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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La picazón que no se apaga: cuando el bolsillo decide si una piel puede o no recibir tratamiento

Un relevamiento de AEPSO advierte que casi la mitad de los pacientes con dermatitis atópica postergó consultas o dejó de comprar medicamentos por motivos económicos. Especialistas remarcan que el diagnóstico temprano y el seguimiento continuo son claves para controlar los síntomas.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 32 d
La picazón que no se apaga: cuando el bolsillo decide si una piel puede o no recibir tratamiento

La mañana arrancó tibia y algo gris sobre el barrio de Belgrano, con esa luz opaca de invierno que no termina de calentar el asfalto ni el ánimo. Caminando entre el rumor de los colectivos y las persianas a medio bajar, uno termina por pensar que el cuerpo a veces reacciona como el clima: se irrita, se raspa, se defiende de lo que no le gusta. Eso mismo, llevado a una piel que no deja de picar, es lo que viven a diario miles de argentinos con dermatitis atópica, una enfermedad inflamatoria crónica que no tiene cura pero sí, dicen los médicos, formas de ser controlada. El problema es que cada vez más personas no llegan a sostener ese control, y la razón, según un relevamiento reciente, no es médica sino económica.

Una enfermedad que pica las 24 horas

La dermatitis atópica es una de las condiciones de la piel más comunes en la infancia: según los datos disponibles, afecta al menos al 10% de los niños y adolescentes en Argentina. Aunque suele aparecer en los primeros años de vida, puede manifestarse a cualquier edad y, en alrededor de tres de cada diez casos, se prolonga durante la adultez. Las lesiones se hacen visibles en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y distintas zonas de brazos y piernas, y la enfermedad avanza con una lógica de altibajos: brotes intensos seguidos por períodos de remisión que nunca son definitivos.

Lo más incapacitante, coinciden los especialistas, no es la lesión en sí sino la picazón persistente. Silvia Fernández Barrio, presidenta de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), lo resumió con una frase que se repite en las consultas: "El picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas".

Lo que cuenta la encuesta

El sondeo de AEPSO, realizado entre pacientes y cuidadores, puso números concretos a ese padecimiento cotidiano: el 63,4% reportó alteraciones en la calidad del sueño, el 61,9% debió modificar su rutina diaria y el 56,7% reconoció que la enfermedad afectó su calidad de vida en términos generales. Quienes sufren picazón crónica e intensa tienen tres veces más probabilidades de desarrollar depresión y el doble de riesgo de atravesar cuadros de ansiedad, un dato que muestra hasta qué punto la piel y la cabeza caminan juntas.

Cuando el tratamiento se vuelve inalcanzable

El dato más preocupante del trabajo, sin embargo, fue otro. Casi uno de cada dos encuestados (48,5%) postergó o suspendió consultas médicas en los últimos seis meses por motivos económicos, mientras que el 44,8% tuvo dificultades para acceder a los medicamentos indicados y el 37,3% directamente redujo o dejó de comprarlos por falta de recursos. Cerca de dos de cada diez personas no seguía el tratamiento prescripto, y en la mayoría de los casos el motivo volvió a ser el mismo: el precio.

Para los especialistas, esa cadena de obstáculos es particularmente grave en una enfermedad crónica, porque cada interrupción suele traducirse en un nuevo brote, más consultas de emergencia y más costos a futuro. Por eso insisten en la importancia del diagnóstico temprano y del seguimiento continuo, que permiten ajustar el tratamiento a las características de cada paciente. "Este enfoque posibilita la implementación de un tratamiento personalizado", explicó Paula Luna, especialista en Dermatología Pediátrica y presidenta de la Sociedad Argentina de Dermatología, en línea con una idea que repite toda la comunidad médica: en dermatitis atópica, lo personalizado no es un lujo, es casi una necesidad.

Cinco claves que comparten los dermatólogos

  • La dermatitis atópica no tiene cura, pero sí puede controlarse con un plan sostenido de cuidados y tratamiento.
  • El síntoma más invalidante es la picazón, que altera el sueño, la rutina y la vida social y laboral.
  • Suele iniciarse en la primera infancia, aunque puede aparecer a cualquier edad y persistir en la adultez.
  • El diagnóstico temprano y los controles periódicos son clave para reducir la frecuencia e intensidad de los brotes.
  • Sostener el tratamiento en el tiempo es el principal desafío, y muchas veces el factor económico es el que lo interrumpe.
“El picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas.”Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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