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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Despertar antes sin perder el sueño: la noche manda más que la alarma

Para empezar el día más temprano no alcanza con mover el despertador: hay que reorganizar la noche, sostener horarios estables y dejarse ayudar por la luz y el ambiente. Especialistas y organismos de salud coinciden en que el cambio funciona si se hace de a poco.

Por Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana · · hace 26 d
Despertar antes sin perder el sueño: la noche manda más que la alarma

La mañana arranca mucho antes de que suene la alarma, y esa es, tal vez, la primera costumbre que conviene mover cuando uno se propone levantarse más temprano. Dejar la ropa lista desde la noche anterior, pensar el desayuno y ordenar las tareas más urgentes reduce el caudal de decisiones a la hora en que el cuerpo todavía está de mala gana. A eso se le puede sumar un pequeño motivo concreto para pararse de la cama: un rato con un libro, una caminata corta o, simplemente, el café servido en la taza. La idea no es transformarse en un atleta de la madrugada, sino correrle al día parte del desgaste mental que suele concentrarse en los primeros minutos después del timbre.

La noche tiene la palabra

Porque, si algo repiten las recomendaciones de Mayo Clinic y de distintas revisiones científicas sobre sueño y ritmos circadianos, es que sin descanso suficiente no hay madrugada amigable que aguante. Para la mayoría de las personas adultas, dormir menos de siete u ocho horas por noche empieza a jugar en contra, aunque cada cuerpo tiene sus tiempos y conviene no compararse con el del vecino. Una vez elegido un horario de despertarse que se pueda sostener en serio, el cálculo es directo: hay que retroceder lo necesario para preservar esas horas de descanso. Y si la diferencia con la rutina actual es grande, mejor ir ajustando de a cuartos de hora, día tras día, en lugar de pegar el salto de golpe y terminar a los tres días volviendo a la cama tarde como si nada.

Hay un detalle que muchos subestiman, y es que la constancia debe sostenerse también los fines de semana, esos en los que uno se promete dormir hasta el mediodía para "recuperar" lo adeudado. Lo que termina pasando es que el reloj se desorienta y el lunes cuesta el doble. Por eso Mayo Clinic insiste en mantener horarios parejos tanto en días laborales como en los libres, para que los períodos de sueño y de vigilia queden bien regulados.

La luz como aliada, de mañana y de noche

Acá abajo, en la provincia, uno se cruza seguido con vecinos que se jactan de levantarse al alba y atribuyen el mérito a la disciplina. La disciplina ayuda, sí, pero la luz hace lo suyo y mucho. Lo que explica una revisión científica sobre ritmos circadianos es bastante claro: la exposición matinal tiende a adelantar el reloj interno, mientras que la luz del atardecer y de la noche lo retrasa. Traducido a la rutina doméstica, basta con abrir las cortinas al levantarse, buscar iluminación natural en lo posible y dejar que la claridad haga su parte. A la inversa, conviene atenuar las luces del living un rato antes de irse a dormir para no estar mandándole señales contradictorias al cerebro.

“La constancia al acostarse y levantarse ayuda a regular los períodos de sueño y de vigilia, y sostenerla los días libres evita grandes diferencias con la semana laboral.”Mayo Clinic

Yo suelo cruzar palabra con Adriana, que vive en el barrio de San Martín y todas las mañanas, llovizna o no, baja a la vereda antes de las seis con un termo bajo el brazo. Ella cuenta, con ese tono de quien lo probó todo, que lo único que le terminó funcionando fue un truco bastante aburrido: acostarse y levantarse a la misma hora, todos los días, durante semanas, hasta que el cuerpo dejó de protestar. Las siestas largas a media tarde, me dice, las fue dejando de a poco, y el café después de las cinco pasó al recuerdo. "No es magia -cuenta Adriana mientras acomoda la bufanda-, es aburrimiento puro, pero a la larga te ahorrás un montón de malhumor."

Ahora bien, si malgré sostener estos hábitos en forma sostenida, el cansancio diurno sigue siendo intenso, aparecen despertares frecuentes o cuesta muchísimo conciliar el sueño, el paso siguiente no es rendirse ni tomar otro café doble: conviene consultar a un profesional, que podrá evaluar si hay un trastorno del sueño de fondo o si hace falta ajustar la estrategia. Porque levantarse temprano puede ser un proyecto muy lindo, siempre y cuando la noche no termine pagando los platos rotos.

EA
Esteban AlvaradoSociedad y vida cotidiana

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