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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El Papa que se opera y la pregunta que todos se hacen: ¿qué chances hay de que un cáncer de pulmón se cure después de una lobectomía?

El Vaticano confirmó que León XIV fue intervenido en el Policlínico Gemelli de Roma, le extirpó el lóbulo inferior derecho y la histología arrojó un adenocarcinoma. El neurólogo Conrado Estol repasó para este portal cómo se define el pronóstico en estos casos, por qué la cirugía llega a tiempo en muchos pacientes y qué papel cumplen los estudios genéticos que están en marcha.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 2 d
El Papa que se opera y la pregunta que todos se hacen: ¿qué chances hay de que un cáncer de pulmón se cure después de una lobectomía?

Amanecí en Buenos Aires con el termómetro todavía tibio, ese sol de julio que se cuela por la persiana sin pedir permiso, y la primera noticia del día me cayó como un baldde agua fría: el Vaticano confirmaba que el papa León XIV, el estadounidense Robert Francis Prevost, había pasado por el quirófano del Policlínico Gemelli de Roma durante unos noventa minutos, en una cirugía videoasistida para sacarle el lóbulo inferior derecho del pulmón, y el resultado de la biopsia inmediata hablaba a las claras de un adenocarcinoma pulmonar, el tumor más frecuente en personas que nunca encendieron un cigarrillo, y ahí nomás, mientras el café se entibiaba en la pava, me puse a pensar cuántas veces escuché esa palabra en los pasillos de los hospitales públicos de acá abajo, en la provincia, donde la gente llega muchas veces tarde, cuando el nódulo ya creció demasiado y la ventana para operar se cerró, y por eso me parece que vale la pena contar bien, con letra clara y sin apuro, de qué se trata este tipo de cáncer, cómo se decide el pronóstico después de una lobectomía y por qué hay razones concretas para pensar que la historia puede terminar mejor de lo que muchos imaginan cuando escuchan la palabra cáncer de pulmón, asociada casi inevitablemente al tabaquismo y a un pronóstico sombrío que, en este subtipo particular y en pacientes como León XIV, no siempre se cumple, así que lo primero que hay que entender es qué es exactamente un adenocarcinoma y por qué se lo trata en forma distinta a otros tumores del pulmón.

El neurólogo Conrado Estol, que sigue estos temas con la lupa de siempre, me lo explicó de manera sencilla: el adenocarcinoma es el subtipo de cáncer de pulmón más común entre quienes no fuman y representa, en ese grupo, entre el 55 y el 80 por ciento de los casos, una enormidad, y tiene una característica clave que cambia todo, y es que suele ubicarse en la periferia del órgano, lejos de los bronquios grandes, por lo que tarda mucho más en dar síntomas, porque al no obstruir una vía aérea principal el paciente no tose, no escupe sangre, no se queda sin aire de un día para otro, y eso es a la vez una ventaja y una trampa, ya que permite que el nódulo crezca silencioso durante meses o años, pero cuando se lo detecta a tiempo, como aparentemente ocurrió en este caso, la cirugía puede ser curativa en un porcentaje altísimo de los pacientes, y acá aparece la segunda pregunta que ronda en todas las conversaciones de café acá abajo: por qué no alcanza con sacar únicamente el nódulo y hay que extirpar todo el lóbulo, y la respuesta tiene que ver con la lógica oncológica más elemental: una lobectomía garantiza márgenes libres de células tumorales y, sobre todo, le permite al patólogo analizar con muchísimo más detalle los ganglios linfáticos cercanos y la pleura, que son los dos elementos que definen el pronóstico real del paciente, mientras que durante la operación, un patólogo puede revisar muestras en el momento para distinguir entre cáncer, fibrosis o una cicatriz vieja, aunque el diagnóstico definitivo siempre llega después, con el estudio microscópico completo, y eso es justamente lo que aún no se conoció públicamente en el caso del Papa, porque el Vaticano difundió el tipo de tumor pero no los detalles finos que marcan la diferencia entre un escenario casi benigno y uno que requiera tratamientos complementarios.

Las tres variables que definen el pronóstico después de una lobectomía

  • El tamaño exacto del nódulo: mientras más chico, mejor; un tumor de dos centímetros, con ganglios negativos y pleura libre, puede llegar a una sobrevida a cinco años cercana al 99 por ciento, según el escenario hipotético que planteó Estol.
  • El estado de los ganglios linfáticos cercanos: si están comprometidos, cambia el estadio y se abren paso la quimioterapia, la inmunoterapia o las terapias dirigidas según el perfil genético del tumor.
  • El compromiso de la pleura: cuando la membrana que recubre el pulmón está afectada, también se modifica la etapa de la enfermedad y el plan de tratamiento posterior.

Mientras León XIV se recupera en el Gemelli, haciendo kinesioterapia respiratoria, caminando dentro de su habitación y retomando la alimentación habitual, hay un laboratorio especializado que está secuenciando el ADN de su tumor para detectar mutaciones específicas, como las del EGFR, KRAS, BRAF, HER o MET, y ese mapa genético es el que termina de decidir el tratamiento: si aparece alguna de esas alteraciones, se pueden indicar terapias dirigidas administradas por vía oral, pastillas en vez de suero, que atacan la célula tumoral sin los efectos devastadores de la quimioterapia tradicional, y si no las hay, queda como alternativa la inmunoterapia intravenosa, que le enseña al sistema inmune a reconocer y destruir el tumor, y que en los últimos años cambió radicalmente el panorama de varios cánceres de pulmón, aunque ambas opciones, dijo Estol, pueden dejar de funcionar con el paso del tiempo, lo que obliga a un seguimiento oncológico de por vida, controles periódicos y, muchas veces, a cambiar de droga cuando la enfermedad intenta escaparse, y eso, más allá del caso puntual del Sumo Pontífice, es la gran revolución silenciosa que está ocurriendo en la oncología moderna, porque hace veinte años un diagnóstico de cáncer de pulmón era casi una sentencia, mientras que hoy, en subtipos como el adenocarcinoma y en pacientes que llegan a la cirugía con un nódulo chico y ganglios limpios, las chances de estar vivo y sin enfermedad cinco años después se acercan a las de una persona sin cáncer, y eso, viniendo de alguien que camina los hospitales públicos de acá abajo, donde todavía se batalla con recursos flacos y listas de espera eternas, es una noticia enorme, porque muestra lo que puede pasar cuando un tumor se detecta a tiempo y se opera como corresponde.

“Lo que define el pronóstico después de una lobectomía es el tamaño del nódulo, el estado de los ganglios y si la pleura está comprometida; si esas tres variables cierran bien, la sobrevida a cinco años puede acercarse al 99 por ciento, y los estudios genéticos en curso son los que terminan de orientar el tratamiento específico con terapias dirigidas o inmunoterapia.”Conrado Estol, neurólogo
EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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