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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La huerta, el calor y la trampa de las plagas: por qué en primavera hay que mirar el jardín con otros ojos

Hongos con la humedad, insectos y ácaros con el calor seco. El INTA difunde recetas caseras con ortiga, ajo, cáscara de naranja y cebolla para prevenirlos sin agroquímicos. Un mapa práctico para empezar en la propia casa, sin gastar de más y sin contaminar.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 1 d
La huerta, el calor y la trampa de las plagas: por qué en primavera hay que mirar el jardín con otros ojos

Amaneció en Buenos Aires con ese cielo alto y pálido que suele traer la primavera, esa luz que no calienta del todo pero ya empuja a la gente a abrir las ventanas y asomarse al patio. Acá abajo, en los municipios del conurbano y en las localidades del interior de la provincia de Buenos Aires, la rutina de estos días empieza a parecerse: se sacan las macetas, se revisa el limonero, se le tira una mirada larga al césped y, antes de lo que uno imagina, aparecen las primeras manchas en las hojas y los primeros bichitos pegados al revés de las hojas. La primavera no trae solo flores: también trae plagas.

Dos estaciones, dos enemigos distintos

Lo primero que hay que entender, para no desesperarse en el intento, es que el calendario de las plagas tiene dos caras bien marcadas. En los meses templados, cuando el calor y la humedad se dan la mano, lo que prolifera son los hongos: manchas marrones, polvo blanco, hojas que se ponen amarillas de un día para el otro. En verano, en cambio, el ambiente se vuelve más seco y la presión cambia de bando: se multiplican los insectos y los ácaros, que además encuentran más frutos y hojas tiernas para alimentarse. No es el mismo problema, entonces no es la misma solución, aunque las recetas de la cocina sirvan para todos los casos.

Esa es, justamente, la idea que viene difundiendo hace años el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA): antes de salir corriendo a comprar un frasco en el agroquímico de la esquina, probar con preparados caseros, simples, baratos, a base de ortiga, ajo, cáscaras de naranja y cebolla, entre otros ingredientes que cualquier vecino tiene en la cocina o en la propia huerta. Son recetas que, aclaran los técnicos del organismo, no reemplazan a los productos químicos cuando el ataque es severo, pero funcionan muy bien como prevención y en los primeros estadios del problema. La filosofía es esa: no esperar a tener la planta perdida para empezar a tratarla.

Las reglas del macerado: qué tener en cuenta antes de arrancar

  • Usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica. Los metálicos pueden liberar elementos tóxicos para la planta y arruinar el preparado.
  • Macear en un lugar ventilado y sin luz solar directa. El calor y el sol directos alteran la fermentación.
  • Colar muy bien el líquido antes de pulverizar. Si pasan restos sólidos, se tapa la boquilla del rociador y queda el equipo inutilizable.

Las cuatro recetas que recomienda el INTA

La estrella de los preparados es el purín fermentado de ortiga. Se hace con un kilo de ortiga fresca, o entre 100 y 200 gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas, que es la señal de que el proceso terminó. Antes de aplicarlo sobre las plantas, se diluye en partes iguales con agua. Controla pulgones y hongos y, de paso, aporta nutrientes al suelo, lo que lo convierte en un dos por uno para la huerta familiar. Un solo cuidado: conviene manipular la ortiga con guantes, porque fresca urde y deja las manos ardiendo.

El macerado concentrado de ajo con alcohol es otra de las opciones más efectivas. Se licua una cabeza entera de ajo con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja reposar siete días en la heladera, se filtra y, al momento de usarlo, se diluyen 100 mililitros por cada litro de agua, con un chorrito de jabón blanco neutro como adherente para que la preparación se pegue bien a la hoja. Ataca ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos: una especie de caballería múltiple que sirve para casi todo lo que pueda aparecer.

Hay, además, opciones todavía más simples, casi de apuro. Hervir la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos da un líquido que va bien contra pulgones y cochinillas. Dejar reposar dos o tres cebollas medianas en agua hirviente entre 24 y 48 horas sirve para pulgones y hongos. Y para los que prefieran algo sin fermentación, una infusión de ruda y salvia en partes iguales también controla pulgones sin complicarse la vida. Son recetas de abuela, dicen algunos en las redes, pero ahora las avala un instituto nacional con ensayos y todo.

En el barrio de Villa Devoto, Adriana Morales, una jubilada que cultiva tomatoes y albahaca en el patio de su casa desde hace más de veinte años, se ríe cuando le preguntan por estas recetas: ella las usa desde siempre, aunque nunca las llamó así. 'Yo aprendí de mi vieja, que ponía ajo en agua y le tiraba a las plantas cuando veía bichitos. Ahora dicen que es recomendación del INTA y todo, pero para mí es sentido común: si el ajo te cuida a vos, también te cuida al tomate', cuenta mientras acomoda una bandeja con plantines recién comprados en el mercado de la zona. La vecina descreída del tratamiento de la huerta, esa figura típica del barrio, convive acá con la vecina que tiene el cuaderno lleno de anotaciones y fechas de aplicación. Las dos cosechan, eso sí: porque la primavera, al final, le da oportunidad a todos.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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