El final abierto de "El Castillo": los guionistas cuentan por qué eligieron no cerrar la herida
Les confieso algo antes de arrancar: terminé los seis capítulos de "El Castillo" con una mezcla rara entre alivio y bronca. Alivio porque la historia no cae en el lugar al que nos tiene acostumbran las pantallas argentinas cuando toca hablar de trata. Y bronca, claro, porque el final no te deja dormir tranquilo. Fui a buscar respuestas con los que escribieron cada una de esas escenas: Eduardo Villanueva e Isabel Peña, la dupla que ya nos había volado la cabeza con "Antidisturbios". Los dos se sentaron a charlar y lo que me contaron me ordenó un poco el cuerpo, aunque no del todo. Acá les cuento lo que dijeron.
El sistema como protagonista, no los personajes
Cuando les pregunté por qué la serie termina sin un abrazo ni una resolución que nos deje conformes, Villanueva fue derecho al hueso. Para él, "El Castillo" no cuenta la historia de un hombre ni la de una mujer en particular. "Habla de un sistema, y el sistema está por encima de los individuos y de las cosas concretas que sucedan", tiró, con tono cansino, como si lo hubiera pensado mil veces. Por eso el cierre nos muestra al personaje del Suizo, interpretado por Esteban Bigliardi, en plena faena, en una escena que recuerda al primer capítulo. "Había una cosa de querer contar que esto ha pasado, pasa y va a seguir pasando", remató.
“No queríamos que las mujeres fueran una informe masa de víctimas y de cuerpos perfectos.”Isabel Peña, guionista
El arco de Claudia: salida concreta, no final feliz
Sobre el arco de su protagonista, Peña fue clara y se tomó su tiempo para explicarlo: la serie no tiene un final feliz en el sentido clásico, pero sí le da a Claudia, el personaje que interpreta Vidal, una salida concreta y laburada. "Claudia ha conseguido lo que se ha propuesto y lo que en este momento también se ha ganado", dijo la guionista, en una de las frases más importantes de la entrevista. Para Peña, la posibilidad de quedarse legalmente en el país y ganarse la vida con lo suyo es, en este contexto, toda una victoria.
Los investigadores también se van transformados
El cierre de los personajes de los investigadores, a cargo de Omar Ayuso y Laia Marull, tampoco es el que uno espera. Peña los describió con una imagen muy de la vida misma: cada uno vuelve a su lugar de siempre, a su rutina, a su escritorio. Pero algo se les corrió de lugar. "Les cambió la mirada", sostuvo la guionista, sin ánimo de vender una epifanía ni un aplauso final. Es un cambio chiquito, íntimo, de esos que no se ven en pantalla pero uno los siente.
En definitiva, lo que me dejaron Peña y Villanueva es una invitación a mirar la trata como lo que es: una maquinaria que sigue funcionando más allá de los destinos individuales. Por eso el final no cierra, no abraza, no promete. Te incomoda a propósito, porque la historia tampoco terminó bien para nosotros. La serie tiene seis episodios y está disponible completa, así que si todavía no la vieron, tienen material para una noche larga y, me animo a decir, necesaria.
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