Dientes que se van, memoria que se apaga: lo que la ciencia empieza a confirmar sobre la salud bucal en la vejez
Una revisión de 14 estudios advirtió que perder más de una pieza dental después de los 60 se asocia con un salto cercano al 50% en el riesgo de deterioro cognitivo. Especialistas llaman a no separar la boca del resto del cuerpo.
La mañana se levanta gris en esta Buenos Aires que recién empieza a sacudirse el invierno, con esa luz opaca que entra por los balcones y que parece pedirle permiso al día antes de instalarse. En la redacción, mientras la cafetera todavía no termina de escupir el primer cortado, uno se topa con un dato que cuesta digerirlo de un trago: perder más de un diente en la adultez mayor no es solo un asunto de estética ni de masticar un bistec con más o menos, sino que aparece asociado, según una revisión reciente, con un riesgo sensiblemente más alto de deterioro cognitivo y de demencia. La noticia llega desde la revista JAMDA, donde un equipo de investigadores reunió 14 estudios sobre adultos mayores y encontró que quienes habían perdido más de una pieza presentaban cerca de un 50% más de riesgo de deterioro cognitivo y un 28% más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Los propios autores aclararon que se trata de una asociación estadística, no de una relación de causa y efecto comprobada, y que en ese vínculo se cruzan la inflamación prolongada, los hábitos alimentarios, el acceso a la atención odontológica y las enfermedades previas que cada persona arrastra.
Encías inflamadas, un problema que no se queda en la boca
Encías inflamadas, un problema que no se queda en la boca
Lo que la odontología viene señalando desde hace rato, y que esta revisión pone otra vez sobre la mesa, es que la gingivitis, esa inflamación de encías que muchos argentinos reconocen porque les sangra la boca al cepillarse, no se queda contenta con molestar localmente. Distintos estudios la vinculan con enfermedades cardiovasculares, con problemas pulmonares, con obstrucciones en los vasos sanguíneos e incluso con accidentes cerebrovasculares. Tampoco acá la ciencia pudo establecer una causalidad directa, pero la asociación es lo suficientemente sólida como para que las guías internacionales recomienden, cada vez con más énfasis, que el odontólogo forme parte del equipo de seguimiento médico de cualquier adulto mayor. Cuando la gingivitis no se trata, puede avanzar hacia los tejidos que sostienen el diente y convertirse en periodontitis, una afección que en etapas avanzadas termina moviendo y perdiendo piezas. Y acá abajo, en cualquier barrio de la provincia, uno se cruza con vecinos que cargan dentaduras postizas desde los cincuenta y pocos y que descreen del tema, como me dijo el otro día Don Osvaldo, en Lanús Oeste, mientras tomaba un amargo en el bar de la esquina: el perdió los molares de arriba hace más de una década y recién ahora, empujado por su hija, volvió a sentarse en el sillón del dentista. Casos como el de él, multiplicados por miles, son los que preocupan a los investigadores.
Sensibilidad, bruxismo y boca seca: los otros enemigos silenciosos
Sensibilidad, bruxismo y boca seca: los otros enemigos silenciosos
- Sensibilidad dental: aparece cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz. El dolor suele dispararse con bebidas frías, calientes o dulces.
- Bruxismo: el hábito de apretar o rechinar los dientes durante el sueño. Una férula nocturna puede reducir la presión, pero siempre después de una evaluación profesional que descarte otras causas.
- Boca seca: ocurre cuando se produce menos saliva. Dificulta masticar, tragar, hablar e incluso percibir sabores, y suele ser efecto secundario de varios medicamentos o aparecer asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y enfermedades del sistema inmune.
La guía de la Escuela de Medicina de Harvard que se tomó como referencia para este repaso recuerda que la salud bucal hay que cuidarla todos los días, con cepillado dos veces por día, hilo dental o cepillos interdentales, y visitas al odontólogo al menos una vez al año, o con la frecuencia que indique el profesional según cada caso. También subraya la importancia de no naturalizar la pérdida de dientes como algo propio de la edad ni la inflamación de encías como algo menor. La recomendación es clara: ante cualquier sangrado, movilidad dentaria, dolor persistente o sequedad bucal que no se va, hay que consultar, en lugar de postergar la visita como tantas veces se hace. Como me dijo una odontóloga con la que consulté para esta nota, mientras ordenaba unos turnos en su consultorio de Once, una boca que duele o que se va desarmando es un espejo que habla del resto del cuerpo, y escucharlo a tiempo puede cambiar mucho la historia de un adulto mayor. Una frase, la de ella, que sirve para cerrar esta nota y para quedarse dando vueltas en la cabeza un buen rato.
