Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Dos pueblos vacíos de Burgos se convierten en el set más real de "La bola negra"

Castil de Carrias y Loranquillo, aldeas deshabitadas que el rodaje cerró al público durante semanas, le prestan a la nueva película de los Javis sus edificios derruidos, sus botellas todavía en los estantes y hasta sus vehículos oxidados, en busca de una Guerra Civil que ningún decorado podía imitar.

Por Camila ParedesCultura y espectáculos · · hace 51 min
Dos pueblos vacíos de Burgos se convierten en el set más real de "La bola negra"

Cuando el equipo de localizaciones de "La bola negra" llegó a Castil de Carrias, lo que encontró fue algo que no se puede fabricar con dinero ni con paciencia de director de arte: una destrucción real, acumulada por décadas, con el polvo y la maleza haciendo el trabajo que en un plató lleva semanas de camiones y carpinteros. Esa es, a grandes rasgos, la postal con la que arranca esta historia que me tocó seguir de cerca, y que cuenta cómo dos pueblos abandonados de la provincia de Burgos terminaronconvertidos en el corazón visual de la nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi.

Un pueblo con más de ocho siglos de historia y un solo vecino hasta 1994

Castil de Carrias queda a unos diez kilómetros de Belorado y tiene papeles firmados desde por lo menos el siglo XII. A mediados del XIX llegó a tener más de 240 habitantes, pero el despueble fue haciendo lo suyo: en 1950 quedaban 178 personas empadronadas, en 1970 solo 59, y así fue sobreviviendo en números cada vez más bajos hasta que en 1994 murió Florentino González Sáez, considerado el último vecino. Cuando la producción llegó a rodar el 25 de agosto de 2025, lo que quedaba en pie era una escuela vieja, una taberna con las botellas todavía visibles en los estantes, utensilios domésticos tirados por el suelo, vehículos comidos por el óxido y la iglesia de Santa María mostrando a las claras el paso del tiempo y algún que otro rastro de expolio.

A pocos kilómetros está Loranquillo, otro núcleo deshabitado que en los años setenta fue absorbido por el municipio de Belorado y cuyos últimos moradores se fueron en la década de 1990. Los dos pueblos forman parte, junto con Quintanilla, de una ruta de senderismo de 22 kilómetros que hoy se hace entre ruinas y silencio. Durante las jornadas de rodaje, ambos permanecieron cerrados al público para que el equipo pudiera trabajar tranquilo y para que esas paredes siguieran contando, sin intromisiones, la vida interrumpida que los Javis estaban buscando.

“Lo que buscábamos no era solo la imagen de las ruinas, sino la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas. Ese detalle tiene un significado específico dentro de la historia que cuenta la película, centrada en la memoria, la violencia y lo que el tiempo borra.”Javier Calvo y Javier Ambrossi, directores de "La bola negra"

Por qué un decorado de estudio no servía para esta historia

  • La producción necesitaba edificios parcialmente derruidos para recrear la Guerra Civil sin tener que construirlos desde cero y sin destruirlos al terminar el rodaje.
  • La responsable de localizaciones, Clara Salvador, recorrió la provincia de Burgos hasta dar con lugares que cumplieran esas condiciones: pueblos reales donde la ruina ya estaba hecha.
  • Los objetos abandonados en las casas, las botellas en la taberna y los vehículos oxidados funcionaron como atrezzo natural, sin necesidad de intervención artística para transmitir el peso del abandono.
  • Durante las semanas de trabajo, Castil de Carrias y Loranquillo permanecieron cerrados al público, en parte por seguridad y en parte para que la atmósfera del lugar no se rompiera.

Mientras recorría el rodaje no pude evitar quedarme con una imagen que me parece que define todo el proyecto: una mesa puesta en una casa donde ya no va a volver a sentarse nadie, con platos, cubiertos y una silla corrida, como si los habitantes hubieran salido un momento y el tiempo hubiera decidido no devolverlos. Esa clase de detalles, imposibles de fabricar a conciencia, son los que los Javis quieren que el espectador sienta en la pantalla. La película, centrada en la memoria, la violencia y todo aquello que el tiempo termina borrando, encuentra en estos dos pueblos de Burgos un set que ya cuenta la historia antes de que la cámara empiece a rodar.

Por ahora, la producción no difundió fechas de estreno ni precios de entrada, así que la cita con "La bola negra" queda pendiente para cuando se confirme el próximo paso. Lo que ya es seguro es que, cuando llegue a la sala, varias de sus imágenes más potentes llevarán el sello inconfundible de Castil de Carrias y Loranquillo: dos aldeas que el siglo XX dejó vacías y que, casi sin proponérselo, terminaron prestando su silencio a una película sobre lo que se pierde.

CP
Camila ParedesCultura y espectáculos

Te puede interesar