se instala antes incluso de llegar al aeropuerto.
La anticipación: cuando el miedo empieza en la fila del check-in
Estol fue claro al marcar que el malestar no aparece recién cuando el avión acelera en la pista. Para mucha gente, dijo, los controles, los trámites migratorios y la preocupación por llegar tarde al aeropuerto ya quedan pegados a la ansiedad del viaje, como si fueran parte del mismo paquete. A eso se le puede sumar la claustrofobia, reconoció, que también alimenta la sensación de que algo va a salir mal antes de que se cierre la puerta del avión.
Desde su consultorio, el neurólogo propuso una manera bastante concreta de poner las cosas en perspectiva: mirar una aplicación de seguimiento de vuelos y observar cuántos aviones están circulando en ese mismo momento por el mundo. La idea, explicó, es dimensionar que el cielo está lleno de aeronaves moviéndose todo el tiempo, y que el viaje propio es apenas una de miles de trayectorias que se cruzan a cada rato. Un ejercicio simple, pero que para él sirve para darle contexto a esa percepción de riesgo que muchas veces no se sostiene con datos.
Turbulencias en cielo despejado: por qué el avión se sacude aunque afuera esté todo tranquilo
Durante el vuelo, las sacudidas suelen concentrar la mayor parte del miedo. Estol distinguió dos grandes familias de turbulencias: las que llegan acompañadas de tormentas, con nubes oscuras y mal tiempo a la vista, y las que aparecen en aire claro, cuando por la ventanilla lo que se ve es un cielo completamente despejado. Estas últimas, explicó, son las que más descolocan, porque el cuerpo siente el movimiento pero los ojos no encuentran una razón visible para justificarlo.
También se detuvo en un detalle que, según contó, suele alimentar la inquietud: la expectativa de cuánto va a durar la turbulencia. El especialista sostuvo que los episodios más fuertes generalmente se extienden durante segundos o, como mucho, unos pocos minutos, aunque quien los atraviesa puede tener la sensación de que la situación se va a prolongar durante horas. Como contrapunto, propuso prestar atención a los movimientos que se toleran sin chistar al viajar en tren o en colectivo, y comparar esa tolerancia con la que se le exige al avión.
Tormentas, protocolos y por qué el alcohol no es buena compañía
Para los casos en los que hay mal tiempo en el camino, Estol indicó que los pilotos cuentan con herramientas para identificar los fenómenos meteorológicos y modificar el recorrido si es necesario. Además, destacó el papel de los protocolos de cabina, que buscan reducir distracciones durante las fases críticas de la operación, como el despegue y el aterrizaje.
Antes de cerrar, el neurólogo fue directo con una recomendación que suele circular en sentido contrario: desaconsejó recurrir al alcohol para sobrellevar el miedo a volar. Advirtió que, lejos de ayudar, puede provocar insomnio y deshidratación, dos efectos que terminan sumando malestar en lugar delo. El planteo de fondo, insistió, es que el temor no termine condicionando los viajes ni las vacaciones, porque ahí es cuando se pierde de lo que se trata tomarse un avión: llegar a otro lugar y disfrutarlo. Como suele decirles a sus pacientes, conocer las cifras de la aviación no borra el cuerpo que siente, pero mirarlo desde otro ángulo, aunque más no sea por la ventanilla de una aplicación, ayuda a que el miedo no maneje solo.
