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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Jim Henson, el niño grande que nos enseñó a reírnos en serio

A más de tres décadas de su muerte, el creador de los Muppets sigue siendo una referencia ineludible del humor y la ternura en la pantalla. Un recorrido por la filosofía de un titiritero que jamás dejó de jugar.

Por Camila ParedesCultura y espectáculos · · hace 4 d
Jim Henson, el niño grande que nos enseñó a reírnos en serio

Me acuerdo como si fuera ayer de la primera vez que vi a la rana Gustavo en la tele, sentado en el living de la casa de mis viejos, con un sánguche de milanesa en la mano. Eran otros tiempos, claro, pero la pregunta que me quedó dando vueltas después de leer la historia de Jim Henson es la misma que me quedó aquella tarde: cómo hacía este tipo para que un bicho de felpa te hablara directamente al corazón. La respuesta, como vamos a ver, está en una filosofía tan simple como profunda.

Un pibe de diecisiete con un títere y una idea

Jim Henson se paró por primera vez frente a una cámara como titiritero a los diecisiete años, en un programa infantil que duró exactamente tres semanas en el aire. Cualquiera lo tomaría como un fracaso rotundo, pero ese debut le sirvió para tantear el oficio y, sobre todo, para cruzar-se con Jane Nebel, su futura esposa y socia creativa. Juntos armaron Sam and Friends, un show que parece menor en el currículum pero que funcionó como banco de pruebas de todo lo que vino después. Ahí nacieron los Muppets tal como los conocemos: la rana, el cerdito, el oso Fozzie, todos con esa mezcla de ternura y desfachatez que después sería marca registrada.

La regla de oro: exagerar lo que somos

Lo que distinguía a Henson de otros titiriteros no era la técnica, aunque la técnica fuera notable, sino una manera muy particular de mirar a los personajes. El propio Henson lo explicaba con una claridad que asombra: «Los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar. En lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos». La risa, para él, no era un fin en sí mismo sino una herramienta. Servía para ponerle distancia a las cosas, para mirarlas desde un lugar donde duelan un poco menos. Y eso, en un programa para chicos, es casi un acto revolucionario.

“Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca.”Jim Henson
  • Barrio Sésamo: la apuesta educativa que cambió la televisión infantil para siempre.
  • Fraggle Rock: el delirio poético que mezclaba música, humor y filosofía barata.
  • Los Muppets: la fábrica de personajes que todavía hoy resisten el paso del tiempo.
  • El Laboratorio de los Muppets, La Gran Manzana y otras joyitas que el tiempo no pudo opacar.

Henson murió en mayo de 1990, a los 53 años, después de que una infección bacteriana le provocara un choque tóxico. Tenía una carrera en plena actividad y un montón de proyectos en carpeta. Su legado quedó repartido entre franquicias que Disney terminó absorbiendo décadas después y producciones que siguen siendo referencia ineludible del género. Pero más allá de los números y los contratos, lo que sobrevive es otra cosa: una manera de entender el humor que no pasó de moda. «La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro», decía. Y la verdad es que, después de bucear en su historia, uno le termina dando la razón.

Queda picando una pregunta incómoda: en la televisión de hoy, con sus ritmos frenéticos y su humor de mil cortes por minuto, ¿hay lugar para un tipo de absurdo tan artesanal como el de Henson, o ese formato ya es una pieza de museo? No tengo la respuesta, pero me gusta pensar que del otro lado de la pantalla todavía hay algún pibe de diecisiete años ensayando con un títere, listo para cambiarlo todo.

CP
Camila ParedesCultura y espectáculos

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